TRASTORNOS DEPRESIVOS


Un trastorno depresivo no es lo mismo que un estado pasajero de tristeza, es más bien una enfermedad de la cuál una persona no puede liberarse a voluntad, causando gran sufrimiento y dolor en su vida y en la de quiénes le rodean.

La Depresión es un trastorno afectivo que aqueja al organismo, el estado de ánimo y la manera en que una persona piensa y concibe la realidad, afectando al 14% de la población mundial.

Se manifiesta de diversas maneras, afectando el ciclo normal de sueño-vigilia y alimentación, alterando la visión y la valoración que la persona tiene de sí mismo, por lo que se genera una importante baja de autoestima.

“El estado anímico es tan bajo que altera la vida cotidiana, imposibilitando la actividad laboral y vivencia de los afectos. Es una enfermedad que si no es tratada, puede ser de riesgo vital”, explica el psicólogo de Clínica Santa María, Juan Pablo Westphal.

Se ha demostrado que la mejor forma de tratar un cuadro depresivo es por medio del apoyo medicamentoso y de psicoterapia, “los antidepresivos son en general muy efectivos, siendo cada vez menos los síntomas secundarios, por otra parte, la psicoterapia es fundamental para enfrentar los sucesos y experiencias que gatillan una depresión y fortalecer aquellas estructuras de personalidad y autopercepción del yo propias del paciente, que son ‘ caldo de cultivo’ para este tipo de enfermedades”, agrega el psicólogo.

Es necesario saber distinguir una vivencia emocional difícil de la depresión. El duelo, por ejemplo, es considerado una respuesta saludable e importante para enfrentar una pérdida, en el que una persona sufre una sucesión de emociones que incluyen shock y negación, soledad, desesperación, alejamiento social y rabia. Se espera que dure entre tres y seis meses.

Por otra parte está la soledad, que también es algo normal y se asocia a la autoestima y fortaleza del yo. A pesar de que se presenta en la Depresión, ésta no es condición necesaria para hablar de un trastorno como tal. La soledad pasa a ser un síntoma cuando se caracteriza por una sensación de miseria, de desesperanza, por unas expectativas de la vida poco realistas y por sentirse marginado de los demás.

La gravedad, duración y presencia de los síntomas son los factores que distinguen la tristeza normal de un síndrome depresivo. Hay que considerar además una combinación entre genética, disfunciones biológicas y causas reactoras del medio. Existen distintos tipos de depresión:

a) Depresión Mayor:
Se puede diagnosticar una depresión mayor si se identifica la presencia de cinco o más de los siguientes síntomas durante un periodo de dos semanas, lo que representan un cambio respecto de la actividad previa, al grado de provocar deterioro social y laboral:

– Estado de ánimo depresivo la mayor parte del día (tristeza, vacío, llanto)
– Disminución clara del interés o de la capacidad para sentir placer.
– Pérdida importante de peso sin hacer dieta, alteración del apetito.
– Insomnio o hipersomnio casi todos los días.
– Agitación o lentitud creciente de funciones psicomotoras.
– Fatiga o pérdida de energía, irritabilidad.
– Sentimiento de inutilidad o de culpa excesivos o inapropiados.
– Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse.
– Pensamientos recurrentes de muerte (no sólo temor a la muerte), ideación suicida recurrente sin un plan específico o una tentativa de suicidio.

b) Distimia (o depresión crónica):
Se presentan la mayoría de los síntomas de la Depresión Mayor, con menor intensidad y durante más tiempo, como mínimo dos años.

Podría ser descrita como un “velo de tristeza” que afecta todas las actividades de la vida. Se percibe una baja de energía, negatividad general, sentimiento de insatisfacción y desesperanza, sin embargo, como se trata de un trastorno que se prolonga por largo tiempo, la persona no muestra cambios conductuales notorios en la conducta diaria. Por lo general, no aparecen trastornos en la conducta alimenticia ni en el apetito sexual.

c) Trastorno Bipolar:
La también llamada enfermedad Maníaco-Depresiva, se caracteriza por cambios cíclicos en el estado de ánimo: fases de ánimo elevado o eufórico (manía) y fases de ánimo bajo (depresión). Estos cambios de estado de ánimo pueden ser dramáticos y rápidos, pero por lo general son graduales.

Cuando está en la fase eufórica, la persona puede estar hiperactiva, hablar excesivamente y tener una gran cantidad de energía. A menudo afecta la manera de pensar, el juicio y la manera de comportarse con relación a los otros, pudiendo llevar al paciente a meterse en graves problemas y situaciones embarazosas. Si no es tratada puede conducir a estados sicóticos, en los que la persona pierde el juicio de realidad y la razón.

d) Trastorno Afectivo Estacional:
Se caracteriza por episodios anuales de depresión en otoño o invierno, que remiten en primavera y verano. En estas épocas puede ocurrir que sea sustituida por fases maníacas.

Además, entre otros síntomas presenta fatiga, tendencia a comer exceso y se duerme mucho en invierno.

Cabe destacar que los cambios estacionales afectan al ánimo de todas las personas, independientemente del sexo o si tienen un trastorno o no, por lo que estar ligeramente deprimido en invierno no significa que se tenga una depresión estacional.

e) Trastorno Disfórico Premenstrual:
Es un trastorno que afecta alrededor del 8% de las mujeres y aparece durante la mayoría de los ciclos premenstruales, empeorando días antes del período menstrual y desapareciendo después.

Se manifiestan los mismo síntomas que la depresión mayor (presencia de 5 o más elementos), caracterizándose en general por un sentimiento depresivo severo, irritabilidad y tensión.

f) Depresión Post-Parto:
Casi todas las madres primerizas experimentan un periodo corto de depresión ligera posterior al parto, sin embargo, no se considera una depresión posparto a no ser que persista por más de una semana o dos y sea muy severa. A veces se denota en primera instancia en el rechazo que la madre puede tener para con el hijo.

El rango de presencia es entre un 8% y un 20% de mujeres y puede darse en cualquier embarazo.

Según el psicólogo Juan Pablo Westphal, existen distintas herramientas que pueden ayudar a prevenir un cuadro Depresivo o de Estrés, tanto desde el punto de vista racional como afectivo:

Desde un punto de vista racional…

– Póngase metas realistas y que usted sepa que puede cumplir.
– Divida esas metas en pequeñas partes, establezca prioridades y haga lo que pueda cuando pueda.
– Viva el día a día, pero a la vez, anticípese a los eventos que necesariamente vienen en el futuro.
– Participe en cosas que le ayuden a estar mejor (grupos, gimnasia, lectura)
– Haga ejercicios físicos, mentales, etc.
– Limite el consumo de cafeína.
– Limite en su mínima expresión el consumo de nicotina y alcohol.
– Consuma una dieta balanceada y no coma en excesos.
– Duerma lo necesario (evite trasnochar durante los días laborales)
– Tome descansos durante su trabajo.
– Asegúrese de mantener un balance entre las actividades recreativas y las responsabilidades.

Desde un punto de vista afectivo…

– Comparta con las personas que usted quiere, visítelas y llámelas.
– Practique tres hábitos fundamentales: escuchar, hablar y tocar.
– Dele la bienvenida a los cambios en su vida, ya sean positivos o negativos, todos ellos son una oportunidad de crecimiento.
– Trate siempre de descubrir sus cualidades y fortalezas.
– Hágase amigo de sus defectos o dificultades y pida ayuda cuando algo lo sobrepasa.
– Practique la puntualidad.
– Valore lo que usted hace en la vida (trabajo, hobby, creencia, etc.)
– Sea bondadoso con sus familiares y amigos y a la vez permita que ellos lo sean con usted.
– Cultive su espíritu: vaya al cine, al estadio, a eventos sociales, religiosos, escuche música, lea, camine, observe los colores del día, etc.
– Elimine de su vocabulario las palabras “Siempre” y “Nunca”.
– Desarrolle su sentido del humor y aprenda a reírse de sí mismo.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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