Niños-adolescentes: Verdaderos “viejos chicos”


Que los más pequeños quieran parecer más grandes es algo completamente normal e incluso positivo, pues les ayuda a lograr hitos del desarrollo. Sin embargo, los padres deben encauzar positivamente estos deseos y poner límites.

Fernandito tiene sólo 9 años y ya tiene celular, facebook y se viste como si tuviera 18. Un fenómeno nada raro considerando que cada vez la niñez se acorta más dando paso a una extensa adolescencia.

Al respecto, la psiquiatra infantil Ana Marina Briceño, sostiene que tanto desde el punto de vista biológico como psicosocial la pubertad se presenta de manera más temprana. “Vemos que ha disminuido la edad de inicio de actividades ‘adolescentes’, como fiestas, pololeos y uso de ropa que expone el cuerpo (petos y minifaldas). Así también, desde el punto de vista biológico, la edad promedio de la menarquia (primera menstruación) en Chile, hoy es 12 años, mientras que a fines del siglo XIX era 16”, expone.

La especialista explica que el hecho de que los niños pequeños quieran parecer o actuar como si tuvieran más edad es algo completamente normal y esperable e, incluso, positivo pues les ayuda a lograr hitos del desarrollo, como la lectura, por ejemplo.

Sin embargo, los padres deben encauzar positivamente estos deseos y, a la vez, poner límites y negar algunas solicitudes que arriesguen su desarrollo, tales como retrasar en exceso la hora de dormir o exponerse a conductas de riesgo, por más que sean “populares”.

¿Consecuencias?
La doctora Briceño explica que para los niños, las ventajas suelen ser inmediatas, como ser socialmente más aceptados y lograr ser vistos como líderes ante sus pares.

El problema es cuando son líderes negativos. La principal desventaja es cuando guían hacia conductas agresivas, riesgosas o se acercan precozmente al tabaco, alcohol, drogas y sexualidad, con todas las consecuencias, a mediano y largo plazo, que ello implica para la salud física y mental de los niños-adolescentes

La especialista agrega que, generalmente, atiende a niños derivados del colegio por trastornos conductuales o consumo de drogas, habitualmente en forma tardía.

Otro motivo de consulta es por trastornos alimentarios, como anorexia o bulimia, cada vez más frecuentes a edades más precoces. Es común también encontrar adolescentes a quienes no les interesa tener este tipo de conductas y que, por eso mismo, se sienten rechazados por sus pares, a veces muy agresivamente, siendo víctimas de acoso escolar o bullying.

Papás del siglo XXI
Está demostrado que uno de los factores que incide en las conductas de los niños y adolescentes es la televisión. “Son muy influenciables por la publicidad y por los modelos que se muestran, lo que provoca que quieran imitarlos. En ocasiones, los padres acceden a seguir estos ejemplos porque es más fácil que crear sus propias normas”, enfatiza.

La especialista agrega que, en general, los padres de hoy son cada vez más permisivos y les cuesta mucho decir “no” y rechazar las peticiones de sus hijos. Muchos no tienen claro qué es positivo o negativo para los niños y se guían por lo que les da felicidad inmediata, sin comprender que los buenos resultados a largo plazo se construyen día a día.

“Los padres se ven reflejados en sus hijos, por lo que es esperable que deseen que éstos sean exitosos, sin embargo, el éxito se asocia a seguir lo que muestran los medios de comunicación. Lo ideal sería que pudieran dedicarse regularmente a pensar qué quieren conseguir como familia, incorporando las metas y visiones de los hijos según su edad. Al enfocarse en los objetivos a largo plazo de la familia y en cómo quieren que sean sus hijos, pueden tomar decisiones correctas en conjunto, evaluando si lo solicitado se acerca o se aleja de lo planteado. Esta visión de largo plazo puede evitar que sea la “moda” lo que guíe sus decisiones”, concluye.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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