CRISIS DE PÁNICO: VIVIR CON MIEDOS


Se estima que al menos un 3% de la población se verá afectada por este problema en algún momento de su vida. Conozca más sobre esta enfermedad y sepa cómo reaccionar frente a ella.

Sudoración, latidos intensos, aceleración del pulso, frío o calor, sensación de ahogo o falta de aire, nauseas, malestar abdominal, mareos, inestabilidad, sensación de desmayo, hormigueo o adormecimiento de partes del cuerpo, angustia, miedo a morir y temor a perder el control o a enloquecer son algunos de los síntomas que sufren quienes padecen trastornos de pánico.

Suele aparecer entre la segunda y tercera década de la vida, aunque puede presentarse a cualquier edad, incluso en niños. Es más frecuente en mujeres y generalmente afecta a personas que también padecen de enfermedades del ánimo -como depresión o bipolaridad- u otros trastornos por ansiedad.

Juan Pablo Westphal, psicólogo de Clínica Santa María, explica que los trastornos de pánico son un período de intenso miedo o desagrado, en el cual se desarrollan abruptamente cuatro o más de los síntomas previamente descritos, alcanzando su máxima intensidad en un plazo de diez minutos.

Entre sus causas, se han identificado la relación con tres factores. El biológico corresponde a fallas en una parte del cerebro llamada Amígdala -centro regulador de los temores y de la ansiedad- que hace que varias zonas del circuito del miedo funcionen exageradamente. Aunque no es hereditaria, también existe una predisposición familiar a presentarla.

El segundo factor es el ambiental. La mayor parte de las personas que sufren esta patología han experimentado situaciones de vida relacionadas con pérdidas, abandono, separaciones u otros eventos significativos previos al inicio de los síntomas. Estos mismos antecedentes se pueden identificar en la infancia o adolescencia de las personas afectadas.

Por último está el factor psicológico, que hace que ciertas personas toleren con mayor dificultad situaciones en las que se ven amenazadas sus relaciones interpersonales importantes. “Suele existir el antecedente de un estilo familiar aprensivo y sobre protector. Por otra parte, presentar crisis de pánico produce gran inseguridad y dependencia, incluso en personas previamente muy bien adaptadas”, asegura el especialista.

“Asimismo, hay otros elementos que pueden desencadenar crisis de pánico, como el consumo de cocaína, marihuana, alcohol y cafeína en exceso, tabaco y pastillas para adelgazar. Igualmente, el síndrome de privación de alcohol, enfermedades físicas de la tiroides, bajas bruscas de la presión arterial o de la glicemia, asma bronquial, trastornos del ritmo cardíaco, ejercicio físico extenuante, trasnochar en exceso, situaciones de vida muy estresante y exceso de trabajo”, enfatiza el psicólogo.

– Tratamiento

Juan Pablo Westphal asegura que lo primero es aceptar que esta patología es un episodio real que requiere de un tratamiento especializado y conductas de autocuidado. “Generalmente les recomiendo que acudan a estrategias psicoterapéuticas, es decir, a una terapia cognitivo-conductual donde aprendan a establecer y mantener la confianza, a estar tranquilos, comprendan que sus sentimientos de miedo no son peligrosos y que, además, son pasajeros”.

Es bueno que sus cercanos le ayuden a construir una lista de situaciones que debe que evitar y que registre las emociones, pensamientos y comportamientos que provocan su crisis de angustia. Una vez hecho esto, puede aprender a manejar los síntomas a través de técnicas de relajación y de ejercicios de respiración que controlan la hiperventilación.

También se puede acudir a técnicas de exposición progresiva. “Por medio de imaginería se hace revivir una crisis para verbalizar todo lo que se siente, para que se acostumbre y sepa controlarla. Este método se utiliza hasta que la ansiedad disminuye en un 50%”, señala.

Para que el tratamiento integral funcione, la persona debe cumplirlo a cabalidad y, ojalá, se eduque a los miembros de la familia sobre la importancia de su actuación en futuras crisis.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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