Vivir con trastornos de pánico


Hay que entender que se trata de una patología real que se maneja con mucha fuerza de voluntad, pero también requiere tratamiento médico especializado y apoyo familiar.

Todo empieza con una desagradable sensación de ahogo, aumento de la frecuencia respiratoria, mareos, escalofríos, urgencia miccional, transpiración, palpitaciones y opresión en el pecho que lleva a sentir miedo a sufrir un ataque y no poder ser asistido en caso de necesidad. En resumen: la persona puede sentir que se va a morir o incluso perder la razón, teniendo la necesidad tremenda de arrancar de la situación que la produjo.

El trastorno de pánico es una enfermedad caracterizada por miedo intenso e irracional que se acompaña de un patrón de activación del sistema neurovegetativo que conlleva síntomas emocionales, neurológicos, digestivos, cardiovasculares y respiratorios. Todo esto acompañado de una fuerte angustia y sensación de ahogo, descontrol y de estar muriéndose. Suele empezar entre los 20 y 40 años, y es más frecuente en mujeres y en quienes presentan otras patologías siquiátricas, como depresión, bipolaridad y estrés post traumático.

“Asimismo, como toda enfermedad psiquiátrica, el pronóstico es peor si comienza más temprano en la vida, ya que con los años se tienen más recursos psicológicos y de personalidad, además de redes de apoyo para enfrentarla”, asegura el doctor Alejandro Koppmann, jefe de la Unidad de Psiquiatría de Clínica Alemana.

Consejos para el paciente
Las personas que tienen trastornos de pánico no sólo se ven afectadas con cada episodio, sino que cualquier factor que puedan relacionar con ese evento les causa mucha angustia y puede desencadenar una nueva crisis. Por ejemplo, si a alguien le produce mucho miedo volar y le da una crisis al tener que hacerlo, es probable que cada vez que tenga que tomar un avión, presente un nuevo episodio o bien desarrolle una conducta

La razón está en que la patología se caracteriza por presentar crisis de pánico, ansiedad anticipatoria y evitación. Esto lleva a tener miedo de volver a vivirlo, por lo tanto, a evitar cualquier situación que pudiera desencadenar una crisis.

La principal manifestación de la enfermedad son las crisis de pánico, eventos caracterizados por empezar de manera brusca, sin razón aparente. Otro de los factores es la ansiedad anticipatoria, que consiste en que la persona presenta una preocupación constante por la sola posibilidad de que se le gatille una crisis. Cuando se enfrenta a situaciones que sabe que podrían producirle una, la angustia se agrava.

Con este conocimiento y la experiencia, los pacientes tratan de no estar solos o de evitar lugares y situaciones relacionados, ya que podrían llevar a desarrollar una crisis o verse imposibilitados de arrancar o recibir la ayuda necesaria.

Pueden cuidarse mejorando su estilo de vida, practicando actividad física regular, con una alimentación saludable, respetando las horas de sueño y descanso.

También puede ser útil informar a los más cercanos, incluso los compañeros de universidad o trabajo, para que sepan de qué se trata la patología y cómo pueden ayudar a enfrentarla.

Consejos para cercanos al paciente
Para enfrentar la enfermedad en un familiar o persona cercana es importante entender que se trata de una patología real, cuyos síntomas efectivamente hacen al paciente sentir que se puede morir.

Por esto, “lo más relevante es no hacer juicios de valor respecto de quien lo sufre, tildándole de débil o con poca fuerza de voluntad para superar las crisis. La persona pone mucho de su parte para mejorar, pero el sólo esfuerzo no es suficiente, ya que además se requiere de tratamiento especializado”, dice el doctor Alejandro Koppmann.

El profesional agrega que “la calma se contagia, por lo tanto, es importante mantenerla. Si se sabe que el paciente sufre de estas crisis se pueden usar los fármacos determinados, brindar apoyo y compañía y, en caso necesario, acompañar al médico o al servicio de urgencia si no ha sido posible manejar el episodio.

¿Qué puede causar crisis de pánico y cómo tratarla?
La causa no está clara todavía, pero se han postulado hipótesis en relación con quimioreceptores respiratorios, vulnerabilidad genética al estrés, aprendizaje y transmisión eléctrica cerebral, entre otros.

Pero sí se sabe que se puede gatillar por estímulos ambientales de tipo externo u objetivo, como situaciones de estrés extremo (desastres, catástrofes, accidentes), e interno o psicológico, como pensar en situaciones o relaciones que provocan estrés o tensión extrema”, afirma el doctor Koppmann.

Asimismo, el pánico puede ser motivado por una situación puntual, por contagio social, por aprendizaje de respuestas de pánico frente a determinados estímulos (imitación de figuras significativas, como los padres) o por error en el aprendizaje de lectura de las señales del propio cuerpo que llevan a interpretaciones erradas de la corporalidad pudiendo gatillar pánico o crisis de pánico.

Al igual que en otros trastornos de ansiedad, para tratarlo se usa una combinación de fármacos (antidepresivos serotoninérgicos, principalmente, y en menor medida benzodiazepinas) y una terapia cognitivo-conductual que apoye y ayude a la persona, mediante técnicas específicas, a identificar, prevenir y tratar las crisis de angustia y sus detonantes

Entre lo que deben evitar están el consumo de alcohol, estupefacientes, tabaco y cafeína; dormir mal y estrés. Asimismo, se deben mantener controladas las enfermedades cardiovasculares, pulmonares y de la tiroides.

Una vez que sienten angustia o que les va a dar una crisis, pueden tratar de controlarlo con técnicas psicológicas que ayudan a identificar gatillantes o bien a poner en práctica conductas alternativas (pensamientos o imágenes) para mantener o recobrar el autocontrol.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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