Gabriel Molina: Un sobreviviente del Hanta


Hace ocho años, este joven estuvo al borde de la muerte por contraer virus hanta durante una actividad de su grupo de scout.

Era la primera quincena del verano de 2001, tenía 13 años y junto a su hermano y a otros 78 menores asistía al tan esperado campamento anual, que ese año se realizó en Purranque, Osorno. En el lugar, como es habitual, armaron sus cubiles, especies de guaridas de ramas y barro donde realizan sus reuniones secretas. Fue él quien acarreó varias ramas y ayudó a construir el escondite, sin imaginar que de esa forma podría contagiarse de hanta. En ese tiempo, poco se hablaba de la enfermedad.

Días después de finalizar el campamento, Gabriel viajó con su familia de vacaciones a Argentina por tierra. En el viaje, pasaron a Purranque a visitar el lugar donde los dos hijos del matrimonio Molina Achurra habían estado acampando. Rosario, su madre, recuerda que al entrar al cubil se tapó instintivamente la boca con un sweater y dijo “aquí hay hanta”. Nunca pensó que su comentario se haría realidad.

“En San Martín de los Andes yo lo notaba decaído, pero de regreso en Villarrica se empezó a sentir cada vez más mal, con fiebre alta y dolor de cabeza. Al principio pensé que era un resfrío y llamé a mi pediatra a Santiago. Él me pidió que le tomara unos exámenes de sangre, los que salieron negativos”, cuenta Rosario.

Lo peor vendría unas horas después cuando Gabriel comenzó con problemas de respiración. “Se desesperaba y golpeaba el pecho, le faltaba el aire. Ahí decidimos llevarlo a Temuco. La situación era cada vez más dramática, Gabriel volaba en fiebre, caía a ratos inconsciente y, cuando despertaba, se daba cuenta de lo mal que estaba y pedía que lo lleváramos a Santiago”, recuerda su madre.

En Temuco lo intubaron para recibir ventilación mecánica y a la mañana siguiente fue trasladado de urgencia a Santiago en un avión-ambulancia. “Estábamos destruidos, angustiadísimos. Lo llevamos a la Clínica Alemana porque nos dijeron que ahí habían tratado ya varios casos de hanta, que tenían experiencia”, relata.
En Clínica Alemana fue recibido por los doctores Mario Cerda, Raúl Corrales y Pablo Vial y quedó internado en la UCI Pediátrica. Fueron 23 largos días que para el matrimonio Molina Achurra se hicieron eternos.

-Fue una experiencia terrible, ver a tu hijo entre la vida y la muerte es demoledor, se siente una pena visceral. Además, repuntaba y después caía de nuevo. Vivimos con mi marido todo ese tiempo en la clínica, el mundo afuera nos daba lo mismo, estábamos concentrados en Gabriel, en su recuperación. Toda la familia, abuelos, hermanos, primos, amigos… lo vivieron intensamente.

¿Por qué cree que se salvó?
-Aparte de un muy buen equipo médico, que estuvo ahí en los momentos precisos, hubo una fe increíble, todo el mundo rezó por él.

Gabriel, ¿qué recuerdas de esos días?
-Muy poco, sólo que cuando desperté en Santiago no entendía nada, estaba súper flaco, no me podía ni parar, no me sostenía en pie. Había perdido toda la musculatura, estaba muy débil. Cuando empecé a investigar y a leer qué era el hanta, me di cuenta de que había gente que se moría de esto, que la probabilidad de sobreviviencia era del 50%. Ahí recién empecé a tomar conciencia.

¿Cuánto tiempo después te reintegraste al movimiento?
-Un mes después. Nunca me cuestioné seguir en scout, tenía claro que esto me había podido pasar yendo o no a campamento. En todo caso, marcó un hito porque a partir de ese momento las medidas se extremaron en las actividades al aire libre. Creo que las cosas pasan por algo, fue mala suerte, una prueba, pero salí adelante.

El Síndrome Pulmonar por Virus Hanta es una enfermedad infrecuente, con alta mortalidad, cuyos síntomas son muy parecidos a un cuadro gripal: fiebre, dolores musculares intensos, tos, dificultad respiratoria, vómitos y dolor abdominal. Estos síntomas evolucionan rápidamente a una falla respiratoria severa.

¿Cómo se puede prevenir la enfermedad por Virus Hanta?
– La principal medida es mantener alejados a los ratones del interior de la casa y sus alrededores.
– Guardar todos los alimentos en envases bien cerrados.
– No dejar la loza ni utensilios de cocina sucios sobre el lavaplatos. Lavar y guardar inmediatamente.
– Limpiar periódicamente pisos y superficies de la cocina con solución desinfectante.
– Eliminar la basura en recipientes con tapa.
– Mantener el patio limpio de malezas y desperdicios. Y la comida de perros o gatos en recipientes tapados.
– Antes de ocupar las casas de veraneo, mojar y trapear el piso con una solución desinfectante y ventilar la vivienda durante dos horas. Usar mascarilla al ingresar y durante el primer aseo.

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Categoría: Actualidad Médica.




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