Apego prenatal


La vinculación de una madre y de un padre con su bebé debuta idealmente con el deseo de hijo y se cristaliza a partir de la confirmación del embarazo. Durante el embarazo los padres vivencian la gestación del bebé real, feto percibido sensorialmente y objeto de observación del equipo médico, y la gestación del bebé imaginario, telón de proyección de la vida psíquica parental impregnado de significado relacional actual y pasado. Este bebé imaginario puede ser representado mentalmente como un bebé reparador de carencias afectivas, un bebé de reemplazo de una pérdida afectiva, un bebé conciliador de un conflicto conyugal, entre otros significados posibles.
El efecto de la vida psíquica y emocional de la madre en la fisiología del embarazo y el feto intuida históricamente permaneció en el mundo mitológico y mágico hasta el progreso de la neurobiología y la psiconeuroinmunología, que muestran como los neurotransmisores conectan funciones mentales y fisiológicas en la madre (nivel intrapersonal) y comunican el estado emocional de la madre al bebé (nivel interpersonal y transgeneracional).
El drama relacional madre bebé se expresa así en una variada sintomatología que puede afectar el curso del embarazo y el desarrollo del bebé. Al confirmar el embarazo se debe observar la tonalidad afectiva que suscita: alegría, temor, inquietud, ansiedad e invitar a la madre a verbalizar su reacción. Recoger la historia del embarazo es útil para predecir el grado de aceptación del embarazo: si corresponde al deseo de uno o ambos progenitores, si fue planificado, si se integra o interrumpe el proyecto personal y familiar.
Durante el primer trimestre la calidad del ciclo sueño-vigilia y la facilidad para alimentarse así como la adopción de rutinas que beneficien al bebé son excelentes indicadores de una interacción materno fetal armónica.
Al contrario, síntomas tales como insomnio, hiperémesis gravídica y quejas somáticas diversas expresan el malestar relacional con el feto y/presencia de estresores.
La percepción materna de los movimientos fetales que le permite sentir al bebé como una persona con conductas autónomas da término a la fusión total de la madre con el feto y marca el inicio del proceso de separación necesario para alimentar el apego. La madre suele atribuir intencionalidad a los movimientos fetales y sus percepciones pueden oscilar entre poemas amorosos y pesadillas persecutorias. La descripción de las características de los movimientos fetales, su intensidad y su tonalidad afectiva indican el grado de armonía de la interacción materno-fetal y se integran evolutivamente a la relación. La percepción de los movimientos fetales ligadas a los mecanismos de defensa que la madre interpone en su relación interpersonal con el bebé, se conectan con su experiencia vincular transgeneracional y con su situación actual. Un bebé no deseado, puede inhibir la percepción materna de los movimientos fetales, un bebé concebido en un contexto de violencia puede tener una representación materna amenazante y persecutoria y comenzar así su historia de agresividad in útero.
La representación del bebé imaginario tiene su auge entre el 4 y el 7 mes; madres y padres imaginan y sueñan su apariencia física, su sexo, su carácter; lo imaginan idealmente a la vez que temen una patología. Si el bebé imaginario es concebido como un bebé reparador de carencias afectivas, un bebé de reemplazo de una pérdida afectiva, un bebé conciliador de un conflicto conyugal, existe riesgo relacional por las expectativas desmesuradas otorgadas al bebé desde la vida intrauterina que puede provocar frustración en la interacción con el bebé real desde el nacimiento, por lo que un acompañamiento psicoterapéutico es deseable. Los padres suelen y es deseable que establezcan diálogos verbales y táctiles con el bebé.
En los últimos meses del embarazo, la anticipación de conductas de maternaje incluida la alimentaria y los preparativos para recibir al bebé cobran más importancia, incluyendo la elección del nombre, si aún no se había concretado. La imagen del bebé imaginario pierde nitidez para facilitar la acogida del recién nacido disminuyendo el perfil de confrontación entre el bebé imaginario y el bebé real.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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