Hepatitis: ¿Por qué puede llevar a un trasplante?


Es habitual que cada vez que la prensa informa sobre la necesidad de un trasplante hepático urgente, se deba a esta repentina y peligrosa enfermedad.

La hepatitis es una inflamación del hígado que, cuando se expresa de forma grave, requiere de una atención médica especializada. Esto porque se podría necesitar un trasplante hepático, ya que un nuevo órgano puede ser en casos graves la única alternativa de supervivencia.

Existen distintos tipos de hepatitis, las más habituales son las producidas por virus tipo A, B o C, que se contraen al ingerir alimentos o agua contaminada, por transfusiones, instrumentación o contacto con fluidos corporales. También hay formas de hepatitis causadas por la ingesta de elementos tóxicos, como alcohol, drogas o algunos medicamentos (como sobredosis de paracetamol), o por el propio sistema inmune de la persona que comienza a atacar las células hepáticas. También puede originarse por una intoxicación al consumir un hongo denominado Amanita faloide, que en Chile existe en la zona central y que puede ingerirse sin saber que es venenoso.

Cuando la enfermedad se agudiza, en pocos días o semanas, puede evolucionar a una forma de hepatitis grave o también llamada fulminante. A los síntomas habituales -malestar general, falta de apetito y coloración amarillenta- se suman somnolencia y pérdida progresiva de la conciencia, pudiendo caer en coma.

Si bien no siempre se necesita un trasplante de hígado, ya que la enfermedad puede evolucionar favorablemente, en algunos casos es la única solución. Una vez operado y si no hay rechazo del órgano, el paciente queda totalmente recuperado y puede volver a hacer su vida cotidiana.

El diagnóstico precoz es fundamental
El doctor Juan Hepp, cirujano del Equipo de Trasplante Hepático de Clínica Alemana, explica que “es primordial en la falla hepática grave un diagnóstico precoz y ser capaz de detectar ciertas alarmas que expresa el hígado, como ver a la persona muy amarilla o con la conciencia mas lenta, para tomar medidas”. Si está acompañado de exámenes de laboratorio que indiquen una falla severa del hígado, queda más claro aún.

Los pacientes con falla hepática grave deben ser derivados a un centro asistencial que haga trasplantes, porque en 48 o 72 horas puede haber un compromiso mayor, estado que en principio tiene una fase en la cual se puede trasplantar, pero si está muy avanzado puede generar daño cerebral irreversible.

Trasplantes por hepatitis fulminante
En Clínica Alemana la causa más frecuente de transplante de hígado por hepatitis fulminante o falla hepática aguda, es la que deriva de la ingesta de medicamentos; luego, por autoinmunidad, y la tercera es producida por complicaciones virales. Aquí se han realizado 182 trasplantes hepáticos en 162 pacientes y el 10% se debe a falla hepática grave o hepatitis fulminante.

En cuanto a la utilización de donante vivo para trasplantes hepáticos, el doctor Hepp afirma que es una alternativa compleja y que lo ideal es que se haga con un donante cadáver.

“El donante vivo tiene implicancias éticas porque el donador asume un riesgo vital o de eventuales complicaciones. La falta de donantes genera la necesidad de utilizar donantes vivos, con poco tiempo para asumir esta decisión. Por ejemplo, para una receptor pediátrico extirpar 150 o 200 grs. de hígado es una cirugía con una mortalidad de 1 en 500 casos. Cuando se dona para un adulto se necesita un injerto de aproximadamente 600 grs., que es la mitad del órgano. En estos casos, la mortalidad del donante es de 1 de cada 100 o 150. A veces se ha requerido trasplantar a los donadores por complicaciones en su hígado remanente”, agrega

Además, el donante vivo genera más dificultades técnicas y hay más morbilidad para él y el receptor, ya que pueden obstruirse vasos sanguíneos o generarse complicaciones de la vía biliar.

Entre las ventajas que tiene la utilización del donante vivo está que hay una genética y una inmunología favorables, dado que se trata de un familiar, pero no hay menos rechazo. También está la disponibilidad para casos crónicos e incluso el que se pueda programar la operación.

¿Cómo prevenir la hepatitis?

Para evitar una hepatitis originada por un virus, la mejor forma es administrando la vacuna correspondiente. A partir de 2005 la de tipo B es parte del programa nacional de vacunación.

Otra de las formas de protección, en el caso de la hepatitis A, es lavar bien los alimentos y manipularlos con las manos limpias, ya que ésta se produce porque el virus se elimina en las deposiciones y podría entrar en contacto con las comidas, en especial, con las verduras.

En el caso de las causadas por agentes tóxicos, se recomienda no automedicarse.

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Categoría: Actualidad Médica.




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