ROSÁCEA, CARA ROJA Y SENSIBLE


Enrojecimiento facial y sensibilidad que se puede acompañar de vasos sanguíneos visibles en la cara, también llamadas teleangectasias.

Lesiones acneiformes -granos, espinillas-, sequedad, irritación o escamas en la cara, son algunas formas en que se presenta esta enfermedad que se manifiesta inicialmente en la adolescencia tanto en hombres como mujeres.

Si bien las causas de la Rosácea se desconocen, se cree que influyen algunos factores como la genética, alteraciones en la función de los vasos sanguíneos y agentes microbianos. “Por lo general, quienes sufren de este mal tienen antecedentes familiares, son de piel clara, padecen históricamente de enrojecimiento facial de años –flushing-, brotes de granos, espinillas y tienen tendencia a la irritación facial”, explica el Dr. Felipe Mardones, dermatólogo de Clínica Santa María.

Así también, existen factores que pueden agravar su aparición como el calor directo en la cara, cambios bruscos de temperatura, la radiación ultravioleta, algunos alimentos, alcohol, estrés y medicamentos tópicos o sistémicos.

– Tipos de Rosácea y sus manifestaciones

Dependiendo del predominio de lesiones cutáneas se clasifican en:

– Eritematosa Telangectásicas: ruborización episódica de predominio centro facial que dura por más de 10 minutos. Afecta el área periférica del rostro, los pabellones auriculares, el cuello y la parte alta del pecho. Su aparición se puede desencadenar al consumir bebidas con temperaturas extremas, comidas muy condimentadas o por beber alcohol.

Generalmente, cuando este tipo de Rosácea aparece la persona siente ardor o picazón y frecuentemente intolerancia a diversas sustancias tópicas, como filtros solares y cosméticos. Con el tiempo, el eritema tiende a ser persistente y continuo, acompañado de telangectasias inicialmente finas en las alas nasales para luego extenderse a las mejillas.

– Pápulopustular: presencia de eritema en la porción central de la cara, junto con lesiones parecidas a las del acné que van desde pequeñas granos rojos con o sin pus hasta grandes nódulos de evolución intermitente. Se observa principalmente en mujeres entre 30 y 40 años.

– Fimatosa: se presenta con un aumento del tamaño de las glándulas sebáceas, principalmente en la nariz, donde el poro es más abierto y con un aspecto de “piel de naranja”. En estados avanzados hay fibrosis y su aspecto es nodular. Sin embargo, existen casos en que afecta la nariz –rinofima-; mandíbula –gnatofima-; frente –metofima-; los dos pabellones auriculares –otofima- o los párpados –blefarofima-.

– Ocular: sus características incipientes no son tomadas en cuenta, por lo que un 50% de los casos de Rosácea cutánea se deben a este tipo. Se inicia con síntomas vagos como ardor, prurito, sensación de ojo seco o de cuerpo extraño, lagrimeo o fotofobia, responsabilizando a los lentes de contacto, el sol o a la contaminación ambiental.

– Manejo de la Rosácea

Es importante que el tratamiento de esta enfermedad sea integral y que la persona evite los factores que la agraven, tales como:

– Calor directo en la cara
– Cambios bruscos de temperatura
– Ingesta de alimentos cálidos, condimentados y alcohol
– Manejo de estrés – ansiedad
– Exponerse al sol
– Evite procedimientos o productos irritantes

Así también, existen diversos tratamientos dermatológicos que permiten disminuir la inflamación y controlar la enfermedad:

– Productos tópicos: diseñados para aliviar los síntomas, humectar, disminuir el enrojecimiento y tratar granos y espinillas.

– Productos orales: pueden ser antibióticos -se usan por efecto antinflamatorio, semanas a meses- o Retinoides -derivados de la vitamina A-.

– Terapias Ablativas: disminuyen el enrojecimiento y cauterizan los vasos sanguíneos. Para esto, se utilizan técnicas como la Crioterapia –nitrógeno líquido-, Electrocauterización y Láser.

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Categoría: Dermatología.




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