Tabaquismo pasivo: Niños obligados a fumar


Múltiples estudios demuestran que los menores expuestos al humo del cigarrillo sufren más asma, infecciones del oído medio y muerte súbita, entre otras enfermedades. Asimismo, se ha comprobado que un ambiente libre de humo es la única protección realmente efectiva.

Los expertos calculan que sólo el 15% del humo de un cigarrillo es inhalado por el fumador. El humo restante o secundario se dispersa en la atmósfera y puede ser aspirado por otras personas, quienes se transforman en fumadores pasivos.

Este fenómeno causa 600.000 muertes prematuras al año y el 31% de las víctimas son niños, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), cifra que puede sorprender, pero que no es rara si se considera que cerca del 40% de los menores está regularmente expuesto al humo ajeno en el hogar.

El humo secundario del tabaco -clasificado por la Agencia de Protección Medio Ambiental como una sustancia cancerígena del tipo A, junto con el arsénico y el benceno, entre otros- tiene dos vías de evacuación: una central que libera los vapores calientes del cigarrillo, y una periférica que es la que elimina el 70 a 80% de las sustancias más tóxicas (nicotina, monóxido de carbono, alquitrán y otras sustancias cancerígenas). Este último es el que queda en suspensión, el cual inhala el fumador pasivo.

El doctor Raúl Corrales, broncopulmonar infantil de Clínica Alemana, explica que la exposición al humo secundario tiene diversas consecuencias negativas para los niños. Los efectos inmediatos son, principalmente, irritación de ojos y garganta, tos, dolor de cabeza, náuseas y mareos, además de aumento de enfermedades respiratorias, como bronquitis obstructiva, asma bronquial e infecciones respiratorias, que van desde neumonía y bronconeumonía, hasta sinusitis y otitis media. También se asocia a un aumento de Síndrome de Muerte Súbita, especialmente en lactantes menores de seis meses.

Un informe sobre tabaquismo pasivo y niños, publicado el 24 de marzo de este año por el Royal College of Physicians, revela que la carga anual de enfermedad en los menores expuestos al humo del cigarrillo en el Reino Unido es un verdadero problema: 165.000 nuevos episodios de enfermedades como asma e infecciones del oído medio; 300.000 prestaciones de atención primaria, 9.500 ingresos hospitalarios, y cerca de 40 muertes súbita de lactantes. Además, sostiene que quienes crecen con un padre o miembro del hogar que fuma tienen casi el doble de probabilidades de convertirse en fumadores.

Esta sustancia también tiene efectos a largo plazo, dado que aumenta entre tres y cuatro veces el riesgo de desarrollar cáncer pulmonar en el futuro. Además, en los adultos, el tabaquismo pasivo causa graves enfermedades cardiovasculares y respiratorias, como cardiopatía coronaria y enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), entre otras.

El especialista agrega que aspirar este humo durante el embarazo puede ocasionar graves problemas en el feto, como bajo peso al nacer, menor desarrollo del aparato respiratorio y mayor riesgo de parto prematuro.

Espacios libres de humo
El informe de la OMS sobre la epidemia mundial de tabaquismo, publicado en 2009, se centró en crear ambientes totalmente libres de humo de cigarro, ya que es la única manera de proteger a las personas de los efectos nocivos del tabaquismo pasivo.

De acuerdo con un artículo publicado a fines de marzo de este año por The Lancet, la decisión del gobierno británico de hacer los espacios públicos cerrados libres de humo, en Escocia en 2006, y en Gales, Irlanda del Norte e Inglaterra en 2007, ha sido un éxito en términos de la salud pública. Se redujo el tabaquismo pasivo y las enfermedades relacionadas con el cigarrillo, como las cardiovasculares agudas. Asimismo, las empresas se han adaptado a la prohibición de fumar, lo que se ha traducido en un cumplimiento generalizado.

La OMS es enfática en sostener que las zonas de fumadores separadas o ventiladas en recintos como restaurantes, por ejemplo, no protegen al resto de la inhalación del humo. Esta sustancia puede propagarse de una zona a otra, incluso si las puertas entre ambas están cerradas y existen dispositivos de ventilación. Sólo un ambiente totalmente libre de humo constituye una real forma de evitar los dañinos efectos de respirar el humo ajeno.

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Categoría: Pediatría.




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