Donación de órganos para trasplante


¿Por qué son necesarios los trasplantes y la donación de órganos?
La necesidad de llevar a cabo un trasplante nace de la existencia de pacientes, con un deterioro irreversible de determinados órganos, a los que les espera la muerte a corto plazo. El corazón se encarga de bombear la sangre, los pulmones proceden a su oxigenación, el hígado y el riñón la depuran. Al mismo tiempo sintetizan algunas hormonas. Su deterioro irreversible puede en ocasiones tener tratamiento, la diálisis en la insuficiencia renal, pero en la mayoría la muerte está al final del proceso.

Durante los años ochenta se produce una gran proliferación de centros de trasplante de órganos sólidos, gracias a los avances tecnológicos, quirúrgicos y al desarrollo de drogas antirrechazo más eficaces que las previamente utilizadas. Se llega a conseguir un porcentaje de éxitos y una supervivencia que nadie podía imaginar años antes.

Dado que los órganos que se necesitan no pueden fabricarse y que su obtención a partir de animales preparados (xenotrasplante) todavía está en fase experimental, no queda más remedio que recurrir a la solidaridad de la sociedad. La muerte de una persona en determinadas circunstancias puede contribuir a devolver la vida a otras, pero es preciso no olvidar que la muerte conlleva una serie de implicaciones sociales, emocionales, religiosas e incluso filosóficas que exigen una extraordinaria sensibilidad en todo el proceso de donación de órganos.

¿Son muchas las personas que están pendientes de un trasplante?
En el mundo de los trasplantes los avances científicos y tecnológicos producidos en la pasada década han llevado a que los elevados porcentajes de éxito dejen de ser actualidad y, aunque se investigue en numerosos campos, el interés se centre, tanto desde el punto de vista social como sanitario, en cómo resolver el problema de la falta de órganos. La demanda supera a la oferta y muchos pacientes fallecen esperando el trasplante. La tasa de mortalidad en pacientes que esperan un hígado, corazón o pulmón varían entre un 7% y un 8%, lo cual supone que más de 400 enfermos europeos no recibirán el hígado que esperan y que otros tantos fallecerán esperando un trasplante cardiaco. En Estados Unidos sucede lo mismo con más de 35.000 pacientes pendientes de trasplante, especialmente de trasplante renal.

Pese al importante incremento mundial en la actividad trasplantadora, las listas de espera han aumentado considerablemente. En este sentido España es un país privilegiado puesto que gracias a la gran colaboración de la sociedad se ha podido disminuir algo la lista de espera en los últimos años, especialmente en el transplante de riñón, órgano del que existe más demanda, siendo la espera para el trasplante de hígado y de corazón mucho menor.

No obstante, la necesidad de obtener más órganos obliga a tomar medidas como:

?Realizar importantes campañas publicitarias.
?Reforzar la captación de posibles donantes en todos los hospitales.
?Aumentar la edad de los posibles donantes: hoy no es excepcional ver como donan sus órganos personas de más de 75 años.
?Utilizar un órgano para trasplantar a dos personas: esto es posible en el trasplante hepático: técnica “split liver” o partición hepática.
?Introducir la técnica del trasplante con injerto procedente de donante vivo, posible en el riñón por ser órgano doble o en el hígado del cual es posible donar los segmentos II y III que suponen el 25% de su volumen. Estas técnicas son indispensables en países donde no se admite la donación de cadáver.

¿Quién puede ser donante de órganos para trasplante?
La ONT (Organización Nacional de Trasplantes), nos recuerda que en España la donación y el trasplante están regulados por ley, asegurando el altruismo de la donación y el acceso equitativo al trasplante. La legislación española es una de las más avanzadas del mundo porque expresa, en relación al donante cadáver, que todos los ciudadanos españoles son donantes potenciales a no ser que en vida hayan expuesto su opinión contraria al respecto (Ley de 27-10-1979, número 30/1979, sobre extracción y trasplante de órganos).

La ley citada y su posterior desarrollo en el Real Decreto 426/1980 derogado por el 2070/1999 de 30 de Diciembre que regula las actividades de obtención y utilización clínica de órganos humanos y la coordinación territorial en materia de donación y trasplante de órganos y tejidos, se basan en criterios de gratuidad, legitimidad (acreditación de centros para realizar actividad trasplantadora) y confidencialidad. Pese a las amplias posibilidades que supone la legislación, tan solo en torno al 1% de los fallecidos es un donante potencial. Es preciso que en el entorno de la muerte concurran una serie de circunstancias favorables que no son fáciles de conjuntar.

Existen dos tipos de donantes:

?Donante vivo: por lo general suele ser un familiar del enfermo que precisa el trasplante y sólo podrá donar órganos o tejidos no vitales como pueden ser el riñón (al ser un órgano doble), los segmentos II y III del hígado o la médula ósea. El donante vivo debe reunir las siguientes condiciones:
?Ser mayor de edad.
?Estar en plenas facultades mentales y haber sido informado de las consecuencias de su decisión.
?Haber firmado su autorización de forma libre y consciente ante una autoridad pública.
?Conocer el destino expreso del órgano extraído.
?Donante cadáver: se considera como tal a aquella persona difunta de la que se pretende extraer órganos en la que se ha constatado el cese irreversible de las funciones encefálicas (muerte cerebral), lo cual supone el 99% de las donaciones, o el cese irreversible de las funciones cardiorrespiratorias (donantes a corazón parado) lo cual tan solo es el 1% de las donaciones.

Muerte cerebral y muerte por parada cardiorrespiratoria
Se dice que una persona está muerta cuando ha sufrido un cese irreversible de las funciones respiratorias y cardiocirculatorias o el cese irreversible de todas las funciones cerebrales, incluyendo el tronco cerebral. Se distinguen, por tanto, dos tipos de muerte, la muerte cerebral y la muerte por parada cardiorespiratoria.

La Medicina da el nombre de muerte cerebral o encefálica a aquellos casos en que el cerebro ha perdido irreversiblemente sus funciones. Un tanto por ciento elevado de las muertes lo son por muerte cerebral y una que vez que ésta se produce no tiene sentido continuar las maniobras de reanimación o mantener a la persona artificialmente puesto que su función cardiorespiratoria tan solo persistirá unas horas. Es en este periodo de tiempo cuando debe procederse a la extracción de los órganos intentando su obtención en las mejores condiciones posibles. La normativa legal viene reflejada en la Ley 30/1979 y Real Decreto 2070/1999 y exige:

?El diagnóstico de muerte cerebral se realizará por 3 médicos ajenos a los programas de extracción y trasplante de órganos (neurocirujano o neurólogo, intensivista y otro médico que suele ser quien realiza las pruebas de imagen).
?En los casos de coma de causa conocida e irreversible, estos médicos procederán a una exploración clínica, complementada si es preciso por un electroencefalograma o por pruebas de imagen como la arteriografía o la gammagrafía cerebrales para confirmar la muerte encefálica.
?En casos de hipotermia (
?En casos de muerte accidental con investigación judicial abierta será preceptiva la firma del juez antes de la extracción.

Los hallazgos fundamentales de la exploración neurológica para diagnosticar la muerte cerebral son la presencia de un coma arreactivo sin ningún tipo de respuesta al dolor, la ausencia de reflejos oculares (fotomotor, corneal, oculoencefálicos, oculovestibulares, nauseoso y de la tos), y la presencia de apnea (no existen movimientos respiratorios cuando se desconecta el paciente del respirador).

La muerte por parada cardiorrespiratoria se basará en la demostración inequívoca de ausencia de latido cardiaco (pulso indetectable, electrocardiograma plano) y ausencia de respiración espontánea, al menos durante 5 minutos. La irreversibilidad de esta situación la marca la no recuperación tras un periodo adecuado de maniobras de reanimación cardiopulmonar avanzada. En estos casos el equipo extractor de órganos solo podrá actuar cuando el equipo médico reanimador haya dejado constancia escrita de la muerte del paciente.

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Categoría: Preguntas y Respuestas.




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