Fiebre Tifoidea


¿Qué es la fiebre tifoidea?
La fiebre tifoidea es una enfermedad infecciosa rara también llamada Fiebre Entérica. El organismo causante es la bacteria Salmonella typhi, también conocida como bacilo de Eberth.

La produce Salmonella typhi. El signo más precoz es la fiebre. Aparte, causa cefalea, leucopenia, dolor abdominal, esplenomegalia y bradicardia relativa. Puede haber un exantema típico (roséola tifoidea) y alteraciones del nivel de conciencia. En el 5%, se perfora el intestino. Diagnóstico: hemocultivos en las dos primeras semanas, o coprocultivo en la 3ª (las pruebas serológicas son poco útiles). Tratamiento: quinolonas o cefalosporinas.

Modo de transmisión de la enfermedad
Aunque existen otras especies de Salmonella que producen infecciones entéricas similares en animales domésticos, la Salmonella typhi infecta únicamente a los humanos. Es capaz de vivir en el interior de los cálculos biliares, llegando a través de la bilis al intestino, donde provoca lesiones específicas en los folículos y en las Placas de Peyer. Posteriormente es expulsada del organismo con las heces y la orina, pudiendo así contaminar el agua y los alimentos, esta contaminación de los alimentos puede favorecerse por el transporte por medio de moscas.

En consecuencia la vía principal de transmisión de esta infección es la llamada fecal-oral.

Epidemiología
La fiebre tifoidea sigue siendo un importante problema de salud, la OMS (Organización Mundial de la Salud) considera que en todo el mundo se producen unos 16 millones de casos de fiebre tifoidea cada año además de muchas infecciones subclínicas que no se detectan. Esto es causa de bastante mortalidad.

Respecto a la distribución geográfica puede existir en cualquier parte del mundo aunque es rara en países industrializados y más frecuente en países en vías de desarrollo con malas condiciones sanitarias.

Una Epidemia es la aparición de una enfermedad simultáneamente en un gran número de personas de la misma región o localidad, y en un tiempo relativamente próximo. Cuando la enfermedad persiste y es recurrente durante años en la misma región o localidad se habla de Endemia. En las áreas endémicas de la Salmonella typhi existen individuos portadores crónicos de la bacteria, estos individuos no padecen la enfermedad pero excretan la bacteria con los excrementos. También se producen epidemias importantes debidas muchas veces a la contaminación de agua.

Se consideran áreas de alta endemicidad para la Salmonella typhi principalmente Asia y Africa. Estas áreas tiene una incidencia de hasta 500-1000 casos al año, siendo la mortalidad superior en Asia. Son áreas de endemicidad intermedia América Central y del Sur. Entre las zonas de baja endemicidad se encuentran Europa, Norteamérica, Australia, Nueva Zelanda y Japón, dentro de Europa la incidencia es algo mayor en Europa del Este y del Sur que en el resto.

Respecto a la edad, por lo general se admite que la inmunidad adquirida explica la incidencia reducida en los adultos que viven en áreas endémicas. La enfermedad es más frecuente en niños mayores y adolescentes que en lactantes y preescolares, los niños mayores de 5 años se ven en su mayoría afectados, y también se observan tasas de incidencia relativamente elevadas en los adultos jóvenes.

Se consideran personas con riesgo de padecer la enfermedad:

• Viajeros a países endémicos
• Militares destinados a zonas de riesgo.
• Niños y jóvenes adultos que viven en áreas endémicas
• Manipuladores de alimentos
• Familiares y contactos de los portadores crónicos
• Personal sanitario de laboratorios de microbiología
• Técnicos en microbiología

Manifestaciones clínicas
Esta infección da lugar a una enfermedad sistémica con diversos grados de severidad. El cuadro clínico consiste en ciclos de fiebre muy alta junto con manifestaciones neurológicas y digestivas que se acompaña de una erupción cutánea característica.

Los casos graves producen un aumento de fiebre gradual acompañado de malestar general, dolor de cabeza, anorexia e insomnio. En adultos y niños mayores el estreñimiento es más frecuente que la diarrea.

Si no se aplica tratamiento la infección progresa a bradicardia, hepatoesplenomegalia, síntomas abdominales y, en algunos casos, neumonía.
En la mitad de los casos en el tronco aparece una erupción con pápulas rosadas que palidecen a la presión.

En la tercera semana se desarrollan complicaciones gastrointestinales pudiéndose llegar a la muerte. Entre un 2 y un 5% de las personas que padecen la infección se convierten en portadores crónicos permaneciendo la bacteria en el tracto digestivo y biliar de estos individuos.

Diagnóstico
El cuadro clínico es fundamental para el diagnóstico de sospecha pero el diagnóstico debe confirmarse identificando el crecimiento de las bacterias en cultivos de sangre, orina, heces u otros tejidos corporales.

Tratamiento
El tratamiento se realiza con antibióticos del tipo de cloranfenicol, aunque cada vez se desarrollan más resistencias, y cefalosporinas.

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Categoría: Glosario Médico.




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