Cáncer y calidad de vida


A comienzos de agosto del 2010, un estudio realizado en Canadá, país caracterizado por su notable sistema de salud, mostró que los canadienses más pobres con cáncer serían más propensos a morir antes que los pacientes más adinerados, en el que se analizaron casi 100.000 pacientes.
En todos los tipos de cáncer analizados, los pacientes con mayor poder adquisitivo tuvieron más posibilidad que los más pobres de seguir con vida a los cinco años. La mayor diferencia se observó en las mujeres con cáncer de cuello uterino: el 63% del grupo más pobre sobrevivió por lo menos cinco años, comparado con el 79 % del grupo más rico.
¿Es sólo el dinero el que aumenta la sobrevida para una enfermedad?
Hay un sinnúmero de factores que se le suman. Consideremos que el paciente con cáncer presenta de manera frecuente desnutrición, lo que representa un pronóstico desfavorable, una calidad de vida disminuida, altos costos, así como morbi-mortalidad aumentadas y disminución en la supervivencia.

Para que se desarrolle aquella desnutrición, hay 4 grandes mecanismos:

• Escaso aporte de energía y nutrientes.
• Alteraciones de la digestión y/o absorción de nutrientes.
• Aumento de las necesidades.
• Alteraciones en el Metabolismo de los nutrientes.

La relación entre nutrición y cáncer es doble: por un lado una alimentación inadecuada puede aumentar la incidencia de determinados cánceres (aproximadamente el 30-40% de los cánceres en hombres tiene relación con la alimentación, y hasta el 60% en el caso de las mujeres) y por otro lado el propio cáncer y sus tratamientos pueden inducir la aparición de malnutrición, que aparece hasta en el 40-80% de los pacientes neoplásicos en el curso de la enfermedad.

Por otro lado, el estado inflamatorio en el paciente con cáncer provoca diversas alteraciones metabólicas: resistencia a la insulina, aumento en la lipólisis y b-oxidación (lo cual conlleva la pérdida de grasa corporal), aumento en el recambio proteico (con la consecuente pérdida de masa muscular). Todas estas son reacciones mediadas por citoquinas que, aparentemente, impiden que el paciente recupere masa celular corporal y han sido asociadas a una menor esperanza de vida. Es por ello que uno de los primeros síntomas observados en el paciente con cáncer es la pérdida de peso. De manera adicional, el tratamiento antineoplásico provoca, a su vez, diversas alteraciones y amplia sintomatología (síndrome de malabsorción, disfagia, odinofagia, anorexia, xerostomía, alteraciones en el olfato y gusto, náuseas, vómitos, etc.) que interfieren con el mantenimiento de un buen estado nutricional.
Para mitigar estos efectos, incluso se ha recurrido a la medicina de la antigüedad. Como lo hará un grupo de investigadores del Servicio de Endocrinología de Universidad de León (España), quienes comenzarán en septiembre del 2010 un tratamiento experimental en 40 pacientes con cáncer de cuello o cabeza a los que se les administrará en su miel en su dieta para si este alimento puede mitigar los efectos que la radio y quimioterapia producen en la boca y tracto digestivo.

Sin embargo, yendo más allá de lo físico, uno de los puntos que más se verán afectados en un paciente con cáncer, será su calidad de vida, para la cual existen cuatro factores fundamentales que la definen y que deben tenerse en cuenta en su valoración, los cuales son: el bienestar físico, funcional, emocional y social.

La desnutrición afecta la calidad de vida a través de la pérdida de fuerza muscular que origina y la sensación de debilidad y astenia acompañantes, a la vez que influye sobre la esfera psíquica, pudiendo inducir o intensificar sintomatología depresiva. La propia pérdida de peso inducida por el cáncer provoca un cambio de imagen corporal que agudiza aún más los sentimientos depresivos y de pérdida de control. Recientemente se ha demostrado que el 2.º factor en importancia en cuanto a la valoración de la calidad de vida es el deterioro del estado nutricional, solo superado por el estadio tumoral; de manera que el porcentaje de influencia sobre la calidad de vida del paciente fue del 30% la localización del tumor, el 30% la pérdida de peso y el 20% la ingesta, el 10% la  quimioterapia, el 6% la cirugía, el 3% la duración de la enfermedad y el 1% el estadio tumoral.
De hecho, con la desnutrición aumenta el riesgo de complicaciones, disminuye el tiempo libre de síntomas y de vida independiente del centro hospitalario, contribuyendo aún más al deterioro de su calidad de vida. Al poco tiempo de iniciar un aporte nutricional adecuado el tono vital mejora y la sensación de debilidad tiende a desaparecer, lo que contribuye a mejorar la sensación de bienestar del paciente. Sin embargo, los efectos beneficiosos sobre la calidad de vida del soporte nutricional van a depender del estado basal del paciente, del tipo y localización del cáncer y de lo avanzado de su enfermedad.

La evidencia de que una intervención nutricional adecuada es capaz de prevenir complicaciones de la malnutrición, optimizar la calidad de vida en diferentes estadios, aumentar la respuesta y tolerancia al tratamiento y lograr un alta más precoz justifica la necesidad de una observación nutricional, para detectar la malnutrición e iniciar un tratamiento nutricional efectivo lo antes posible.

Un cuidado nutricional óptimo requiere un trabajo multidisciplinar en el seno de un programa terapéutico protocolizado. La valoración del estado nutricional debe llevarse a cabo en cada paciente al inicio y durante el tratamiento.

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Categoría: Oncología.




One Response to “Cáncer y calidad de vida”

  1. teo Dice:

    tengo una hermana que le detectaron recien cancer de cuello uterino y no se que hacer? como tratarlo, como es la alimentacio, como ayudar? por favor agradeceria orientacion mas profunda…les deje mi correo…muchas gracias…


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