Enfermedades y vejez: No siempre es culpa de la edad


Hay cambios que son parte del deterioro normal, pero no deben confundirse con enfermedades propias de la vejez que requieren observación y tratamiento.

Se pueden olvidar nombres o direcciones, pero no encontrar palabras para expresarse puede indicar Alzheimer. Además de esta patología, en la tercera edad también se producen alteraciones digestivas, inmunológicas y en la piel, entre otras. El doctor Marcelo Blacutt, geriatra de Clínica Alemana, aclara qué es parte de un deterioro esperable y qué es patológico.

¿De qué estaba hablando?
Al envejecer es normal olvidar algunas cosas o que cueste retener información nueva, como números de teléfono, direcciones o nombres. Sin embargo, si a esta pérdida de memoria se suman desorientación, trastornos del habla y cambios en la personalidad, podría ser señal de demencia.

Hay que estar alerta a ciertos signos de demencia senil, como:

Desorientación: La persona se olvida de dónde está, dónde vive o qué día es. Incluso, puede confundirse con décadas pasadas. También puede olvidar o confundir los nombres de personas cercanas.
– Olvidar cosas sin importancia, pero con mayor frecuencia que lo normal.
– Dificultad para realizar lo que antes era cotidiano, pero que ahora puede ser muy complicado, como cocinar, hacer manualidades, manejar, etc.

Trastornos del habla: Se refiere a no encontrar las palabras para expresarse, repetir cosas y perder la continuidad de una conversación.

– Cambios en la personalidad: Al olvidarse de su cotidianidad, pierden interés en lo que antes los mantenía activos y entretenidos. Esto puede llevarlos a aislarse y derivar en cambios de humor y depresión.

Estas características también son parte del Alzheimer, enfermedad cognitiva que empieza por afectar las partes del cerebro que controlan la memoria y el lenguaje, por lo que los pacientes suelen no retener información reciente.
Para evitar o retrasar cualquier trastorno cognitivo es necesario ejercitar la memoria. La estimulación cognitiva busca retardar cualquier deterioro mediante ejercicios que la potencien, estimulando la orientación y el lenguaje, y desarrollando acciones para fortalecer las actividades cotidianas. Por ejemplo, mejorar las redes sociales y realizar actividades intelectuales, como leer, hacer crucigramas, jugar naipes y construir puzzles.

Ya no quiero comer más
“Es habitual escuchar que los mayores quedan rápidamente satisfechos. La explicación fisiológica es que el vaciamiento gástrico es más lento y da mayor sensación de saciedad”, dice el doctor Marcelo Blacutt, geriatra de Clínica Alemana.

Además, con los años, el tubo digestivo tiene menos capacidad de producir lactasa, enzima imprescindible para digerir productos lácteos. Esto lleva a que tengan mayor intolerancia a la lactosa y sufran trastornos digestivos como meteorismo o diarrea si consumen lácteos.

También disminuyen los movimientos peristálticos de los intestinos, esófago y estómago. Por esto, se reduce el metabolismo de ciertos nutrientes, la digestión se hace más lenta y disminuye la frecuencia en las deposiciones.

Todo esto afecta, además, la boca, produciendo mayor tendencia a desarrollar caries, deteriorando las encías y la calidad de los dientes, y reduciendo la capacidad de sentir el gusto de los alimentos.

¿Cómo no llegar a esto? Llevando un estilo de vida sano, con un régimen adecuado y realizando actividad física regularmente.

Estoy con las defensas muy bajas
Con el envejecimiento, el sistema inmunológico se hace menos efectivo. Esto no es percibido hasta que una simple infección muestra signos de mayor gravedad que en un cuerpo joven. Una explicación de esto es que, con el tiempo, el sistema inmune pierde la capacidad de reconocer sus propias células y se da una mayor respuesta autoinmune combatiendo sus propias células.

El doctor Blacutt agrega que “otra observación demostrada es que las vacunas, dada la lentitud de respuesta inmune, podrían ser menos efectivas. Sin embargo, uno de los beneficios de tener alteradas las defensas en el envejecimiento es que las reacciones alérgicas en los adultos mayores son menos graves”.

Escaras y algo más
Con los años, la piel sufre cambios fisiológicos y daños por exposición. Ambos son malos aliados en el envejecimiento. Por ejemplo, se ha demostrado que las personas que han tenido menos exposición al sol en su juventud, con los años luce más joven que su edad fisiológica.

Otro fenómeno natural es el adelgazamiento de la capa grasa por la disminución de la función de las glándulas sebáceas, lo que favorece la mayor sensación de frío que tienen y la predisposición a heridas con mínimos roces. La razón está en que la capa grasa que brinda mayor elasticidad y protección a la piel tiende a desaparecer y es reemplazada por tejido más fibroso.

Asimismo, las terminaciones nerviosas en la piel disminuyen, principalmente, en las extremidades inferiores, predisponiendo a una menor sensibilidad al dolor y mayor posibilidad de tener heridas, como las temidas escaras, lesiones donde la piel y el tejido subyacente presentan daño localizado.

Las escaras aparecen en quienes están mucho tiempo acostados o sentados en una misma posición. No sólo requieren cuidados para evitar una infección sino también porque pueden ser dolorosas según el grado de compromiso de los tejidos afectados, ya que van desde una mancha superficial hasta pérdida de las capas superiores de la piel y necrosis (muerte del tejido).

Principales problemas en la piel de los adultos mayores:
– Sequedad: produce picazón en zonas de roce como la espalda y las pantorrillas.
– Aumento de la grasa en la zona central de la cara, principalmente en hombres.
– Aparición de manchas de color café llamadas “léntigos” y otras café casposas o “queratosis seborreicas”, producto de los años y del sol acumulado.
– Heridas o erosiones por la disminución de los factores cicatrisales y de la baja de sensibilidad.
– Aparición fácil de moretones por fragilidad capilar superficial de la

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Categoría: Tercera Edad.




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