Placa bacteriana y caries


Siempre se ha tratado la caries como una lesión puntual en el espacio y en el tiempo. Ésta ha sido la visión equivocada del asunto, ya que no concuerda con un tratamiento preventivo.

La caries debe ser valorada y entendida como una enfermedad en su conjunto, que tiene una evolución que empieza mucho antes de observarse la lesión cavitada en el diente.

Para el desarrollo de la caries dental es necesaria una colonización bacteriana. Aparecerán en primer lugar bacterias compatibles con la salud bucal.

La caries es una enfermedad que se puede evitar totalmente por medio de prácticas de higiene oral regulares y meticulosas, que eliminen por completo la placa bacteriana, donde se hallan las bacterias cariogénicas. Se ha demostrado en estudios que el nivel de reducción de caries es de 98% por medidas de higiene oral, profesional y personal.

Es necesario para esto poner en funcionamiento las técnicas de educación y motivación para alcanzar el reto de una dieta no cariogénica, una utilización correcta de flúor y una higiene oral eficiente.

Estas prácticas de higiene oral tienen un indudable valor en la prevención de enfermedades periodontales, las cuales están asociadas de forma mucho más directa que la caries a la presencia de placa bacteriana.

Control mecánico de placa bacteriana
Lo más importante para el control mecánico de placa es el cepillado dental.

Naturalmente el fin del cepillado de los dientes es la eliminación de la placa bacteriana adherida a la superficie de estos. Sin embargo, hay que constatar que en la dentición normal no todas las superficies de los dientes son igualmente accesibles al cepillado. A veces los filamentos o cerdas del cepillo son más gruesos que la entrada de los hoyos y fisuras ,por lo cual estos no se limpian con el cepillado.

Un cepillado rutinario de aproximadamente dos minutos de duración elimina sólo el 50% de la placa y deja la otra mitad, que rápidamente volverá a crecer.

La eficacia del cepillado dependerá de la calidad y diseño del cepillo, del método y frecuencia del cepillado, del tipo de dentífrico utilizado, y de la motivación y destreza del individuo para realizar una correcta higiene oral.

En general, hoy en día se recomienda un cepillo de dientes de cerda artificial de nailon con puntas redondeadas para minimizar las lesiones gingivales, de dureza media o suave, y con un cabezal de tamaño adaptado al tamaño de la dentición. Resulta más cómodo un cabezal relativamente pequeño para facilitar el acceso a las distintas superficies de los dientes, y un mango de la longitud y anchura suficientes como para manejarlo con seguridad. Es importante destacar que es necesario renovar el cepillo de dientes con una periodicidad adecuada para que el cepillo sea eficaz; se considera recomendable desechar un cepillo al cabo de los tres meses de uso.

Los cepillos eléctricos a la larga no dan una mejor higiene, una vez pasado el primer efecto “novedad”, aunque si son recomendables para personas con limitaciones de la movilidad manual.

Se han descrito gran variedad de técnicas de cepillado, sin que ninguna sea, de forma definitiva, superior a las demás, ya que la eficacia de cualquier técnica depende sobre todo de la motivación del usuario.

Es aconsejable facilitar un aporte de flúor al diente varias veces al día para la prevención de la caries, por tanto la práctica del cepillado con dentífrico fluorado dos o tres veces al día es recomendable. Lo ideal es cepillarse en los 10 minutos siguientes a la ingesta de alimento. Incluso hay autores que recomiendan el cepillado antes de las comidas para que haya ausencia de bacterias en el momento que el alimento se pone en contacto con el diente.

Control de placa interproximal
El cepillado de los dientes es normalmente insuficiente para la limpieza de los espacios interproximales (espacios que quedan entre los dientes), cuya higiene es necesaria para la prevención de las enfermedades periodontales y de la caries en aquellas personas especialmente susceptibles.

En individuos con espacios periodontales cerrados, la forma más adecuada para eliminar la placa bacteriana interproximal es el uso de la seda dental. Esta seda está formada por varios filamentos que se despliegan al contacto con la superficie del diente, y aumentan así el área de contacto para limpiar la superficie interproximal. La seda dental está comercializada en diferentes formas, hilo dental, cinta dental, encerado, sin encerar, con un extremo rígido y una zona más esponjosa (superfloss) etc… cada una de ellas para un uso concreto. En general, para individuos con contacto estrecho entre los dientes se usará hilo fino, y si este está encerado se facilitará aun más el deslizamiento entre los dientes. Las personas con espacios interdentales más abiertos pueden preferir la cinta dental.

La seda dental con un extremo rígido es muy útil para pacientes con aparatología ortodóncica fija y con prótesis fija (puentes), ya que el extremo rígido se puede pasar por debajo de alambres y puentes.

También existe la seda dental fluorada, que añade la acción protectora del flúor al efecto de la higiene interdental.

La seda dental se utiliza introduciéndola con suavidad entre los dientes y deslizándola con movimientos de sierra. Una vez se ha limpiado la superficie interproximal de un diente, se mueve la seda con suavidad y se repite el proceso con el diente de al lado, y así sucesivamente hasta limpiar todos los espacios interproximales de la boca.

Existen unos soportes para seda dental que facilitan su uso a personas de poca destreza manual.

Se ha comprobado en estudios que sólo cuando esta técnica de la seda dental se realiza de un modo perfecto puede ser eficaz en la prevención de caries. Sin embargo, el uso de la seda dental como mínimo una vez a la semana contribuye a la prevención de la gingivitis.

Otros métodos de higiene interdental son diferentes tipos de palillos de dientes especialmente diseñados para este uso, de forma triangular, que se pueden usar fijándolos a un mango para usarlos de lingual a bucal.

Los cepillos interproximales, de diferentes formas y tamaños, son también muy útiles para la higiene interproximal en pacientes con espacios interdentales abiertos, debido en general a enfermedad periodontal, y en los portadores de prótesis fija (puentes) para la higiene de éstas. Estos cepillos son más eficaces que los palillos y que la seda dental en pacientes con espacios interdentales grandes.

La higiene interproximal diaria en pacientes con problemas periodontales es de gran importancia para evitar la progresión de la enfermedad y, si esta higiene es meticulosa, contribuirá a prevenir caries en estos pacientes.

El uso de irrigadores (aparatos que irrigan agua u otros líquidos) es poco o nada eficaz en la eliminación de placa bacteriana, ya que sólo elimina los residuos alimenticios acumulados entre los dientes. Su uso no sustituye al cepillado o al uso de seda dental.

Los estimuladores interdentarios son unos aparatitos con forma de cuña que son de goma y sirven para masajear la encía. Esta demostrado que pueden reforzar la estructura externa de la encía, pero eso no significa que tengan capacidad de prevenir la gingivitis.

Se ha demostrado que la salud gingival puede mantenerse con la remoción periódica de la placa de las superficies dentarias sin masaje gingival específico alguno. La supuesta reducción de la inflamación gingival asociada con el masaje, probablemente se deba a la remoción de la placa de las superficies dentarias por los elementos que realizan el masaje. Sin embargo, se ha observado cierto beneficio por el uso de estimuladores interdentarios y combinaciones de palillos para los pacientes con encías blandas y tumefactas, y mala cooperación en el uso regular del hilo dental.

Existen agentes revelantes que se usan para teñir la placa bacteriana que está sobre los dientes para hacerla más visible. Hasta el momento se han empleado extensamente comprimidos que contienen colorantes para alimentos tales como eritrosina, pero ahora se están reemplazando por otros pigmentos. Se ha demostrado que el uso de pigmentos revelantes puede mejorar la efectividad de la higiene oral.

Los dentífricos son pastas o polvos utilizados con cepillos dentales u otros elementos de limpieza mecánica con el fin de limpiar los dientes. Los dentífricos contienen abrasivos, jabón o detergentes, humectantes (glicerina, sorbitol y agua) y espesantes.

Actualmente, la abrasión producida por los dentífricos puede minimizarse con el uso de cepillos dentales blandos, el empleo de pequeñas cantidades de dentífrico con bajo potencial abrasivo y evitando los movimientos de frotamiento horizontal del cepillo.

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Odontología.




Deja un comentario