La importancia de la fe en la recuperación de los pacientes


El psiquiatra Alejandro Koppmann concuerda con la idea de que las creencias ayudan a adaptarse mejor al estrés y a experimentar una mejor salud mental y física.

Una mejor salud mental y física, además de adaptarse de forma más positiva al estrés, tendrían las personas que profesan alguna fe, según una investigación publicada en Archives of Internal Medicine.

Efectivamente, es lo que ha visto en la práctica clínica el doctor Alejandro Koppmann, jefe de la Unidad de Psiquiatría de Clínica Alemana, quien está de acuerdo con lo demostrado en este estudio.

“En general, la capacidad de experimentar, reconocer y manejar adecuadamente las emociones está relacionado con menores tasas de patología psicosomática. En tanto, las personas con pocas habilidades emocionales están más expuestas a sufrir desordenes de este tipo y tienen más riesgo de presentar trastornos digestivos funcionales, hipertensión arterial, alergias, tensión muscular, cefaleas y enfermedades cardiovasculares, entre otras patologías”, explica.

Es así como algunos sostienen que la fe contribuiría a tener un menor nivel de estrés emocional, controlar los síntomas de las enfermedades y optimizar la adherencia al tratamiento, mejorando considerablemente la calidad de vida.

Según el especialista, esta conexión se puede producir debido a que la fe o vivencia espiritual (independiente de la religión) supone la existencia de un bien común, de un propósito para los distintos momentos de la vida o de la enfermedad, y una mayor capacidad de tolerar la frustración, lo que claramente encamina mejor los esfuerzos hacia la recuperación. Por ejemplo, la rabia de enfermar -que por cierto es sana y necesaria con ciertos límites-, es manejada y conducida de manera más óptima porque es con el propósito de mejorar.

Asimismo, agrega que la oración y/o meditación permiten mejorar la conexión con el sistema nervioso autónomo logrando manejar mejor una serie de funciones ‘silenciosas’ del cuerpo tales como el tono muscular, la tensión arterial o la frecuencia cardiaca y los movimientos intestinales. Incluso, ciertas prácticas de relajación son usadas en anestesia y en algunos procedimientos por los dentistas.

Es más, según el estudio, la oración podría reducir la incertidumbre y el estrés, permitiendo la sensación de cierto control sobre la salud, lo que permitiría que el sistema inmunológico no se deprima. “Es innegable que el estrés afecta el sistema inmune, por lo que un manejo adecuado de éste ciertamente nos hace más saludables”, concluye.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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