El reto de la obesidad infantil


El aumento de niños obesos en los países desarrollados obliga a las autoridades sanitarias a tomar medidas preventivas en distintos ámbitos

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad adquiere datos de epidemia mientras millones de personas fallecen por falta de comida alrededor de todo el mundo. La prevalencia del sobrepeso y la obesidad está aumentando, sobre todo, en la población infantil, que es la que registra los índices más altos hasta ahora conocidos. La mayor preocupación derivada del aumento de casos reside en sus consecuencias en la salud a corto y largo plazo. Pese a que existen pocas evidencias sobre los efectos beneficiosos de los programas de prevención y tratamiento, los expertos destacan la educación de padres y niños como pilar indispensable para luchar contra esta enfermedad

El 16% de la población entre 6 y 19 años sufren sobrepeso y entre el 5% y el 10% de los niños en edad escolar son obesos, proporción que aumenta en los adolescentes hasta el 20%, según revelan investigaciones recientes realizadas en distintos países. Las consecuencias son numerosas ya que puede provocar desde problemas psicosociales de los menores hasta enfermedades crónicas en la madurez como diabetes, hipertensión arterial, algunas formas de cáncer y enfermedad cardiovascular. El National Institute of Environmental Health Sciences sugiere, además, que los nuevos casos de asma son hasta dos veces más probables en niños con sobrepeso. Por todo ello, prevenir la obesidad desde la infancia a través de una alimentación saludable y de la práctica de actividad física con regularidad es fundamental porque un niño obeso será probablemente un adulto obeso.

Datos de peso
Muchas veces, los términos obesidad y sobrepeso se utilizan de forma errónea como sinónimos, aunque no lo son. La evidencia científica sugiere que la obesidad es de origen multifactorial (genético, ambiental y psicológico) y un trastorno metabólico que lleva a una excesiva reserva de energía en forma de grasa en relación a valores predeterminados y relacionados con las variables de edad, talla y sexo. El sobrepeso, sin embargo, indica un peso corporal mayor relacionado con estas variables. Pero la diferencia entre obesidad y sobrepeso es difícil de precisar porque, a menudo, los niños obesos presentan un aumento de masa libre de grasa.

En la práctica diaria, se utiliza para el diagnóstico el índice de masa corporal (IMC) y el tamaño de la cintura, aunque ambas medidas son imprecisas por que no permiten distinguir entre masa grasa y masa libre de grasa. Por esta razón, para un diagnóstico certero hay que evaluar la grasa corporal mediante absorciometría radiológica (DXA, en sus siglas inglesas), que exige la exposición a radiación ionizante; la pletismografía por desplazamiento de aire mediante sistema bod-tod (analizando el aire que desplaza el volumen corporal del niño se obtiene el porcentaje de masa grasa con mucha exactitud), y la impedanciometría (que diferencia la masa grasa por sectores, la masa muscular y el contenido de agua).

La obesidad infantil puede provocar problemas psicosociales en los niños y enfermedades crónicas en la madurez
Un nuevo estudio, coordinado por Marilyn J. Siegel de la Washington University School of Medicine, en Saint Louis, Missouri (EE.UU.), demuestra que la imagen por resonancia magnética es una forma rápida y confiable de medir el volumen de grasa corporal oculto en el abdomen, la grasa visceral. A diferencia de la que existe bajo la pared del abdomen y que forma pliegues en la piel, la grasa visceral, que es la que rodea a los órganos internos, es más dañina y tiene mayores repercusiones en la salud.

Prevenir y tratar
La prevención de la obesidad es una prioridad de la salud pública internacional. Las estrategias existentes pueden cambiar la conducta, pero su eficacia para la prevención es escasa. Una revisión de La Biblioteca Cochrane Plus, que incluyó 22 ensayos que evaluaban una diversidad de programas de prevención como incremento de la actividad física y cambios alimentarios, solos o en combinación, revelaba que no hay suficiente evidencia científica para afirmar que cualquier programa en particular puede prevenir la obesidad en los niños. Sin embargo, los revisores añadían que estrategias exhaustivas para emprender un cambio en la dieta y la actividad física y apoyo psicosocial pueden ayudar.

Asociado a investigaciones sobre el tratamiento de la obesidad infantil, de por sí difícil y a menudo refractario, existen programas de cambio de estilo de vida para ayudar a padres y a niños a controlar su peso. En otra revisión de La Biblioteca Cochrane Plus se constató que la mayoría de los estudios analizaban pocos datos sobre los efectos de los programas. La conclusión a la que llegó el grupo de revisión es que no pueden establecerse conclusiones confiables y que se requieren más investigaciones que consideren el factor psicosocial en el cambio de conducta, herramientas para la mejora de la interacción del binomio médico-familia y programas efectivos con relación a los costos para la atención primaria y comunitaria.

Pubertad anticipada
Un nuevo estudio realizado en EEUU revela que la obesidad infantil puede acelerar la pubertad en las niñas. La investigación, realizada sobre una población de 354 niñas y publicada este mes de marzo en “Pediatrics”, constata un incremento de la grasa corporal en niñas de tres años y un aumento considerable entre los tres y los nueve años asociados con la pubertad precoz. Según la coordinadora del estudio, Joyce Lee, endocrinóloga pediátrica de la Universidad de Michigan (EE.UU.), el desarrollo de los senos a los nueve años está asociado al aumento de peso a una edad temprana aunque aún no se han identificado las causas.

Del total de niñas evaluadas 168 de las niñas fueron clasificadas como púberes a los 9 años y 24 de ellas tuvieron su primer período menstrual dos años después. Según la experta, las niñas estadounidenses están llegando a la pubertad a una edad menor que hace 30 años y este avance se asocia a un paquete de consecuencias adversas: desórdenes psiquiátricos y alteraciones psicosociales, consumo más temprano de alcohol, relaciones sexuales precoces y embarazo no deseado, y mayor tasa de obesidad adulta y de cáncer ginecológico.

CON EDUCACIÓN

– Los expertos están de acuerdo: nunca es tarde para aprender sobre alimentación sana y equilibrada y ejercicio adecuado. Y no sólo los expertos: de un tiempo a esta parte entidades públicas y privadas han decidido entrar de lleno en la prevención de la obesidad infantil con iniciativas orientadas tanto a educadores como a padres y a los propios afectados.
El objetivo de todas ellas es lograr beneficios a largo plazo, tanto para el niño como para la familia, ya que el cambio en los hábitos es mucho más fácil en edades tempranas que en la edad adulta. Y para ello, los especialistas consideran esencial trabajar en la prevención de la obesidad concienciando a pediatras, enfermeras, educadores y padres de la importancia de la educación nutricional de los niños. De la misma manera, los centros escolares deben animar a seguir una correcta alimentación y una actividad física adecuada para prevenir la obesidad.

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Categoría: Pediatría.




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