Los peligros de ser una embarazada obesa


La obesidad es una enfermedad crónica que cada vez afecta a más personas en el mundo. Las últimas cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que en 2005 había en todo el mundo alrededor de 1.600 millones de adultos (mayores de 15 años) con sobrepeso, y al menos 400 millones de adultos obesos. Además, se calcula que en 2015 habrá aproximadamente 2.300 millones de adultos con sobrepeso y más de 700 millones con obesidad.

En este tema, las embarazadas no son la excepción. Cada día llegan a la consulta de los ginecólogos más mujeres embarazadas obesas. “En los hospitales entre el 50 y 70% de las mujeres se embaraza en estado de obesidad, mientras que en las clínicas ocurre en apenas un 5%, pero en ambas poblaciones esta tendencia va en aumento”, sostiene el doctor Rodrigo Sáez, ginecólogo de Clínica Alemana.

Otra de las razones que argumenta el especialista para explicar esta tendencia es que las mujeres están tendiendo a embarazarse a mayor edad, lo que conlleva, generalmente, a que tengan un Índice de Masa Corporal (IMC) más elevado.

Tener muchos kilos extras puede complicar un embarazo e, incluso, puede afectar la fertilidad femenina, ya que estas mujeres sufren problemas de ovulación por trastornos endocrinos o metabólicos, como resistencia a la insulina, diabetes o hipotiroidismo. Estas patologías se asocian tanto con las causas de la obesidad como con alteraciones del equilibrio hormonal necesario para que una mujer sea fértil. La manifestación más frecuente es la alteración de la regularidad de los ciclos menstruales, ya que se suele presentar ausencia de menstruaciones (amenorrea) o intervalos de tiempo muy largos entre una y otra.
En cuanto al riesgo, es mayor mientras más elevado sea el IMC. Esto significa que aquellas mujeres con sobrepeso tienen un riesgo menor que las obesas, pero mayor que las embarazadas de peso normal.

“Durante el embarazo, las mujeres obesas tienen entre tres y cuatro veces más riesgo de tener un aborto en el primer trimestre o, más tarde, un feto muerto in útero. Estos peligros son propios de la obesidad ya que se ven incluso en aquellos embarazos de obesas que no se han complicado por diabetes gestacional, hipertensión o trombosis”, sostiene.

Riesgos durante el embarazo

-Tres veces más riesgo de infecciones génito-urinarias
-Diabetes gestacional
-Preeclampsia
-Trombosis venosa.

Estas dos últimas enfermedades son las causantes de aproximadamente el 50% de las muertes maternas asociadas a embarazo.

El feto también puede verse afectado porque los hijos de madres obesas tienden a tener de dos a tres veces más riesgo de nacer con espina bífida, onfalocele y malformaciones cardíacas. Además, es más difícil realizar los controles. “Hacer un diagnóstico ecográfico adecuado de la anatomía fetal es todo un desafío, puesto que la calidad de las imágenes se deteriora progresivamente con el mayor tejido graso materno y se dificulta poder distinguir con precisión la anatomía del feto”, sostiene.

Además, durante el parto, estas mujeres enfrentan una mayor probabilidad de tener sangrado, cesárea y uso de fórceps. También podrían padecer infección en la herida operatoria y trombosis venosa postparto.

El peso materno antes y durante el embarazo también influye directamente sobre el peso fetal. Los hijos de mujeres obesas suelen pesar entre 4 y 4,5 kgs al nacer.

Madre obesa, ¿hijo obeso?

El ambiente metabólico, determinado por la madre, en el cual se desarrolla el feto, es capaz de programar, es decir, definir el futuro comportamiento del metabolismo del hijo para toda la vida. Se sabe que los niños de madres obesas tienen una alta probabilidad de nacer con sobrepeso, lo cual se mantiene hasta la vida adulta. Incluso, si la madre obesa es diabética, el hijo también quedará muy predispuesto a desarrollar esta patología. Esto es conocido como “Programación fetal”.

A su vez, hay más riesgos de que la guagua sufra traumatismos e, incluso, en algunos casos graves puede haber retención de hombros y parálisis braquial secundaria (daño a nervios alrededor del hombro durante el nacimiento). Si el parto fue traumático, el recién nacido puede también sufrir de hiperbilirrubinemia.

Prevención
Para tener un embarazo y parto lo más sano y normal posible, lo ideal es que se busque bajar de peso antes de todo el proceso para que de esta forma se tenga mejores posibilidades de quedar embarazada y, posteriormente, disminuir los riesgos.
Lo recomendable es que durante el embarazo no se suba más de 13 kilos, pero en el caso de quienes padecen de obesidad, la indicación es que suban hasta siete. Para ello, es necesario una evaluación y el manejo por un nutricionista, quien indicará un régimen adecuado.

Se recomienda también evitar el sedentarismo y manejar adecuadamente patologías como la diabetes. Sin embargo, en muchos casos, gracias al control estricto de la alimentación no se aumentan kilos durante la gestación, hay un menor peso de la mujer después del parto y la evolución, tanto materna como fetal, suele ser adecuada. “Sólo si la madre conoce los riesgos y beneficios de este manejo estricto va a colaborar, puesto que ningún medicamento es mejor que el autocuidado”, sostiene el doctor Sáez.

Case Western Reserve University, en Cleveland, Ohio
Se estudió a 53 mujeres con peso normal y a 68 mujeres obesas y a sus recién nacidos. Todas habían elegido el parto por cesárea, en la que se extrajeron muestras de sangre de las madres y del cordón umbilical.

El resultado de la investigación determinó que durante el embarazo se originaba la causa que explicaba por qué los hijos de mujeres obesas tienen irregularidades metabólicas cuando llegan a la adolescencia y la adultez.

Asimismo, se comprobó que las guaguas de las mujeres obesas tenían un nivel de grasa corporal significativamente más alto que el resto de los niños y los niveles de insulina y glucosa en el cordón umbilical eran mucho más altos (un signo de resistencia a la insulina) en los recién nacidos de las madres obesas que en los bebés de las mujeres con peso normal.

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Categoría: Fertilidad y Embarazo.




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