PARKINSON: UNA ENFERMEDAD DEGENERATIVA


Corresponde a una patología neurológica que afecta a un grupo selectivo de neuronas –células nerviosas – en el cerebro, encargadas de producir una sustancia química llamada dopamina, la cual envía señales que ayudan a coordinar los movimientos de las personas.

Al ser afectadas por esta enfermedad, las neuronas productoras de dopamina mueren o no funcionan adecuadamente, por lo que se altera el control muscular de la persona traduciéndose en temblor, rigidez, dificultad para andar y trastorno del equilibrio.

Al Parkinson también se le llama enfermedad “idiopática”, porque se desconoce su causa primaria. A diferencia del “parkinsonismo” que tiene causa conocida.

La Dra. Paulina Arriagada, neuróloga de Clínica Santa María señala que “por lo general comienza entre los 50 y 60 años, es crónica y lentamente progresiva, produciendo en los pacientes dificultades en sus labores habituales, paulatina pérdida de la capacidad física hasta llegar a la discapacidad total”.

Afecta tanto a hombres como a mujeres y su causa es desconocida, pero existen teorías que tratan de explicar la muerte neuronal. Dentro de éstas se plantea que ciertos tóxicos, pesticidas o toxinas, junto a cierta predisposición genética, podrían ser los precipitantes.

Algunos síntomas son:
• Temblor muscular, preferentemente de extremidades.
• Lentitud en la ejecución de movimientos, como vestirse y caminar.
• Movimientos automáticos (como parpadear) disminuyen de frecuencia o se detienen.
• Rigidez corporal con sensación de cuerpo pesado.
• Falta de expresión facial.
• Alteración del equilibrio y la marcha.
• Postura encorvada.
• Habla más lenta y apagada.
• Estreñimiento.

El diagnóstico es esencialmente clínico, a través de los síntomas que presenta el paciente y el examen físico. También se realizan pruebas complementarias para descartar otras causas de parkinsonismo.

En el proceso diagnóstico es relevante investigar el uso de ciertos fármacos, tales como la ranitidina o metoclopramida, entre otros, ya que en algunas personas estos pueden producir síntomas que simulan la enfermedad, pero que revierten completamente después de un tiempo al suspenderlos.

“Esta enfermedad no tiene una cura definitiva, pero sí existen fármacos que ayudan a controlar los síntomas incrementando los niveles de dopamina en el cerebro, mejorando así la capacidad física de la persona y, por lo tanto, su desempeño habitual”, explica la doctora Arriagada.

La especialista manifiesta que “el tratamiento debe iniciarse precozmente y debe ser integral, con un equipo multidisciplinario, que aborde la rehabilitación motora y el apoyo emocional del individuo, además de los fármacos utilizados. El objetivo principal del tratamiento es mantener la autonomía e independencia del paciente el mayor tiempo posible”.

El Parkinson es una enfermedad crónica que afecta no sólo al individuo que la padece sino también a su entorno familiar. Implica una serie de trastornos físicos, emocionales, sociales y económicos que deben ser conocidos y asumidos por el paciente y la familia. Por ende, deben ser capacitados sobre la enfermedad y los cuidados, además de ser apoyados psicológicamente en ese tránsito.

Para que todo el tratamiento sea adecuado y más efectivo las personas deben hacer un cambio en los estilos de vida y hábitos:
• Buena nutrición, conocer los alimentos que deben evitarse.
• Hacer ejercicio constante y programar una rehabilitación funcional con estrategias individuales y grupales.
• Descansar regularmente y evitar el estrés.
• Fisioterapia, fonoaudiología y terapia ocupacional.
• Utensilios especiales para comer.

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Categoría: Neurología.




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