Prevenir que los niños se ahoguen en una piscina


La mayor parte de los accidentes ocurren los fines de semana y después de comer, a primera hora de la tarde, cuando los progenitores están más distraídos o cansados

Refrescarse y chapotear en el agua es una de las actividades lúdicas predilectas de muchos niños durante el verano. Pero puede acabar en un accidente grave e, incluso, mortal. La mayoría de los ahogamientos por inmersión ocurren en las piscinas particulares y la mejor forma de evitarlos es la prevención. Para ello, deben aplicarse diversas medidas de protección, como las recomendadas por la Asociación Americana de Pediatría, y, para evitar un desenlace fatal, los padres deben aprender a realizar las maniobras de reanimación cardiopulmonar básica.

El pasado 14 de julio un menor de once años de Jaén se lanzó a la piscina para socorrer a otro niño, de sólo cuatro años, que estuvo a punto de ahogarse. Este pequeño tuvo suerte, puesto que el rescate no siempre llega a tiempo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los ahogamientos por inmersión en agua dulce o salada en niños de 5 a 14 años son la cuarta causa de muerte en el mundo y la quinta en niñas, ya que “los varones son más imprudentes”, admite Juan Manuel Contreras, pediatra en Alcalá La Real (Jaén) y miembro de la Asociación Española de Pediatría (AEP). “En los niños de más de un año es la primera causa de muerte y la mayoría de los casos se registran entre los menores de 10 años”, añade.

Por países, en Estados Unidos se ha constatado que el ahogamiento es la segunda causa de muerte accidental entre los pequeños de 1 a 9 años. La mayor tasa se concentra en el grupo de 0-4 años de edad, mientras que los chicos adolescentes son el segundo mayor grupo de víctimas, según informa Contreras. En España, el Ministerio de Sanidad y Política Social coincide en su página web al señalar que los niños varones de 1 a 4 años son los más vulnerables. El Ministerio asegura que “este episodio coge por sorpresa, pues es silencioso, sucede en segundos”.

“Es fundamental tener en cuenta que los bebés pueden ahogarse con poca agua, a poca profundidad. Si se caen y no se pueden levantar, basta con 30 centímetros de agua para que se ahoguen”, insiste Contreras.

Causas de los ahogamientos
Más del 85% de los ahogamientos por inmersión son accidentales y el 90% ocurre en piscinas particulares, en las zonas de más desarrollo económico y en las épocas templadas o de calor. Ahora bien, cuando un niño cae de manera accidental en agua fría y está a punto de ahogarse, su metabolismo basal baja y tiene menor riesgo, de modo que el pronóstico de estos accidentes es más favorable.

Otras causas clásicas de los ahogamientos por inmersión, como el corte de digestión o el padecimiento de un calambre, no son propias de la infancia. En los niños “el principal motivo del ahogamiento es, simplemente, sufrir un accidente o un golpe mientras se juega”, comenta Contreras. La mayor parte de estos accidentes ocurren los fines de semana y después de comer, a primera hora de la tarde, cuando los progenitores están más distraídos o cansados. “En ese momento de sopor, tras la comida, es preferible que los padres duerman la siesta y que prohíban el baño a los niños hasta más tarde, cuando estén descansados, despejados y puedan vigilarlos bien”, aconseja.

Medidas de vigilancia y protección
Las clases de natación reducen el riesgo de ahogamiento en niños pequeños, pero no sustituyen a la supervisión de los adultos
Debido a que el menor descuido puede tener un desenlace fatal, la Academia Americana de Pediatría (AAP) solicita a los padres que presten a sus hijos la máxima atención mientras estén en la piscina y que tomen medidas de protección cada vez que estos naden o jueguen cerca de una. “A pesar de que las recientes investigaciones demuestran que las clases de natación pueden reducir el riesgo de ahogamiento en niños de 1 a 4 años, las lecciones no sustituyen a la supervisión de los adultos cuando los niños están dentro o cerca del agua”, destaca Contreras.

La AAP afirma que este control debe ser ininterrumpido, puesto que es esencial para todos los niños, aunque hayan recibido clases de natación. No son pocos los menores que se han ahogado, a pesar de haber acudido a clases de natación y a quienes les supervisaban adultos que les dieron la espalda por un momento. “Ni al mar ni a los niños hay que darles la espalda, pues pueden sorprender en un momento”, recuerda al respecto Contreras. Es más, aunque sepan nadar, es conveniente que lleven salvavidas, burbujas o flotadores, al menos, hasta los 7 u 8 años, como medida de seguridad adicional, según este pediatra.

Además de extremar la vigilancia para prevenir estos temidos accidentes en las piscinas, la AAP también aconseja adecuar las instalaciones acuáticas con diferentes sistemas para velar por su integridad física. Según esta asociación, tanto las piscinas como los spas se deben cercar con una barrera o vallas con una altura suficiente para que los niños no puedan saltarlas y colocar un cierre automático para separarlos del resto de la vivienda y su terreno, ya sea un patio o un jardín.

Al contrario de lo que muchas personas imaginan, las piscinas inflables y las portátiles pueden ser peligrosas porque los pequeños pueden acceder sin problemas a ellas y caerse dentro. Para evitarlo, también se deben vallar.

Junto con las medidas citadas, tanto la piscina como el spa deben tener una cubierta especial, así como sistemas de drenaje y vaciado adecuados, para evitar que el cuerpo de un niño que sufre un ahogamiento se quede aprisionado o que se le enrede el cabello. Las piscinas públicas cuentan a menudo con estos sistemas, pero no las piscinas particulares, donde tienen lugar la mayor parte de los accidentes.

Ante las advertencias de la AAP, los padres deben utilizar varios niveles de protección, tales como la vigilancia cuidadosa de sus hijos, el aprendizaje de la reanimación cardiopulmonar (RCP) básica y la instalación de cercas, una cubierta y una alarma, para garantizar que el tiempo que los pequeños pasen junto al agua sea divertido, pero seguro.

Secuelas de los “casi ahogamientos”
Según información del Ministerio de Sanidad y Política Social, por cada muerte por ahogamiento que se registra durante la infancia, en torno a 140 niños precisan un ingreso hospitalario, a otros 20 se les atiende en urgencias y luego reciben el alta médica. Pero, entre quienes sufren una inmersión, la mortalidad llega al 50%, la conciencia se pierde a los 2 minutos y el daño cerebral es irreversible a los 4 ó 6 minutos.

Los factores difundidos por la OMS y que están reconocidos en diversos estudios como agravantes del pronóstico de los niños que están a punto de ahogarse son la falta de conciencia al llegar a urgencias, la ausencia de maniobras de RCP básica durante los diez primeros minutos que siguen al rescate, haber sufrido una inmersión durante más de cinco minutos y que el niño accidentado tenga menos de tres años.

Cuando un pequeño que sufre uno de estos accidentes acumula menos de tres factores, entre los anteriores, la posibilidad de superar el accidente y de ausencia de daño neurológico es del 95%, es decir, sólo el 5% sufrirá secuelas neurológicas.

REANIMACIÓN CARDIOPULMONAR BÁSICA EN NIÑOS

El mejor tratamiento en los niños es la prevención. No obstante, por suerte, en su mayoría se registran “casi ahogamientos”. Ante la sospecha de estos, debe acudirse cuanto antes a socorrer al niño afectado. Las maniobras de reanimación deben empezar a realizarse dentro del agua, durante los primeros cinco minutos, y no deben participar en el rescate las personas que no estén capacitadas, ya que se puede complicar e, incluso, es posible que se hundan con el propio niño.

La RCP básica se realiza en los primeros cuatro minutos y comprende maniobras que pueden llevar a cabo personas que no son profesionales sanitarios, mientras que la reanimación cardiopulmonar avanzada debe aplicarse antes de ocho minutos. Los padres con niños pequeños y piscinas deberían aprender RCP básica, aunque Juan Manuel Contreras advierte de que “no es suficiente con aprender la teoría y la práctica”. Su aprendizaje debe ser repetitivo y secuencial, han de entrenarse de manera continua para no olvidarlo si llega el momento de utilizarlo.

A diferencia del protocolo que se sigue con los adultos, según el cual primero se llama a los servicios de emergencias y después se inician las maniobras de RCP, con los niños hay que obrar al revés: primero se debe realizar la RCP básica y después llamar a emergencias. Una vez que se inicia, hay que sacar al pequeño cuanto antes del agua, para evitar otros problemas como el enfriamiento. Durante el traslado del agua al exterior, se mantienen las maniobras de RCP básica, que debe ser de aplicación rápida, inmediata y coordinada con el personal sanitario.

A pesar de que las nuevas revisiones de las guías de RCP señalan que la frecuencia de compresiones torácicas es de treinta por dos insuflaciones de aire tanto en niños como en adultos, éstas varían en función de la edad del menor: en los lactantes y menores de 1 año la insuflación de aire debe abarcar tanto la boca como la nariz del bebé. En los pequeños de 1 a 7 años se hace sólo en la boca y en los niños de más de 8 años, se debe realizar el boca a boca.

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Categoría: Consejos para Mamá.




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