TRASTORNOS DEL SUEÑO EN NIÑOS


Que su hijo duerma mal se debe a diversos factores. Reconocer la causa lo ayudará a terminar con este problema.

Descansar y reponer las energías del día, son los principales objetivos de un buen dormir. No conciliar un sueño de buena calidad, se puede deber a diversos factores tanto ambientales como patológicos. Por eso, es fundamental que conozca la fisiología normal del sueño en las diferentes edades.

Durante la noche, adultos y niños tienen microdespertares, los que ocurren entre uno y otro ciclo de sueño y consisten en que mientras la persona duerme, inconscientemente se despierta a media noche, se da vuelta, se tapa y rápidamente vuelve a dormir, comenzando un nuevo ciclo de sueño.

Esta etapa del sueño es bastante común y no significa que la persona tenga algún trastorno del sueño. Sin embargo, “cuando el recién nacido tiene estos microdespertares y los padres encienden la luz, juegan con él o lo alimentan, provocan que el pequeño se despierte realmente, alterando la fisiología y mantención normal del sueño”, explica el Dr. Yuri Dragnic, neurólogo infantil de Clínica Santa María.

Lograr un sueño confortable, tranquilo y sin alteraciones durante la noche depende de las rutinas y los hábitos que le inculque a su hijo desde que nace. Una de las recomendaciones es respetar la cantidad de horas de sueño de los niños, las cuales van de acuerdo a su edad:

– Recién nacido: Necesitan entre 16 y 18 horas de sueño, con intervalos de vigilia que utilizan básicamente para alimentarse.
– Preescolar: Desde los tres años, el niño necesita dormir 12 horas y tener una siesta al día, idealmente después de almuerzo con una duración de dos a tres horas. A los cuatro años no se les permite la siesta y a los ocho es recomendable que el pequeño duerma 10 horas.
– Adolescente: El tiempo que requieren los jóvenes es entre nueve y 10 horas sin siesta.

– Rutinas y hábito de sueño

Para lograr que el niño tenga un sueño sin alteraciones ambientales, es fundamental que los padres les creen hábitos del sueño. El Dr. Dragnic entrega algunas recomendaciones:

– A los cuatro meses, se debe reducir la alimentación diurna y suspender la nocturna. Además, es importante que a esta edad el niño duerma en su dormitorio y no en el de los padres.
– La cuna y el ambiente general del dormitorio deben ser acogedores, sin luminosidad cambiante y en lo posible ausente de ruidos.
– Los objetos transicionales como los “tutos”, tienden a ayudar a los niños a superar la ausencia de los padres. Lo mismo ocurre con los chupetes, útiles en esta etapa.
– Promueva el sueño sin la presencia de adultos.
– Evite la presencia de equipos electrónicos en el dormitorio.
– Evite el cambio de estrategia, ya que aumenta la ansiedad en los niños. La modificación de un mal hábito no es una respuesta inmediata, por eso debe ser constante y mantener la misma técnica.

Además, considere los siguientes conceptos:

– Cuando el niño se va a dormir, la casa se va a dormir. No significa que los adultos tengan que ir a la cama, pero sí que el nivel de actividad, luminosidad o ruido disminuyan para propiciar e incorporar la rutina del sueño en los niños.
– Los trastornos de sueño pueden ser causa de alguna enfermedad que requiera una evaluación pediátrica o, en el caso de los recién nacidos, que necesiten que los cambien de pañal.
– Las bebidas cola y el café contienen cafeína y el té teína, por lo que tienen un efecto estimulante y deben ser eliminados.

– Otros fenómenos

Además de los problemas ambientales, existen algunos trastornos que alteran el sueño de los niños, generando alarma en los padres pero que no tienen efectos malignos. Los más frecuentes son las parasomnias:

– Ritmias motoras: Movimientos de autoestimulación que permiten inducir el sueño.
– Somniloquia: Hablar dormido.
– Sonambulismo: Manifestación de actos motores simples hasta comportamientos complejos.
– Terrores nocturnos: Ocurre en el primer tercio de la noche. Tiene un episodio brusco y súbito con gritos desgarradores, expresión de angustia facial y muchas veces van acompañados de enrojecimiento de la cara y sudoración importante. El niño no se acuerda al despertar a menos que lo despierten cuando esté ocurriendo el hecho.
– Pesadillas: Aparecen en las últimas horas del sueño, es decir, a las seis o siete de la mañana.

Así también, existen otros tipos de parasomnias menos frecuentes propias del adolescente:

– Parálisis del despertar: Desincronización entre los mecanismo del control muscular y conciencia. Hay un momento en que la persona tiene conciencia de su entorno, pero no tiene la capacidad de controlar sus movimientos musculares.
– Alucinaciones hipnagógicas: Fenómenos de una interpretación errada en el despertar.
– Narcolepsia: Tanto niños como adultos caen rápidamente en la etapa más profunda del sueño. Por lo tanto, son personas que bruscamente pierden el tono postural y caen en sueño profundo.
– Insomnio: Incapacidad para iniciar o volver a conciliar el sueño.
– Hipersomnia: Exceso de sueño.

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Psicología y Psiquiatría.




Deja un comentario