HEPATITIS A: AGUA Y JABÓN, LA MEJOR PREVENCIÓN


La hepatitis que más se da en nuestro país, en la mayoría de los casos, no presenta síntomas. Las buenas condiciones higiénicas se transforman entonces en la manera más eficaz de combatirla.

La hepatitis es un daño al hígado causado por diversos factores, que pueden ser tóxicos -originados por toxinas químicas como el alcohol, drogas recreacionales o medicamentos-; infecciosos -fundamentalmente virales-; o inmunitarios -ocasionados por el propio sistema inmunológico que ataca al hígado-. Sin embargo, las infecciones virales son la principal causa de daño hepático agudo.

Esta infección produce una inflamación del hígado, órgano irremplazable por ser el responsable de funciones vitales para el hombre. Entre ellas está la síntesis de proteínas, la descomposición de sustancias tóxicas para el organismo, la elaboración de bilis (líquido digestivo encargado de descomponer las grasas para facilitar la digestión), el almacenamiento de vitaminas y la desintoxicación de la sangre.

Por esta razón, cualquier enfermedad que lo afecte es potencialmente muy peligrosa.

Existen alrededor de siete tipos específicos de hepatitis virales, clasificadas con letras que van desde la A hasta la G. Sin embargo, las variantes más comunes de esta enfermedad son la A, B y C.

El Dr. Marcelo Wolff, infectólogo de Clínica Santa María, explica que cada una de estas hepatitis es causada por un virus distinto y que su forma de adquisición también es diferente.

“La A tiene un corto período de incubación -alrededor de cuatro semanas- y se transmite mediante el consumo de alimentos o líquidos contaminados con deposiciones humanas infectadas con el virus. La hepatitis B es de incubación larga, es decir, pueden pasar hasta seis meses desde que la persona se contagia hasta que comienza la enfermedad. Su transmisión es por vía sanguínea, ya sea por el uso compartido de jeringas o por transmisión sexual, donde hay un intercambio de fluidos”, señala el Dr. Wolff.

Finalmente, la hepatitis tipo C también tiene un largo período de incubación y su principal forma de contagio se produce también por el uso común de jeringas. Destaca que los principales infectados son las personas que se administran drogas intravenosas, ya que los bancos de sangre en nuestro país gozan de total seguridad.

– Hepatitis A: Señales difusas

En Chile, la hepatitis A es la más frecuente y esto responde principalmente a dos factores: es la más fácil de adquirir debido a su forma de contagio basado en la falta de higiene y porque en nuestro país tiene carácter epidémico, es decir, se producen brotes de la enfermedad cada cierto tiempo. Según datos del Ministerio de Salud, durante el 2005 se produjeron 2.260 casos, “lo que implica una baja importante con respecto al último brote epidémico, que se presentó durante los años 2002 y 2003”, según explica el infectólogo.

El especialista destaca que el comportamiento epidemiológico de la hepatitis en Chile no es fácilmente controlable. “Los casos de personas infectadas por esta enfermedad aumentan y disminuyen cada cierto tiempo, muchas veces independiente de las acciones sanitarias que se hayan tomado”.

Aún cuando la Hepatitis A es la más común dentro de los diversos tipos de la enfermedad, su detección es difícil debido a que la gran mayoría de los casos son asintomáticos. Una persona puede llegar a la vida adulta sin sospechar que estuvo enferma, cuando en realidad tuvo hepatitis A en algún momento.

No obstante, hay un pequeño porcentaje de casos en que sí se presentan síntomas, muy parecidos a los de un cuadro viral inespecífico con decaimiento -pérdida del apetito, fiebre, dolor abdominal y fatiga-. Según explica el Dr. Wolff, hay además señales particulares de esta enfermedad. “Pueden tener la orina más oscura de lo normal, las heces decoloradas (acolia) o que la piel y el blanco de los ojos se tornen amarillos (icteria); pero los síntomas más comunes a los cuales se debe estar atento son la presencia de fiebre e icteria”, enfatiza el especialista.

El diagnóstico se hace precisamente a través de estas características, además de verificar, mediante exámenes, el aumento del tamaño del hígado y el alza de transaminasas, enzimas liberadas por la inflamación de este órgano.

– ¿Cómo se puede prevenir?

Existen vacunas para prevenir la hepatitis A que, aún cuando no están insertas en los planes nacionales de inmunización -como sí lo está la hepatitis B-, se adquieren en farmacias y vacunatorios.

Dos de estas vacunas aseguran inmunidad total en la mayoría de los casos; la primera protege sólo contra el tipo A y se aplica en dos dosis. La segunda está indicada contra las hepatitis B y requiere de tres inyecciones. Hay, además, una vacuna combinada para ambos tipos de hepatitis. “Chile ha alcanzado un nivel en que se debiera fomentar la vacunación de todas las personas”, afirma el Dr. Wolff, recalcando el hecho de que la mejor forma de prevenir es vacunarse contra ambos tipos de la enfermedad.

Otra manera de evitar la hepatitis A es a través de buenas condiciones higiénicas. Esto implica lavarse las manos después de ir al baño y antes de manipular alimentos -que también deben ser lavados-. Además, hay que evitar las situaciones de hacinamiento y suciedad, porque contribuyen a la proliferación de la hepatitis.

– Tratamiento y consecuencias

No existe un tratamiento específico para la hepatitis A, aunque sí hay lineamientos que se deben seguir para controlar los síntomas y evitar complicaciones. “Se recomienda mantener reposo de duración variable según los síntomas, con un régimen alimenticio liviano, bajo en grasas y sin alcohol”, enfatiza el especialista.

La hepatitis A es considerada la menos grave dentro de su grupo. La totalidad de las personas que se han contagiado quedan inmunes, aunque existe un mínimo porcentaje -inferior al 1%- que puede morir por una crisis fulminante. A diferencia de otros tipos de hepatitis, la A no se vuelve crónica y tampoco tiene estado de portador

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Categoría: Glosario Médico.




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