PRIMER TRANSPLANTE PEDIÁTRICO DE MÉDULA ÓSEA


Alrededor del 10% de los niños con cáncer necesitan un transplante de médula ósea. A partir de enero, Clínica Santa María también ofrece este procedimiento a sus pacientes pediátricos.

Desde enero de este año, el equipo de salud de Clínica Santa María está perfectamente dispuesto para realizar el único procedimiento que faltaba para combatir el cáncer en niños, el transplante de médula ósea.

Con el objetivo de ofrecer una Unidad de Oncología Pediátrica cien por ciento preparada para acoger a niños con cáncer y brindarles todos los tratamientos necesarios para lograr una recuperación exitosa, a mediados del 2005 se incorporó al staff médico de la Clínica el Dr. Claudio Mosso, uno de los especialistas con mayor experiencia en transplantes pediátricos de medula ósea. Junto a esto, se amplió la dotación de camas para pacientes pediátricos oncológicos y se formó el equipo de enfermería oncológica pediátrica, con enfermeras capacitadas en este tipo de procedimientos.

De esta forma, el pasado 9 de marzo se realizó el primer transplante pediátrico de médula ósea a una niña de 11 años, cuya donante fue su hermana, de 14. El procedimiento comprende una etapa de preparación previa, el transplante en sí y un período de recuperación y observación de tres semanas, después de las cuales Nillme podrá irse a su casa.

Sin embargo, los resultados de este procedimiento no son rápidos -al igual que todos los destinados a combatir el cáncer en niños-, ya que sólo después de cinco años es posible confirmar con absoluta certeza que el paciente está completamente sano.

– Etapas del transplante de médula ósea

El Dr. Claudio Mosso, oncólogo pediátrico de Clínica Santa María, explica que “existen dos tipos de transplante de médula ósea. El alogénico, que consiste en reemplazar una médula enferma por una sana extraída de un donante, que generalmente es un hermano del paciente, pero también puede provenir de otra fuente, como de un cordón umbilical o de otro donante no familiar”.

“También existen los transplantes autólogos o autotransplantes, en los cuales se hace una quimioterapia muy intensa para controlar el tumor y posteriormente se transplantan células madre hematopoyéticas del propio paciente, las que fueron previamente recolectadas y guardadas congeladas”, señala el especialista.

El transplante de médula comprende 4 etapas. “Existe un período previo en que se busca un donante compatible, el cual es evaluado para asegurarse de que está en condiciones de donar medula ósea sin problemas. Posteriormente, el paciente es sometido a un Tratamiento de Acondicionamiento y Preparación que dura una semana, en el cual se le aplica quimioterapia y, en algunos casos, radioterapia”. Esta etapa tiene 3 objetivos: eliminar cualquier célula tumoral residual del paciente, anular su médula ósea y producir inmunosupresión, es decir, disminuir su sistema inmune para que las células del donante se alojen en su organismo sin ser rechazadas.

El siguiente paso es el transplante, “en el cual se saca la médula ósea del donante en un procedimiento sencillo, pero que requiere de anestesia general. Luego, esa médula se infunde en el paciente oncológico. Después hay un período de post transplante inmediato, en que debe permanecer hospitalizado durante 3 semanas aproximadamente”, afirma el Dr. Mosso.

“Los primeros indicios del éxito del transplante se pueden apreciar cuando el paciente, que ha pasado por un período de aplasia -no produce sangre y necesita transfusiones-, empieza a producir glóbulos rojos, blancos y plaquetas. Eso significa que la médula ha vuelto a funcionar y ocurre unas dos o tres semanas después de que se infunden las células del donante, por eso debe estar hospitalizado”, señala el oncólogo pediátrico.

El Dr. Mosso cuenta que “después del transplante, el paciente queda con las defensas muy bajas, por lo que tiene riesgos de infecciones. Por esta razón, debe estar aislado en piezas especialmente acondicionadas para disminuir el riesgo de contaminación con microorganismos. En nuestro servicio, las habitaciones de los pacientes sometidos a transplante cumplen el estándar internacional de contar con presión positiva y filtro HEPA, que impide el paso de bacterias y hongos”.

A pesar de estas medidas, estos pacientes tienen un alto riesgo de infecciones y es frecuente la presencia de fiebre, que requiere tratamiento con antibióticos. El especialista agrega que “otra complicación frecuente del transplante familiar es la presencia de enfermedad injerto contra huésped, en que las células del donante reconocen como extraño el cuerpo del paciente, lo cual es tratado con medicamentos. Eso pasa en la mitad de los casos y no es signo de fracaso”.

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Categoría: Pediatría.




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