Los efectos en la salud de la contaminación acústica


El ruido entra en la categoría de contaminante porque puede producir efectos nocivos en la salud y en la calidad de vida, tanto a nivel físico como emocional.

Bocinazos, gritos de vendedores callejeros, taladros perforando el pavimento, frenazos y camiones rugiendo, son situaciones cotidianas que se viven en una ciudad. Probablemente, este entorno bullicioso sea molesto, pero en ocasiones puede ser más que eso y transformarse en el causante de variadas enfermedades.

Al fenómeno anteriormente descrito se le conoce como contaminación acústica, la que altera las condiciones del ambiente de un determinado lugar. Según el doctor José Abiuso, otorrinolaringólogo de Clínica Alemana, para hablar de contaminación no basta con la existencia de altos niveles de ruido, sino que su intensidad debe obstaculizar o interferir en las actividades cotidianas de la sociedad.

En Santiago, las fuentes de ruido, según la Sociedad Chilena de Otorrinolaringología, provienen del transporte público, cuyo aporte es cercano al 70% de la contaminación total. Más atrás se ubican las industrias y fábricas; por último, están los agentes esporádicos como gritos de niños, conciertos al aire libre y fuegos artificiales, entre otros.

Para que un sonido intenso genere complicaciones en la salud, hay que considerar el periodo de exposición, puesto que entre más tiempo se pase frente a él, mayor será el riesgo de sufrir algún tipo de alteración. Del mismo modo, si el ruido es débil, pero constante, puede ser igual o más dañino que uno muy intenso.

Según el doctor Abiuso, “el daño causado por la contaminación acústica en la salud puede ser tanto físico como emocional”.

Asimismo, una de las consecuencias fisiológicas de estar expuestos a un sonido intenso es el desplazamiento temporal del umbral de audición, fenómeno conocido como Temporary Threshold Shift (TTS). En este tipo de trastorno la recuperación es total y al cabo de un rato, siempre que no se repita la exposición. Por ejemplo, “ocurre cuando una persona dispara con una escopeta y queda un ruido o la sensación de tener el oído tapado, lo que al rato se pasa”, sostiene el especialista.

Si habitualmente se sufren TTS, se podría llegar a padecer una Permanent Threshold Shift. En estos casos, la capacidad de recuperar el umbral auditivo normal se altera con el paso del tiempo, y si la exposición continúa (varios años), cuando ésta finalice, la recuperación será cada vez más lenta y parcial, llegando al punto de ser permanente en ambos oídos y con idéntica intensidad.

Además, el deterioro de la salud mental de la población convierte al ruido en un elemento de cuidado debido a su característica de estresador, puesto que detona alteraciones en el proceso digestivo y en el aumento de la presión arterial, y genera tensión muscular. Es lo mismo que le pasa a alguien que tiene pena y sufre un ataque al corazón. El estrés fue el causante y no la pena misma, explica el doctor.

En el ámbito de la comunicación, el ruido limita la interacción entre las personas, ya que produce enmascaramiento, es decir, la presencia de un sonido impide la percepción total o parcial de otros sonidos. Este efecto, según la Corporación Nacional de Medio Ambiente (CONAMA), se convierte en adverso cuando perturba la percepción de señales o mensajes, especialmente de tipo oral, que al margen de sus consecuencias sobre el carácter y el humor de las personas, podría aumentar los riesgos de accidentes.

Asimismo, el ruido trae consigo variadas molestias: actúa como distractor de actividades intelectuales, genera repercusiones negativas para el aprendizaje de niños e irritabilidad. Sin embargo, la perturbación del sueño es la mayor consecuencia debido al número de personas que afecta. No hay que olvidar que el sueño ininterrumpido es un requisito para el buen funcionamiento fisiológico y mental. Si no se duerme lo suficiente aumenta la presión sanguínea, se acelera el ritmo cardiaco y se produce vasoconstricción, cambios en la respiración y arritmia cardiaca.

Finalmente, muchos bebés que son expuestos a mucho ruido durante la gestación, al momento de nacer tienen un tamaño menor al normal. En tanto, a los recién nacidos, el ruido los pone más irritables y, por lo mismo, menos tolerantes.

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Psicología y Psiquiatría.




Deja un comentario