Aspectos psicológicos de la lactancia


Asegurar la vitalidad del bebé es sin duda la primera tarea de los padres Si bien cuidar la supervivencia de la progenie es una tarea común de los mamíferos la toma de conciencia de esta tremenda responsabilidad es específica a la especie humana. El darse cuenta de esta realidad especialmente en las primíparas lleva al temor de no lograr ocuparse bien del recién nacido lo que se acompaña de dosis variables de ansiedad que pueden perturbar la lactancia.
Las madres se preguntan habitualmente si tendrán la leche necesaria para alimentar sus hijo, como saber si han ingerido una cantidad suficiente, si están succionando adecuadamente, si el pezón está bien adaptado a la boca, si se ahogara con la leche que sale muy rápido o se irritara porque sale lentamente, si está aumentando suficientemente de peso, si se está poniendo amarillo por su culpa porque no tiene la leche necesaria.
Las interferencias emocionales más frecuentes están dadas por el temor de dañar al bebé, de no ser una madre “suficientemente buena” en el concepto de Winnicott y lejos menos frecuentemente la vergüenza y el pudor de alimentar al hijo con su cuerpo. Los padres y especialmente la madre deben aceptar la dependencia total del bebé en la medida que la necesidad de nutrición y la necesidad de apego constituyen una urgencia biológica.
Para un lactancia eficaz la madre requiere disfrutar con las apetencias orales del recién nacido y de la satisfacción de gratificarlas con su cuerpo, proceso que puede ser bastante laborioso, influyen en ella los mensajes que ha recibido acerca de la lactancia de su propia madre, la anticipación prenatal para alimentar a su bebé, su experiencia anterior y los conflictos psicológicos y psicopatológicos.
En la anticipación de la identidad materna durante el embarazo la futura madre puede tener una representación sea positiva, gratificante y exitosa del amamantamiento sea negativa, dificultosa y fracasada. La experiencia de ella como bebé y los mensajes transmitidos por la propia madre influyen en la representación materna.
Es recomendable indagar este aspecto en la conversación relacional del proceso de vinculación en curso en los controles prenatales. La conflictiva psicológica que deriva de un ecosistema inadecuado, escasa red de apoyo, disfuncional a nivel familiar y de pareja suele dar un nivel de ansiedad que puede dar dificultades en el inicio y mantención de la lactancia. Que los profesionales se conciban como un nodo de la red de apoyo y se hagan las intervenciones necesarias facilita la crianza. La conducta de amamantamiento es así una conducta interactiva diádica mediada por el eje neuroendocrino.
Las funciones fisiológicas de la madre y el recién nacido están ligadas a través de las emociones que circulan entre ellos. Las emociones expresan la tonalidad afectiva del proceso de vinculación en curso, la situación actual de la madre y las conductas y actitudes de los profesionales tratantes.

La interacción madre – recién nacido durante la lactancia es un proceso dinámico que evoluciona en el tiempo y debiera organizarse en una postura ajustada a los 3 o 4 días o sea al alta de la maternidad debiera estar ajustada.
En tanto conducta interactiva diádica, el amamantamiento evidencia el grado de armonía del dialogo corporal, tónico y cenestésico entre los protagonistas. La madre transmite mensajes emocionales a través de la postura, el tono muscular y la forma en que sostiene al bebé. Las modificaciones de postura y de tono muscular son captadas por el bebé modulando el ritmo de succión del bebé, la madre debe acoplarse sincrónicamente respetando las pausas del bebé, la intensidad y el vigor con que mama, tolerar el dolor y las sensaciones placenteras que en ocasiones desconciertan e inquietan a madres con estructuras de personalidad rígidas y superyoicas.
A modo de ilustración una madre restringía la lactancia por sentimientos de malestar y vergüenza consecutivos a sensaciones placenteras vivenciadas con connotación erótica durante la succión. Otra madre expresaba motivación para amamantar pero imposibilidad de secretar leche dada su experiencia con otro hijo. Las Posturas de lactancia descritas por F.Cukier-Hemery, Lézine y Ajuriaguerra hace 30 años son observables en el diagnóstico del amamantamiento en la población de díadas madres-bebés chilenas, a saber: • Posturas Ajustadas con lactancia satisfactoria: la posición de ambos es cómoda, los movimientos son armónicos permitiendo la alimentación prolongada y el intercambio de miradas y caricias. • Posturas Ajustadas con esfuerzo materno con lactancia satisfactoria: la madre mantiene una posición incómoda que la cansa al poco tiempo y dificulta el intercambio de miradas y caricias. • Posturas Desajustadas con lactancia ineficaz: la adaptación recíproca es imposible, los 2 cuerpos están distantes, casi sin contacto, al menor movimiento de la madre se interrumpe el contacto boca pezón. El bebé puede estar tónico o pasivo. Hay una interacción entre las características específicas de la forma de mamar del bebé y las vivencias de la madre, una succión muy vigorosa puede enorgullecer a una madre y puede angustiar a otra por la avidez y demanda del bebé. Al contrario una succión débil puede hacer temer a la madre problemas de alimentación, pude estimular demasiado al bebé en una pausa normal no respetando su ritmo. Las características con que el bebé mama son variables vigor, frecuencia y regularidad del ritmo de la succión varían individualmente y evolucionan en el tiempo.

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Categoría: Fertilidad y Embarazo.




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