¡Se una persona feliz!


Rafael Bisquerra es catedrático de Orientación Psicopedagógica y director del primer postgrado en Educación Emocional que se imparte en la Universidad de Barcelona. Su propuesta es enseñar a educar las emociones para prevenir problemas de convivencia  (violencia doméstica, el mobbing, el vandalismo, el bulling, etc.), así como para poner límite a afecciones tan preocupantemente extendidas como la depresión, el estrés, la ansiedad, etc.
Rafael Bisquerra es experto en emociones, pero sobre todo en educar esas emociones ya desde la más tierna infancia y saber utilizarlas a nuestro favor. Para este profesor universitario, “la felicidad” es una cuestión de actitud que decidamos tomar ante la vida.
Bisquerra comenta que, las emociones se han considerado como algo de segundo nivel; hasta tiempo muy reciente hablar de emociones en investigación científica era poco menos que motivo de desprestigio. Afortunadamente, en los últimos años se  empieza a concederles la importancia que merecen.
En un barrio de Barcelona, tres chicos apalearon y quemaron viva a una mujer indigente que dormía en un cajero automático. 
Dicen que fue una broma que se les escapó de las manos. Según Bisquerra, este caso se puede calificar de violencia gratuita, sin motivo, y es un caso complejo, aparentemente inexplicable. Según él, es un problema de analfabetismo emocional. En el siglo xx se han dado grandes progresos materiales, científicos y en general en el dominio de los conocimientos; pero aun no se ha avanzado lo suficiente en lo emocional. La educación emocional puede ser un camino para evitar casos como el del ejemplo anterior.
Bisquerra considera, que hay impulsos agresivos en la persona (variables según cada uno) que através de la educación (familiar, escolar, social, etc.) se ven atenuados o estimulados. El reto está en enseñar a cada persona a regular esta impulsividad.
Hoy en día, estímulos y motivos para sentirnos indignados, tristes, enfadados, infelices,.nos van a sobrar. Pero, como dijo Viktor Frankl, siempre nos queda la última de las libertades, la de decidir cuál va a ser nuestra actitud ante la vida: negativa o positiva. Esta última nos abre las puertas al bienestar emocional o felicidad. Y esto se aprende.
Una buena manera de prevenir este tipo de problemas, es a través de una educación que potencie la regulación de las emociones: la ira, la ansiedad, el estrés, estados depresivos, y también la autoestima, la autonomía emocional, la tolerancia a la frustración, el control de la impulsividad, la asertividad, la empatía, el fluir, la autoeficacia emocional, el bienestar..Existen programas para ello, pero no llegan a las escuelas; sólo se está empezando en algunos centros con carácter experimental.
Es importante regular las emociones, pero hay que aprender a hacerlo. No debe confundirse con represión emocional, se trata de conseguir un equilibrio entre la represión y el descontrol. Ambos extremos son perjudiciales. Hay que regular las emociones, precisamente para no ser reprimidos.
Hay que aprender a regular la ira (como prevención de la violencia), la ansiedad (como prevención de la depresión y el suicidio), etc.; y desarrollar una actitud positiva ante la vida, el sentido del humor, la alegría sana, las emociones estéticas, la conciencia de bienestar emocional, las experiencias óptimas que nos llevan al fluir, etc. Una “persona feliz” no necesita causar daño a otras personas. En último término se trata de descubrir que la auténtica felicidad está en procurar hacer felices a los demás.
TAGS:salud feliz felicidad persona feliz emociones
FOTO: mcpcenvalerasblog

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Psicología y Psiquiatría.




Deja un comentario