LA IMPORTANCIA DE QUE LOS NIÑOS DUERMAN BIEN


Que nuestros hijos tengan un buen descanso es un desafío importante. Dormir las horas necesarias y tener un sueño de calidad es crucial para el crecimiento y desarrollo de los niños. Pero, ¿cómo lograrlo?

Las horas de sueño recomendadas para un niño dependen de su edad. Mientras más pequeños, más tiempo requieren para dormir. Así es como el recién nacido puede dormir 18 horas diarias con pequeños intervalos, mientras que los preescolares tienen que dejar de dormir siesta en la mañana, y reducir la de la tarde a medida que van creciendo.

Después de los 6 años, las horas de descanso recomendadas son 10, sin siestas, y luego de la adolescencia no se aconseja dormir menos de ocho. Como establece la Psicóloga de Clínica Santa María, Pilar Bustamante, “lo importante es observar que el niño amanece de buen ánimo, sin sueño, sin mal genio ni irritable”.

Saboteadores del sueño
El Dr. Daniel Correa, Neuropsiquiatra Infantil de la Clínica, establece que estudios han demostrado la existencia de ciertos elementos que inciden en un mal descanso. A éstos se les ha denominado “saboteadores del sueño”, entre los que podemos mencionar la televisión, los juegos de video y el computador. “La luz de éstos altera nuestro reloj biológico, es decir, nos altera la regulación del ciclo sueño-vigilia”. Por ello, no es recomendable su utilización antes de irse a dormir.

Por otra parte, también se pueden encontrar alimentos que no debiesen ser consumidos en la cena, ya que pueden afectar al sueño, como por ejemplo: té, café, bebidas colas, los chocolates, azúcar en forma desmedida, algunas frutas y las frituras. Tampoco se recomienda ingerir grandes cantidades de líquido en la noche. El Dr. Correa asegura que aún así “no conviene irse a la cama en ayunas, porque el hambre también puede despertar a los niños”.

De igual forma, existen alimentos que benefician un buen descanso y estado de ánimo, como el jamón, las carnes de aves, el pescado, la leche y sus derivados, el arroz, las pastas, verduras y hortalizas, entre otros.

Se debe evitar
Tanto Pilar Bustamante como el Dr. Correa concuerdan en que los niños no debiesen ver televisión antes de irse a la cama. Esto puede generar temores que determinan que los niños quieran dormir con sus padres y donde finalmente nadie logra descansar bien. En relación a ello, la Psicóloga establece que si un pequeño mayor de siete años continúa temiéndole a la oscuridad, se debe consultar a un especialista.

El Neuropsiquiatra Infantil explica que “es importante evitar ruidos o gritos de la gente de la casa. Tampoco se deben hacer ejercicios físicos en la noche, ya que elevan la temperatura corporal y retrasan el sueño”.

Para mejorar el descanso
Es necesario que para dormir, el niño tenga en su habitación una luz tenue (ojalá de una lámpara de velador que pueda apagar por sí mismo) que logre bajar su ritmo de actividad física y mental. Los más pequeños pueden escuchar un cuento de sus padres. “Algunos de ellos acostumbran a rezar con sus hijos o conversar un poquito de cómo ha sido la jornada y plantearse algún pequeño propósito para el día siguiente. Mientras que los niños más grandes pueden leer o escuchar música suave y relajante antes de irse a dormir”, establece Pilar Bustamante.

Por su parte, el Dr. Correa realiza una serie de recomendaciones para lograr un ambiente apto para el sueño:

-Tratar de respetar los horarios, levantándose y acostándose siempre a la misma hora. Lo mismo se debe realizar con las comidas, donde resultan positivas las cenas en familia.
-Utilizar la cama solo para descansar, no para ver televisión o jugar.
-No dormir siesta cuando se está en edad escolar.

Lo que afecta a nuestros hijos
Fuera de cualquier alteración de lo anteriormente mencionado, existen factores que se relacionan con el medio ambiente y que pueden incidir en el sueño de los niños. Por ejemplo, peleas familiares, padres alterados y situaciones de estrés en el colegio, como el ser víctima de abuso escolar (Bullying). Pero también pueden verse afectados por problemas intrínsecos, como temores nocturnos y patologías de la salud en general o específicas del sueño, como el insomnio.

No tratar esto a tiempo, puede significar no solo el cansancio e irritabilidad del niño durante el día, sino también problemas de salud física y psicológica, mal rendimiento escolar, trastornos en su desarrollo emocional y social, entre otros.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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