La artritis, una enfermedad desconocida


El 80% de la población desconoce en qué consiste y, a pesar de manifestar síntomas, acude tarde al médico, cuando las articulaciones ya están dañadas

La principal consecuencia de la artritis reumatoide es la inflamación de las articulaciones. Esto provoca dolor, deformidad y dificultad para el movimiento. De las más de 100 patologías reumáticas diagnosticadas, ésta es crónica y con una tasa de curación escasa, aunque en algunos casos, con el tratamiento adecuado, se llega a frenar su evolución. El dolor y la incapacidad resultante varían mucho de un individuo a otro. La artritis reumatoide es frecuente: en España están afectadas más de 200.000 personas (1 de cada 200), en su mayoría mujeres (un 75% frente al 25% de afectados). No obstante, es una gran desconocida, por lo que el diagnóstico se realiza demasiado tarde, cuando ya se han desarrollado daños irreversibles en las articulaciones. Para mitigar sus efectos y concienciar a la población, expertos y asociaciones de pacientes dedican este mes a la enfermedad y a la difusión de sus características.

A pesar de no ser hereditaria, es una enfermedad autoinmune que se desarrolla en personas con una especial predisposición. De causa aún desconocida, algunos estudios la han asociado con ciertos agentes infecciosos, como virus o bacterias, aunque todavía no hay evidencia suficiente. Se piensa lo contrario, pero la artritis reumatoide no es típica de edades avanzadas, a pesar de que los ancianos también la sufren. Se diagnostica con más frecuencia entre 45 y 55 años, mientras que otra variedad es característica de los niños.

El daño que provoca se concentra en la membrana sinovial de las articulaciones móviles, pero puede afectar a otras estructuras como la piel, con la formación de nódulos (llamados reumatoides) que se desarrollan en zonas de roce, como codos o dorso de dedos de manos y pies e, incluso, en el interior del organismo. También puede atrofiar las glándulas lagrimales, salivales o las encargadas de producir jugos gástricos o flujo vaginal y provocar sequedad de la piel y mucosas (síndrome de Sjögren).

Octubre, mes de la artritis
El 80% de la población desconoce en qué consiste esta enfermedad. La falta de conocimiento conduce a un diagnóstico tardío cuando, a menudo, ya ha provocado un daño irreparable en las articulaciones. Tiene un gran impacto en la calidad de vida de los afectados y supone un gasto sanitario considerable. Para intentar cambiar este escenario, la Coordinadora Nacional de Artritis (CONARTRITIS) lleva a cabo este mes de octubre una serie de acciones para darle más visibilidad.

A propósito del Día Nacional, el pasado día 1 se puso en marcha la campaña “Octubre, Mes de la Artritis”, con el objetivo de informar tanto a los profesionales de la salud como a pacientes, a su entorno (amigos, familiares) y a los ciudadanos en general. Los aspectos en los cuales está previsto incidir son: la importancia del asociacionismo, la revolución del tratamiento con las nuevas terapias biológicas, la necesidad de combatir el dolor, ya sea con medicación, rehabilitación o fisioterapia, entre otras, y la relación entre artritis reumatoide y discapacidad e incapacidad temporal.

Para concienciar a la población, también se desarrollan diversas actividades, como mesas informativas en medio centenar de hospitales, la celebración de la VI Jornada Nacional bajo el lema “Conócela, Véncela” (declarada de interés científico por la Sociedad Española de Reumatología, SER) en una veintena de ciudades y el Encuentro de Asociaciones de Artritis en Santiago de Compostela.

Su diagnóstico precoz permite empezar el tratamiento antes y retrasar su evolución
Los expertos también quieren aclarar distintas creencias sobre esta enfermedad asociadas al clima o a la alimentación y a su confusión con la artrosis. Se quiere incidir en la importancia de un diagnóstico precoz para empezar el tratamiento cuanto antes y retrasar su evolución. De la misma manera, aseguran desde la coordinadora, se quiere hacer hincapié en los profesionales de la asistencia primaria para que, ante la mínima sospecha, deriven a los pacientes al reumatólogo para que soliciten las pruebas pertinentes que permitan diagnosticarla cuanto antes y poder minimizar así el deterioro físico y el impacto en su calidad de vida.

En este marco, también hay lugar para las reivindicaciones de los afectados, que piden medidas para disminuir el impacto de la enfermedad en sus vidas. Programas asistenciales que apoyen a pacientes y a familiares y una mayor flexibilidad laboral con reducciones de jornada acordes a las limitaciones de cada trabajador afectado, para poder mantener el nivel adquisitivo, son algunas de las peticiones. Las bajas y las incapacidades laborables, junto con el gasto económico por la compra de medicación, así como el derivado de las reformas para adaptar la vivienda a la incapacidad avanzada, son algunos aspectos ineludibles que deben afrontar.

¿Dieta antiinflamatoria?
Aunque todavía no hay evidencia suficiente para recomendar a las personas con artritis que adopten dietas especiales, algunos estudios sugieren que una dieta rica en ácidos grasos omega 3 y antioxidantes ayuda a mitigar la inflamación. Se conoce que las prostaglandinas de la serie 3 (PG3), que se fabrican a partir del ácido eicospentaenoico (EPA), son antiinflamatorias. Provienen de ácidos grasos de la familia omega 3, que tienen al ácido alfa-linolénico (LNA) como el ácido graso inicial.

El LNA está, sobre todo, en el aceite de lino, el aceite de cártamo, las nueces, los vegetales de hoja verde y los pescados azules como el salmón, la trucha, el atún, las sardinas y algunas algas marinas, que el organismo transforma en EPA.

Cualquier función del metabolismo necesita determinados nutrientes, como vitaminas y minerales. En el caso de un proceso inflamatorio, las más necesarias son la vitamina C y E, la B3 y B6 y el zinc. También se apunta a la vitamina D como limitadora de la progresión de la enfermedad. Estos nutrientes, que se consiguen a través de una dieta equilibrada y variada, fortalecen el sistema inmunológico, responsable de manejar el proceso inflamatorio, y favorecen la producción de prostaglandinas antiinflamatorias.

El sobrepeso, una dieta baja en calcio o rica en alcohol, consumir alimentos con altos índices de purinas que aumentan el ácido úrico o una ingesta excesiva de vísceras y carnes rojas son algunos factores que pueden favorecer la artritis. Por este motivo, los especialistas recomiendan seguir las mismas pautas de alimentación que se aconsejan al resto de la población y que se resumen en: seguir una dieta variada y equilibrada, insistir en las verduras, frutas y cereales, y reducir el consumo de grasa, alimentos que aumentan el colesterol, alcohol y sal.

EJERCICIO BENEFICIOSO
Entre las opciones no medicamentosas para disminuir el dolor, figuran algunos tipos de ejercicio y la fisioterapia. Los últimos estudios señalan que es imprescindible encontrar el equilibrio entre reposo (las articulaciones inflamadas mejoran) y actividad (evita que las mismas articulaciones se entumezcan). El ejercicio debe mantener a la persona en un buen estado físico, de resistencia y fortaleza, pero sin inflamar las articulaciones para evitar el dolor. Los más adecuados son las actividades aeróbicas de bajo impacto articular, como natación y ejercicios en el agua, tai chi, yoga suave, pilates o spinning. No obstante, se recomienda que antes de escoger se consulte con el especialista.

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Categoría: Tercera Edad.




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