Fenilcetonuria y Fenilalaninemia


¿Qué es la fenilcetonuria?
La fenilcetonuria es una enfermedad perteneciente al grupo de las anomalías congénitas del metabolismo de los aminoácidos. En concreto, la fenilcetonuria es una alteración genética en la que está alterado el metabolismo de un aminoácido llamado fenilalanina. La consecuencia de esta anomalía es la acumulación excesiva de esta sustancia que con frecuencia produce retraso mental.

La herencia de esta enfermedad es autosómica recesiva, es decir, para que un niño resulte afectado se necesita que herede un gen defectuoso de cada uno de sus progenitores. Este defecto metabólico se presenta en uno de cada 16000 nacidos vivos, afecta por igual a ambos sexos y es infrecuente en personas de raza negra.

¿Cómo se produce la fenilcetonuria?
En condiciones normales el aminoácido fenilalanina se convierte en tirosina por acción de una enzima llamada fenilalanina-hidroxilasa. Esta reacción química requiere oxígeno y un cofactor llamado tetrahidrobiopterina. Esta enzima se encuentra normalmente en el hígado y los riñones. En la fenilcetonuria existe una ausencia casi total de la actividad de esta enzima. Como consecuencia de ello se acumula en la sangre un exceso de fenilalanina y se elimina intacta por la orina. Una cierta proporción se convierte en otros compuestos como ácido fenilpirúvico, fenilacético, feniláctico e hidroxifenilacético, sustancias que se eliminan en la orina.

Existen otras anomalías en las que la actividad de la fenilalanina-hidroxilasa se encuentra reducida pero no de forma tan marcada como en la fenilcetonuria clásica. Son las llamadas formas leves y graves de fenilalaninemia. La forma de diferenciar unos trastornos de otros es mediante la medición de los niveles de fenilalanina en la sangre.

También se conoce otra variante de la fenilcetonuria que no se debe a una deficiencia de actividad de la hidroxilasa, sino a una deficiencia del cofactor antes mencionado, la tetrahidrobiopterina. El defecto de este factor se produce, a su vez, por la deficiente actividad de la enzima dihidrobiopterina reductasa.

¿Cuándo sospechar una fenilcetonuria?
La deficiencia enzimática de la fenilcetonuria produce deficiencia de aminoácidos requeridos para la síntesis de proteínas, alteración en la síntesis de mielina, formación anómala de ribosomas e inadecuada formación de neurotransmisores cerebrales.

Los recién nacidos con este trastorno aparentan estar sanos y pueden no tener ningún síntoma o presentar sólo síntomas poco específicos como rechazo del alimento. La fenilalanina en exceso reduce la síntesis de melanina, un pigmento cutáneo, por lo que los niños afectados suelen tener el cabello, la piel y los ojos algo más claros que sus hermanos. Algunos lactantes pueden presentar eccema cutáneo.

El síntoma más importante de la fenilcetonuria no tratada es el retraso en la maduración y desarrollo. El niño va perdiendo progresivamente interés por lo que le rodea y, a medida que pasan los meses, son evidentes los signos de afectación progresiva de la función cerebral que conduce a un retraso mental, generalmente intenso. Los niños pueden ser irritables y agresivos. Se producen también síntomas neurológicos como convulsiones, hiperactividad y psicosis. Las alteraciones en el electroencefalograma son muy frecuentes.

El ácido fenilacético que se elimina en la orina y el sudor da lugar a un olor mohoso característico.

Afortunadamente el pronóstico es excelente cuando se detecta a tiempo el defecto metabólico. Los niños en los que la enfermedad se detecta en el momento del nacimiento y son correctamente tratados no presentan ninguno de estos síntomas.

¿Cómo se confirma esta alteración del metabolismo?
Como no suele haber síntomas en el periodo neonatal es preciso realizar el diagnóstico mediante la demostración de niveles elevados de fenilalanina en la sangre del niño. Normalmente los pacientes con fenilcetonuria presentan unos niveles de fenilalanina en sangre superiores a 20 mg/dl. La fenilalaninemia cursa con niveles de fenilalanina inferiores a los de la fenilcetonuria clásica.

El diagnóstico de certeza requiere el análisis de la actividad de la fenilalanina hidroxilasa en el hígado. En los casos de fenilcetonuria clásica esta actividad es prácticamente nula, mientras que en los casos de fenilalaninemia puede haber una actividad entre un 5 y un 15% de lo normal.

¿Cómo se solucionan la fenilcetonuria y la fenilalaninemia?
La solución para la fenilcetonuria y la fenilalaninemia consiste en mantener una ingestión controlada de fenilalanina y suplementada de tirosina. Como la fenilalanina es un aminoácido esencial el organismo no puede fabricarlo y necesitamos ingerirlo con los alimentos. Los niños con fenilcetonuria deben ser tratados de forma que cubran sus necesidades de este aminoácido sin que ingieran una cantidad excesiva que se acumule y de lugar a un exceso de metabolitos que origine los síntomas que hemos mencionado antes. Las necesidades van cambiando a lo largo de la vida y requieren ajustes frecuentes, sobre todo en la primera infancia. De esta forma se persigue obtener un crecimiento y desarrollo normales.

Las proteínas de la dieta contienen aproximadamente un 4% de fenilalanina, por lo que es difícil cubrir las necesidades proteicas del niño sin superar el límite de la cantidad permitida de fenilalanina. Este aminoácido se encuentra en cantidad abundante en alimentos comunes como la leche y los huevos y en algunos edulcorantes que contienen aspartamo.

Pueden emplearse mezclas de aminoácidos o hidrolizados de caseína tratados para eliminar la fenilalanina. Existen preparados comerciales que pueden sustituir a la leche y que son alimentos muy completos con la excepción de su contenido en fenilalanina. Pueden tomarse alimentos naturales pobres en proteínas, tales como frutas, verduras y algunos cereales.

Es necesario controlar los niveles plasmáticos de fenilalanina del niño de forma regular y continuada. Generalmente se persigue mantener unos niveles entre 3 y 6 mg/dl.

¿Qué complicaciones puede tener esta enfermedad?
Es fundamental que el tratamiento comience durante los primeros días de la vida del niño para evitar el retraso mental. Si el tratamiento es correcto se produce un desarrollo normal y se evita la afectación del sistema nervioso central. Cuando el tratamiento comienza a los 2 ó 3 años de vida el tratamiento no tiene el mismo resultado.

Aunque en algunos casos se ha considerado que el tratamiento puede interrumpirse después de que se ha completado la maduración del sistema nervioso central, existen datos que sugieren que la suspensión de la terapia da lugar a alteraciones de la conducta y problemas de aprendizaje. Por lo tanto, hoy en día se recomienda que el tratamiento dietético se mantenga de forma ininterrumpida.

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Categoría: Glosario Médico.




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