La inmigración es casi un fenómeno biológico


La investigadora boliviana Marcia Ponce de León trabaja en la Universidad de Zurich (Suiza) donde, junto a su compañero Christoph Zolliker, analiza huesos que sobrepasan el millón de años. En el transcurso de una cumbre científica internacional sobre el legado del naturalista inglés Charles Robert Darwin, celebrada en Alejandría (Egipto), dio a conocer el origen de los rasgos fisiológicos que identifican a las personas y la función evolutiva del organismo humano. Además, acaba de publicar en la revista ‘Nature’ la primera reconstrucción en tres dimensiones de varios esqueletos encontrados en Dmanisi (Georgia).

¿A quién pertenecen los esqueletos analizados en el estudio publicado en ‘Nature’?

Son antiguos homínidos procedentes del Cáucaso, tres adultos y dos adolescentes, que caminaban y corrían igual que el hombre moderno. Los datos antropomórficos nos han permitido revelar, con ayuda de ordenadores, que son los representantes más antiguos de “Homo erectus” descubiertos fuera del continente africano. Su edad se cifra en 1,3 millones de años.

En su trabajo, la tecnología ha desempeñado un papel esencial.

“Nuestro hallazgo más antiguo fue un cráneo de siete millones de años encontrado en la República del Chad”
Tengo la suerte de trabajar en una universidad rica en recursos tecnológicos biomédicos. Sería difícil llevar adelante estas investigaciones si no dispusiéramos de tomógrafos que ofrecen detalles acerca de la anatomía interna de un cráneo, sin tener que desmenuzar los huesos y someterlos a pruebas químicas. Estos dispositivos nos permiten penetrar en la estructura de piezas de millones de años de antigüedad, compactas como una piedra.

¿Es posible conocer información acerca de un hueso que ha permanecido inerte desde hace un millón de años?

Nuestro hallazgo más antiguo fue un cráneo de siete millones de años encontrado en la República del Chad (África central), un fósil deformado y fracturado pero completo, con las mandíbulas intactas. El tesoro en cuestión regresó a África después de haber estado expuesto en el Instituto Suizo de Investigación en Ciencias de los Materiales y Tecnología (EMPA). Si dejamos a un lado los homínidos, nuestro tomógrafo ha identificado el fósil de un cocodrilo que vivió hace 60 millones de años.

¿Siempre ha trabajado con huesos?

Con huesos que son vestigios históricos y ofrecen un ámbito de investigación. La nuestra es una medicina forense de miles o millones de años. Es una labor ardua con un lado “detectivesco”, ante el reto de explicar por qué se extinguieron nuestros parientes homínidos más cercanos: los neandertales.

¿Qué le llevó a dejar la Universidad de San Andrés, en La Paz (Bolivia), para investigar en Europa?

“Macacos, orangutanes, chimpancés y humanos comparten un gran número de genes en los leucocitos, el hígado y el cerebro”
En Suiza podía disponer de tecnología punta difícil de encontrar en otra parte y podía desarrollar mejor mi vocación de indagar en los orígenes. Los huesos de homínidos más antiguos que se pueden hallar en América tienen 14.000 años, pero en Europa alcanzan al menos 25.000, para “Homo sapiens”, y el origen apunta a África. Desde la infancia tengo una gran curiosidad por saber de dónde venimos.

Todo apunta a que los humanos son migratorios por naturaleza.

Así es. Algunas migraciones han durado miles de años, pero siempre ha mandado en nosotros la idea de ir más allá. La inmigración es casi un fenómeno biológico. Un ser viviente se mueve de un sitio a otro siempre en busca de recursos.

¿Los seres humanos tienen su origen en África?

El homínido más antiguo del que se tiene noticia, “Sahelanthropus tchadensis”, habitó en el Chad hace seis o siete millones de años. Esto lleva al Mioceno y, desde una perspectiva evolutiva, demuestra que los nexos entre humanos y chimpancés pueden ser más antiguos de lo que sugieren los estudios moleculares. De este pariente africano, a través de sucesivas migraciones, tenemos noticia de una nueva especie, “Homo erectus”, que migró a Eurasia un par de millones de años, y de otra posterior, “Homo sapiens”, que lo hizo mucho más tarde (100.000 años).

¿Se habrán perdido homínidos o prehomínidos en la cadena evolutiva?

“De todas las especies de primates que han poblado el planeta, sólo hemos podido detectar el 7% mediante el registro fósil”
Ésta es la gran incógnita de los paleontólogos. El último ancestro común para todos los primates existió hace 81,5 millones de años. A partir de datos moleculares, sabemos también que el 90% de la diversidad actual entre los primates se asentó hace 49 millones de años. Pero tenemos la certeza de que, de todas las especies de primates que han poblado el planeta, sólo hemos podido detectar el 7% mediante el registro fósil.

Utiliza la misma tomografía que a un traumatólogo le permite detectar una hernia discal, pero usted cifra la identidad de unos huesos fósiles.

La moderna tomografía en tres dimensiones nos permite desarrollar una realidad virtual que parte de una realidad física concreta.

Como un avatar.

Incluso más. Con la ayuda de ordenadores podemos determinar funciones, biomecánica y modificaciones evolutivas de los huesos. No es sólo una reconstrucción anatómica, sino una caracterización morfométrica y fisiológica. Son una herramienta que resultará imprescindible en toda práctica forense o paleo-antropológica.

¿Las personas proceden de los monos?

“Desde una perspectiva filogenética, somos monos”
Desde una perspectiva filogenética, que es la parte de la biología que estudia el origen y desarrollo evolutivo de las especies, somos monos. Investigadores alemanes del Instituto Max Planck han comparado la expresión de un gran número de genes en los leucocitos, el hígado y el cerebro de macacos, orangutanes, chimpancés y humanos, y han encontrado que las diferencias son significativas en el cerebro pero apenas perceptibles en los otros tejidos. La investigación partió de un análisis de diferentes árboles filogenéticos obtenidos a partir de ADN de diez regiones diferentes, incluido el ADN mitocondrial, del cromosoma Y, de dos regiones ligadas al cromosoma X y de seis regiones autosómicas.

UN BEBÉ DE 40.000 AÑOS
Eran la especie más cercana a la actual y se extinguieron. El equipo de Marcia Ponce de León ha examinado el nacimiento y desarrollo del cerebro de un neandertal recién nacido, hallado en una cueva de Mezmaiskaya (Crimea). El bebé neandertal, al parecer, fue enterrado de forma minuciosa y su buen estado de conservación ha permitido fijar una edad de 40.000 años. Es el único hallazgo de fósil de un recién nacido neandertal conocido hasta la fecha y proporciona nueva información sobre cómo es el cerebro de estos homínidos en el momento de nacer.

Se ha confirmado que era del mismo tamaño que el de un recién nacido actual, con un volumen aproximado de 400 centímetros cúbicos. No obstante, el esqueleto tenía una morfología mucho más robusta. Los expertos sospechan, además, que crecía de manera más rápida y, de media, alcanzaba un mayor volumen en la edad adulta. La duración del crecimiento era la misma en ambos.

El descubrimiento ha permitido también reconstruir por ordenador el parto de la mujer neandertal. Se conoce que la vida de los neandertales no era fácil, sobre todo, en las regiones más frías. Se han encontrado sus restos en zonas desde Gibraltar a la India. El pariente más cercano desapareció hace 28.000 años y su extinción todavía es un misterio.

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Actualidad Médica.




Deja un comentario