PISCINAS: UNA ENTRETENCIÓN A LA QUE HAY QUE PONERLE OJO


Cercar la piscina, mantener una vigilancia constante durante el baño y conocer las técnicas de reanimación cardiopulmonar son elementos básicos para prevenir un accidente.

El ahogamiento, ya sea en una piscina o en cualquier recipiente que contenga agua, es la primera causa de muerte en niños de uno a cuatro años, afirma la Dra. Sonia Hannig, pediatra de Clínica Santa María. “Esto se debe a que están en una etapa de gran inquietud, de explorar el mundo, sumado a que carecen del sentido de peligro”, explica y agrega que “bastan dos centímetros y medio de agua para que un niño se ahogue”.

Carolina Castro vivió esta experiencia. Clemente, su tercer hijo de entonces dos años, estaba tomando su mamadera en el living mientras los adultos almorzaban en el comedor. Carolina lo vio salir al jardín sin preocuparse, pues siempre lo hacía y volvía a entrar, pero esa vez fue diferente.

“No sé qué fue lo que me hizo pararme de la mesa, porque no sentí ningún chapuzón. Salí al jardín y vi su mamadera botada en la escalera y a mi hijo flotando en la piscina. Grité y me tiré al agua, llegó mi marido y mi hermano, se los pasé y mi esposo comenzó a reanimarlo”, relata la madre, recordando aquel domingo 27 de noviembre de 2005, día en Clemente cayó a la piscina de su campo en Curacaví.

De acuerdo a las explicaciones de la Dra. Hannig, frente a estos accidentes, la prevención es lo más importante: “mantener una vigilancia continua mientras el niño está nadando, tener la piscina delimitada perimetralmente -con una reja de al menos un metro y medio- y manejar la reanimación cardiopulmonar son las principales medidas de seguridad que se deben conocer en el hogar”, asegura la especialista.

A Paul Bravo, padre de Clemente, le habían enseñado las técnicas de reanimación en su primer trabajo. “Dice que Dios lo iluminó en ese momento para hacer bien las cosas. Luego de un rato, nuestro hijo reaccionó, vomitó un poco de agua y lo llevamos a la posta de Curacaví”, cuenta Carolina.

“El pronóstico se relaciona directamente con las medidas de reanimación efectuadas en los primeros diez minutos de ocurrido el accidente”, recalca la Dra. Hannig, subrayando que el posterior traslado a un lugar donde se le pueda proporcionar oxígeno es vital. “El cerebro no tolera más de un par de minutos sin oxígeno, luego de los cuales puede quedar en un estado neurovegetativo”.

Clemente recibió oxígeno en el establecimiento asistencial de Curacaví y luego fue trasladado por sus padres a Santiago, al Servicio de Urgencia de Clínica Santa María. “El niño llegó somnoliento, pero consciente, lo que nos hacía pensar que venía bien”, recuerda su madre.

Luego de examinarlo y realizarle un electroencefalograma, el pequeño fue derivado a la Unidad de Cuidados Intensivos, donde estuvo internado por un par de noches para descartar una posible neumonía por la inmersión. “Estamos súper agradecidos de la atención que nos brindaron en la Clínica- dice Carolina -, todos estuvieron siempre muy pendientes de él y nos dieron la confianza y seguridad que necesitábamos”.

La preocupación de Clínica Santa María por sus pacientes no es sólo en los momentos críticos, cuenta la Dra. Hannig. “A través del Centro de Extensión se dictan constantemente cursos de prevención de accidentes y de primeros auxilios y son absolutamente gratuitos”.

Como lección de vida, Carolina concluye que “fue una experiencia súper dura que hace tomar conciencia de las cosas que a veces dejas pasar. La piscina no tenía reja y eso es algo que todos lamentamos profundamente. Son advertencias que no se pueden dejar pasar… Inmediatamente después del accidente instalamos la reja. Como digo yo, Clemente tiene dos cumpleaños, nació dos veces”.

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Pediatría.




Deja un comentario