Síndrome del edificio enfermo


En la actualidad, un gran porcentaje de nuestro tiempo transcurre en ambientes cerrados contaminados en mayor o menor medida. Este ambiente cerrado puede ser doméstico y laboral. Dentro de este último podemos encontrar el ambiente laboral industrial y el de los trabajadores de servicios (oficinas, bancos, centros comerciales, administración, etc.). Cada día adquieren mayor importancia los efectos provocados para la salud la mala calidad del aire que respiramos.

A partir de la década de los 80 estos efectos se han incrementado ante la aparición de nuevos edificios modernos con un diseño y una construcción hermética en los que hacen aparición de forma masiva los sistemas de aire acondicionado y en los que la recirculación del aire es muy importante con objeto de asegurar un ahorro de energía.

Síndrome del edificio enfermo Glosario Médico

La Organización Mundial de la Salud (OMS), ha definido como Síndrome del Edificio Enfermo (Silk Buildings Syndrome, “SEE”), a un conjunto de molestias y enfermedades originadas por la mala ventilación, la descompensación de temperaturas, las cargas iónicas y electromagnéticas, las partículas en suspensión, los gases y vapores de origen químico y los bioaerosoles, entre otros agentes causales identificados. El tipo de dolencias que producen estas situaciones es variado: jaquecas, nauseas, mareos, resfriados persistentes, irritaciones de las vías respiratorias, piel y ojos, etc.

Entre estas dolencias las alergias ocupan un papel importante. Para diagnosticar la existencia de un SEE tiene que efectuarse una investigación cuidadosa entre el personal afectado, teniendo en cuenta los síntomas reseñados. La OMS diferencia dos tipos distintos de edificio enfermo. El que presentan los edificios temporalmente enfermos, en el que se incluyen edificios nuevos o de reciente remodelación en los que los síntomas disminuyen y desaparecen con el tiempo, aproximadamente medio año, y el que presentan los edificios permanentemente enfermos cuando los síntomas persisten, a menudo durante años, a pesar de haberse tomado medidas para solucionar los problemas.

El SEE afecta a cierta proporción de ocupantes de edificios no industriales, siendo los síntomas difícilmente objetivables mediante pruebas diagnósticas. Por lo general los síntomas no son severos, no obligan a la baja, por lo que se tiende a minimizar el problema, aunque en la colectividad origina una sensación de disconfort. Cuando esta sintomatología afecta a más del 20% se habla de SEE. Cuando hace aparición el SEE existen unas pérdidas del rendimiento que superan el 25%, lo cual conlleva a la pérdida del 10% de la productividad anual. Es frecuente que la sintomatología se presente con variaciones según la época del año, dependiendo en muchas ocasiones de la temperatura, humedad, grado de funcionamiento de los sistemas de refrigeración, calefacción, etc. Toda esta sintomatología tiene una cronología muy concreta, aparece cuando se comienza a trabajar en el edificio y se va incrementando a medida que la jornada laboral se alarga, desaparece los fines de semana o en época de vacaciones.

Origen de los contaminantes

Los contaminantes pueden tener su origen en una variedad de fuentes de dentro o fuera de un edificio. Materiales químicos, bacterias, hongos, el polen y el polvo todos pueden contribuir al problema, al igual que factores que no tienen que ver con la calidad del aire, tales como la temperatura, la humedad, la iluminación, el ruido, el estrés personal y el relacionado con el trabajo y condiciones de salud pre-existentes.

Las fuentes potenciales de contaminantes en edificios de oficinas incluyen: el humo de tabaco; el polvo; el mantenimiento deficiente de los sistemas de calefacción, ventilación y aire acondicionado; los materiales de limpieza; los pesticidas; los materiales de construcción; los muebles; los desechos metabólicos de los ocupantes (respiración y transpiración); y los cosméticos. Aunque estos están prácticamente presentes en algún grado en todo edificio, causan problemas serios respecto a la calidad del aire interior sólo cuando las concentraciones son excesivas.

Las superficies polvorientas, el agua estancada y los materiales húmedos ofrecen un entorno ideal para el crecimiento de bacterias. Cuando esporas de moho y otras partículas microbianas son llevadas por el aire, algunos ocupantes de edificios pueden sufrir reacciones alérgicas. Una infección potencial pero sumamente rara es aquella causada por la bacteria Legionella.

Los contaminantes también pueden originarse fuera del edificio y penetrar por las entradas de aire exterior o, en los casos en que la cantidad de aire extraída del edificio por el sistema de climatización es mayor que la cantidad de aire suministrada, fluyendo dentro del edificio por cualquier brecha disponible.

La mala calidad del aire interior ocurre cuando la ventilación no es lo suficientemente adecuada como para mantener las concentraciones de contaminantes a niveles que no produzcan problemas de salud a los ocupantes. El sistema de climatización no sólo debe controlar los contaminantes, sino que debe proveer un entorno cómodo. La mayoría de los ocupantes están de acuerdo en que la calidad del aire interior es buena cuando el aire está libre de olores y polvo, cuando no está ni demasiado quieto ni hay corrientes de aire y cuando tiene una temperatura y humedad cómodas.

Las pautas generales para lograr una buena calidad del aire interior incluyen

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