PUBERTAD: ¿CÓMO REACCIONAR FRENTE A ESTE PROCESO?


Las transformaciones de la adolescencia causan constantes desajustes entre padres e hijos. Aprenda a comprenderlos y guiarlos en este difícil período de transición.

Si nota que su hijo crece abruptamente, la ropa le queda chica, anda desgarbado, torpe, el genio le cambia de un momento a otro y, de a poco, toma distancia de la familia, no se alarme, ya que no son cambios definitivos sino el comienzo de una etapa de transición llamada adolescencia.

La Dra. María Eugenia Henríquez, especialista en adolescencia, la define como “el período de la vida humana en que el individuo progresa desde la aparición inicial de las características sexuales secundarias hasta la madurez sexual. En un principio, involucra cambios físicos, luego se manifiestan los psicológicos y, ya marcando el final de la adolescencia, aparecen los sociales”.

Este proceso consta de tres etapas con características propias y distintas unas de otras. La adolescencia temprana abarca aproximadamente desde los diez a los trece años; la media, de los catorce a los dieciséis; y la tardía, de los diecisiete a los diecinueve.

Durante la adolescencia temprana se da la pubertad, más bien conocida como edad del pavo. “Aunque los cambios físicos no tardan mucho en completarse, no hay que olvidar que el joven todavía no tiene la madurez psicológica ni social; por lo tanto, no son independientes ni piensan como adultos”, explica la Dra. Henríquez.

La especialista refiere que los cambios biológicos de la pubertad son de tres tipos. “Primero se produce el crecimiento rápido o estirón puberal; luego aparecen los caracteres sexuales secundarios y, por último, la maduración de las hormonas, ovario y testículo, adquiriendo así la capacidad de reproducirse. Todas estas transformaciones se producen por acción directa de hormonas, es casi un terremoto biológico” señala.

El inicio y término del desarrollo varía según el sexo. “En las niñas aparece entre los ocho y trece años; en cambio, en los niños ocurre un poco después, entre los nueve y hasta los quince años. Esta diferencia se mantiene hasta el final del crecimiento, que en la mujer se completa -en promedio- a los 16 y en el varón, a los 18”. El proceso puberal completo puede durar entre dos y cinco años; por eso se habla de maduradores rápidos y lentos.

– Cambios de la pubertad

La Dra. María Eugenia Henríquez cuenta que en la pubertad se establece alrededor del 50% del peso y 25% de la talla que los niños como adultos. Por eso es importante controlar la alimentación y el ejercicio, ya que ayudan a que expresen todo su potencial genético, favoreciendo diversos aspectos.

Durante la pubertad, el peso de las mujeres aumenta alrededor de nueve kilos al año y en el varón bordea los doce kilos anuales. Con respecto a la talla, las niñas crecen entre seis y once centímetros al año y los niños, hasta doce. Este crecimiento se inicia por las extremidades y después se extiende hacia el tronco; primero crece el esqueleto y después los músculos (de ahí el aspecto desgarbado y torpe del púber).

Hacia el final del desarrollo se adquiere la capacidad reproductiva. “En las niñitas hablamos de menarquia o primera menstruación, la que en los varones se corresponde con la primera eyaculación”.

Otros cambios se ven en la piel, que se vuelve más grasosa, áspera y se cubre de vellos, con distribución femenina o masculina. Aparece el acné y a los hombres les empieza a cambiar la voz, por desarrollo de la manzana de Adán.

“Los púberes se preocupan mucho por su cuerpo y desarrollo físico, porque a través de él se comunican y representa lo que ellos son. Es por esto que pasan mucho tiempo frente al espejo y sienten ansiedad por los cambios que les ocurren. Muchas veces sus motivos de consulta se relacionan con esto; por ejemplo, son frecuentes las preguntas por síntomas psicosomáticos o físicos –sin que exista enfermedad-, las autoagresiones, la moda y el uso de piercing y tatuajes. Nuestro deber es estar atentos a estos signos y leer lo que hay detrás de ellos”, afirma la especialista.

“En términos afectivos, comienza la etapa de los amigos del mismo sexo, las fantasías sexuales y primeras masturbaciones -entendiéndose como la estimulación de las partes íntimas para lograr sensaciones agradables-. Esta última hay que considerarla como un proceso biológico, fisiológico de funcionamiento normal que pretende, de alguna manera, expulsar hacia afuera esa nueva energía mientras se preparan para la vida de pareja”, dice. Surge el amor platónico y empiezan a alejarse afectivamente de la familia y se acercan al grupo de amigos.

“Alrededor de los quince años, su pensamiento pasa a ser más hipotético deductivo, pero es inestable, es decir, a veces piensan como grandes y otras veces son unos niños. Esto implica que no se anticipan a las consecuencias de sus actos, especialmente los sexuales. Aprender de los hechos anteriores es una capacidad que termina su desarrollo alrededor de los veinte años”.

Es la edad de la omnipotencia, invulnerabilidad y egocentrismo. Con el tiempo tienen grupos más heterosexuales y con ello los primeros pololeos. Pueden aparecer dudas acerca de la orientación sexual y fluctuaciones emocionales y de humor. También empieza el proceso de búsqueda de identidad propia, donde se preguntan: quién soy, hacia dónde voy, de dónde vengo, etc. Hacia el final de la adolescencia tendrían que tener estos temas ya resueltos.

“Por último, quisiera recordar que a esta edad los estilos de vida, la alimentación y el ejercicio influyen en la salud del joven y que, por otro lado, se pueden iniciar algunas conductas de riesgo; como probar tabaco, alcohol, drogas, sexualidad precoz o no protegida, accidentes y conductas violentas o deserción escolar, que pueden tener consecuencias para toda la vida. Esto hay que tenerlo en cuenta porque podemos prevenir estando alertas”, asegura.

– Rol de los padres

Según la Dra. Henríquez, la clave para evitar que un niño se distancie demasiado de su familia y no sepa cómo asumir lo que le está sucediendo es contarle anticipadamente lo que le va a pasar y aceptar que este proceso involucra ciertos cambios y conflictos “normales” y necesarios para crecer.

“Son increíbles los resultados cuando se va preparando al niño y los padres para lo que viene y no se espera el terremoto para empezar a apagar incendios. No hay que temer y al conversar de las cosas, no exagerarlas. Para esto es bueno que los padres se acuerden de su propia adolescencia y de cómo la vivieron. Si la mamá tuvo su primera menstruación a los catorce años, lo más probable es que su hija la tenga también a esa edad, ya que los factores genéticos tienen una gran incidencia en el desarrollo”.

“Por eso, cuando su hijo inicie esta etapa, lo mejor es tomarse las cosas con calma, prepararse, evaluar el entorno, conocer sus conductas en el colegio, su rendimiento y amigos; cultive la comunicación y sepa escuchar más que ‘sermonear’. De esta forma, podrá determinar a tiempo qué tanto afectan estos cambios a su hijo y si es necesario tomar alguna medida”, finaliza.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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