Daltonismo y aprendizaje


Los niños que no diferencian determinados colores registran complicaciones para entender los libros de matemáticas

El daltonismo, una anomalía de la vista que provoca dificultad para distinguir ciertos colores, afecta al 8% de la población masculina. El principal síntoma es la confusión entre el rojo y el verde. Tanto si se tiene este problema desde el nacimiento, como si se desarrolla con el tiempo, es mucho más frecuente en el sexo masculino y, hasta la fecha, no se ha descubierto ningún tratamiento para corregirlo. El porcentaje de afectados es tan elevado, que debe tenerse en cuenta en diversos aspectos, como el educativo. Un estudio español ha puesto de manifiesto que es necesario adaptar los libros de matemáticas, ya que en ellos se mezclan de forma habitual los colores que implican dificultades para los daltónicos.

El 11% de los libros de texto de matemáticas no están adaptados a los niños daltónicos. Ésta es la principal conclusión de un estudio llevado a cabo en la Universidad Politécnica de Cataluña, que ha trabajado sobre 70 libros de enseñanza y ha entrevistado a profesores. Los escolares con esta anomalía visual no distinguen los colores empleados por la mayor parte de las editoriales ya que, a menudo, mezclan el rojo, el verde y el amarillo, colores que los daltónicos aprecian en una tonalidad similar al marrón pardo.

Como consecuencia de esta disfunción, un 8% de los escolares, el porcentaje de niños afectados, tendrá dificultades para comprender y resolver los problemas matemáticos. Esta situación puede causar una cierta confusión en los progenitores que, por lo general, acaban por concluir que su hijo “es un desastre en matemáticas”, ya que es incapaz de resolver ejercicios tan sencillos como sumar bolas de color rojo o verde.

El descubrimiento a edades tardías de que un pequeño padece esta alteración visual pone en evidencia el desconocimiento que hay tanto en el sector educativo como en la sociedad en general. Los investigadores proponen corregir los libros (ya han advertido de la situación a varias editoriales y algunas se han comprometido al cambio) con una variación en el código de colores o con la utilización de figuras geométricas para resolver los ejercicios.

Ceguera a los colores sin tratamiento
La mayor parte de los afectados de daltonismo crean un mundo de colores particular y sus propios trucos para no confundirlos
El daltonismo, en ocasiones conocido también como “ceguera a los colores”, está provocado por una alteración en los pigmentos de ciertas células de la retina llamadas conos. El principal síntoma es la confusión entre determinados colores, como el rojo y el verde. Tanto si se manifiesta desde el nacimiento como si se desarrolla con el tiempo, es más frecuente en varones y, hasta la fecha, no se ha constatado ningún tratamiento para corregirlo. No obstante, la mayoría de los afectados se adaptan al daltonismo sin dificultad.

El hecho de que esta anomalía en la percepción de los colores sea mucho más frecuente entre los hombres se debe a que se transmite genéticamente a través del cromosoma X, del cual los varones sólo tienen una copia. Las mujeres, con dos cromosomas X, están protegidas: un gen sano en uno de los cromosomas puede, en general, compensar uno defectuoso en el otro.

Esta incapacidad para distinguir los colores no tiene tratamiento en humanos. Hace un año, investigadores de Washington y Florida consiguieron curar por primera vez el daltonismo en monos con terapia génica. En un artículo publicado en “Nature”, los científicos desvelaron cómo transportaron los genes que corrigieron la condición a través de un virus “seguro”. La técnica ofrecía esperanzas no sólo para los daltónicos, sino para todas las condiciones que afectan a los conos.

Un mundo propio
El daltonismo puede desarrollarse de distintas formas. La más habitual comporta la confusión entre el verde y el rojo, pero también puede afectar a los tonos azules y amarillos. En los casos más graves, se pierde la capacidad de ver cualquier color. Esta patología se denomina acromatopsia, puesto que limita la visión al blanco y al negro, una enfermedad rara que afecta a un número muy reducido de personas.

La mayor parte de los afectados de daltonismo llevan una vida considerada normal porque crean un mundo de colores particular y sus propios trucos o ayudas para no confundirlos. Actividades tan habituales como conducir, ir de compras o conjuntar la ropa adquieren un nuevo significado. Sin embargo, no pueden llevar a cabo algunas tareas y profesiones, como la aviación o la navegación, por la necesidad de identificar los colores.

Son los progenitores los primeros que se dan cuenta de la dificultad que tienen sus hijos para aprender los colores, en ocasiones, al llamarles la atención las tonalidades curiosas que agregan a sus dibujos en el momento de colorear. Debido a la falta de tratamiento, son ellos mismos quienes deben enseñarles a convivir con esta condición. Es esencial acudir al oftalmólogo para que haga una valoración general del grado de daltonismo o para prevenir cualquier enfermedad subyacente.

También es recomendable que los profesores conozcan la situación para que adapten las exigencias escolares a las capacidades del pequeño y, de esta manera, pueda desarrollar sus propias estrategias para minimizar la confusión.

AFECCIONES DE LOS SENTIDOS

El daltonismo es una alteración en el sentido de la vista que no implica graves complicaciones en la vida cotidiana, aunque en los casos más graves pueda comportar ceguera total a los colores. Hay otras afecciones de los sentidos, más extrañas, cuyo origen radica en el cerebro. Todo lo que se ve, se huele o se saborea requiere el trabajo de millones de células nerviosas que envían mensajes al cerebro.

La anosmia es una pérdida o disminución del sentido del olfato, mientras que la ceguera del movimiento se detectó por primera vez en 1980, cuando una paciente acudió al Instituto Max Planck de Psiquiatría (Alemania) porque era incapaz de detectar el movimiento de los objetos a su alrededor o en sus propias manos. Esta afección en la visión estaba causada por una apoplejía que había dañado las áreas específicas del cerebro encargadas de llevar a cabo su función.

Por último, la ageusia provoca una reducción o pérdida del sentido del gusto y el síndrome de Riley-Day supone la ausencia de la sensación de dolor, aunque se preserva el sentido del tacto. Las personas con este síndrome pueden sufrir graves heridas, quemaduras o roturas de los miembros casi sin darse cuenta.

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Categoría: Oftalmología.




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