Gastroenteritis: La gripe del verano


Las altas temperaturas, el relajo en algunas conductas de higiene y los cambios de hábitos alimenticios, pueden traer consigo más de algún problema digestivo.

Vómitos, diarrea y dolor abdominal son los síntomas más usuales de la gastroenteritis, una de las enfermedades que se presenta todo el año, pero que alcanza su punto álgido durante la época estival.

Literalmente, “gastroenteritis” quiere decir inflamación del estómago y del tubo digestivo. En la práctica, se utiliza para describir los efectos de la contaminación de esta vía por agentes biológicos externos (virus o bacterias) o sus productos (toxinas), los cuales durante el verano se desarrollan con mayor facilidad debido a las altas temperaturas.

El mecanismo más habitual de contagio -explica el doctor Antonio Rollán, jefe de la Unidad de Gastroenterología de Clínica Alemana- se produce a través de elementos contaminados como alimentos y agua.

Durante las vacaciones, hay más movilidad territorial de las personas y, en este contexto, se generan más situaciones de riesgo de contraer gastroenteritis por la modificación en hábitos alimenticios. “La gente come más en restaurantes, va a camping, y todas esas situaciones dificultan que los alimentos tengan la cadena de frío que necesitan, lo que genera más posibilidades de proliferación de virus o bacterias”, afirma el gastroenterólogo.

Hay que tener especial cuidado con los alimentos que se ingieren crudos, (como pasteles, cremas, helados, mariscos y mayonesas), con aquellos que estén guardados en la casa por un tiempo prolongado y con los que no se sabe con certeza si han estado en una cadena de frío adecuada.

Por este motivo, una importante medida de protección es la cocción, sobre todo de pescados, mariscos y carnes, la que se debe hacer al menos por diez minutos a 70° de temperatura.

La mayor parte de los casos de gastroenteritis son autolimitados, es decir, que para la recuperación de los afectados basta con reposo, dieta y mantener una adecuada hidratación. Por lo general, una patología como ésta puede durar desde algunas horas hasta tres días.

Usualmente, para este tipo de cuadros no se indican antibióticos, que incluso, en algunos casos, pueden prolongar el curso de la enfermedad. Asimismo, los antidiarreicos deben ser utilizados con precaución. “En general, debe desaconsejarse la automedicación, que habitualmente no ayuda mucho y puede dificultar el estudio posterior si éste es necesario”, explica el especialista.

En el caso de que los vómitos, la diarrea y el dolor abdominal continúen más allá de tres días, es recomendable visitar al médico o acudir a un servicio de urgencia. Lo mismo se sugiere si aparecen los siguientes síntomas:

– Deposiciones con sangre

– Fiebre alta sostenida (más de 38°C)

– Deshidratación (sequedad de la boca, sed, sensación de desmayo, alteración de conciencia o pulso muy rápido)

Los lactantes o niños menores de dos años y personas mayores de 75 son grupos vulnerables, ya que una infección intestinal puede tener consecuencias más graves. Por lo tanto, se recomienda una consulta temprana al especialista. Lo mismo deben hacer quienes padecen diabetes, los que toman medicamentos que disminuyen la capacidad inmunológica y aquéllos que tienen enfermedades neoplásicas o alguna patología que disminuya las defensas.

Medidas
A pesar de que la gastroenteritis no presenta mayor gravedad en personas sanas y sus secuelas son inexistentes, de todas maneras es necesario mantener reposo y procurar una hidratación adecuada.

La deshidratación es una de las consecuencias más importantes de esta enfermedad y el principal factor de riesgo. Principalmente, se debe a la pérdida de líquido y electrolitos a causa del vómito y la diarrea. Esta situación se ve acentuada por la tendencia a disminuir la ingesta de alimentos debido a los mismos síntomas y a la inapetencia, sumado a una pérdida de líquidos, esencialmente, a través de la transpiración (factor que se acrecienta en ambientes más calidos).

“Hay que tomar líquidos de a poquito, aun en caso de vómitos, hasta completar un mínimo de dos litros diarios (una cucharada sopera cada cinco o diez minutos).

Lo más apropiado sería consumir sales de rehidratación oral, que se venden sin receta en las farmacias, en sobres listos para disolver en agua hervida. Si no se dispone de ellas, basta con agua, aguas de hierbas o sopas. Refrescos comerciales, como el Gatorade o similares, tienen un contenido de sodio menor que las sales de rehidratación, pero son preferibles a las míticas bebidas colas que son hipotónicas y sin ventajas frente al agua pura”, sostiene.

En cuanto a la dieta, el gastroenterólogo advierte que generalmente se produce en forma espontánea, ya que la falta de apetito es la regla en la etapa sintomática inicial. “Las personas sanas pueden tolerar un ayuno casi completo por uno o dos días sin consecuencias y en algunos casos, incluso, obtener beneficios”, señala el especialista.

Por último, es recomendable evitar frutas, verduras, aliños, grasas e irritantes en general, hasta que se recupere un tránsito intestinal normal.

Fórmula casera para mantener la hidratación

En un jarro agregar:
2 cucharadas soperas de azúcar.
1/2 cucharadita de sal.
1 cucharadita de bicarbonato de sodio.
Un vaso de jugo de naranja.

Disolver todos los ingredientes e ir agregando agua hasta completar un litro.

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Categoría: Preguntas y Respuestas.




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