Dr. Jorge Gajardo Navarrete: “Esta forma de enseñanza es más efectiva, atractiva y lúdica”


Como una forma de aplicar los conocimientos adquiridos y de incentivar el estudio entre los alumnos, la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción (UdeC) desarrolló, a meses de finalizar el segundo semestre 2010, las olimpiadas de medicina interna. Esta interesante e innovadora iniciativa de enseñanza y aprendizaje, que busca que los futuros médicos alcancen mayores niveles de excelencia académica en la educación en salud, fue creada por el doctor Jorge Gajardo Navarrete, profesor asistente de la Facultad de Medicina de la UdeC, jefe de la Unidad de Enfermedades Cardiovasculares del Sanatorio Alemán y miembro del staff del Servicio de Cardiología del Hospital Guillermo Grant Benavente de Concepción.

Desde muy joven este profesional, nacido en la capital de la Región del Biobío, estuvo ligado a la Universidad de Concepción. “Yo siempre digo que esta es mi segunda casa, recuerdo que a los seis años corría por esta casa de estudios”, comentó.

“Me formé como profesional tanto en el pre como en el postgrado. Me nutrí de varios líderes, como el doctor Lecannelier. Con él me encanté definitivamente con la cardiología y decidí dedicarme a la parte intervencionista de la especialidad. Me fui a Francia por un año a trabajar en ello y luego de eso volví acá, a mis raíces”, recordó el doctor Gajardo.

Durante su vida, se ha caracterizado por su espíritu vivaz, emprendedor e inquieto. Demostró su faceta de líder, ayudando como médico a profesionales con mayor experiencia del Hospital de Llay Llay, cuando sólo cursaba el tercer año de medicina. “Yo vivía en una pieza del hospital. Pasé dos veranos enteros siguiendo a los médicos, me metía a pabellón, ayudaba, asistía en los partos, eso me marcó”.

Ese espíritu es lo que el doctor buscar plasmar en las nuevas generaciones que se están formando actualmente en la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción. Ese sentido de superación y las ansías de conocimiento, que las antiguas generaciones tenían.

Simulando los famosos concursos de trivia, los alumnos tuvieron la misión de formular preguntas complejas relacionadas con las materias aprendidas durante el año. La idea era vencer al equipo contendor poniendo a prueba los conocimientos grupales e individuales. Con eso “quisimos estimular la competencia sana, de una forma lúdica, que dejó contentos a nuestros alumnos y que esperamos replicar este año”.

Para conversar sobre este tema, el doctor Jorge Gajardo recibió en su consulta privada.

– Doctor, ¿qué lo motivó a desarrollar las primeras olimpiadas de medicina interna?
– Muchas ideas brillantes nacen cuando uno está haciendo cosas que no se relacionan con el mundo académico y ésta, justamente, apareció mientras yo practicaba actividad deportiva. Me dije: tenemos que innovar, tenemos que generar otros métodos de enseñanza, más lúdicos, más entretenidos. Y así nació, lo fui madurando, conversé con algunas personas que quedaron encantadas con la idea, revisamos otros proyectos parecidos y así diseñamos el nuestro.

– ¿Quiénes participaron en esta iniciativa?
– Este es un proyecto de docencia formal que yo envié a la Dirección de Docencia de la Universidad de Concepción. Si bien yo generé y dirijo el proyecto, aquí hay colaboradores que son colegas docentes de diferentes subespecialidades. Por ejemplo, participaron directamente en las olimpiadas los doctores Liliana Ortiz de gastroenterología; Guillermo Venegas, Eduardo Lecannelier y Luis Alberto Pérez de cardiología; Gisela Riedel de infectología; y Claudia Azocar de respiratorio.

– ¿Cuáles fueron las principales motivaciones a la hora de elaborarlas?
– Este proyecto tenía varios objetivos y uno de ellos era, justamente, generar un nuevo método de enseñanza-aprendizaje. El problema que tenemos en la educación médica actual radica en que hay mucho aprendizaje superficial, que no queda grabado en el estudiante. Eso explica el por qué un alumno que aprendió una materia X en segundo año, cuando ya está en quinto no se acuerda. Esa ha sido una constante en el tiempo y, probablemente, deriva de las formas de enseñanza que hemos tenido tradicionalmente en nuestra facultad. Yo, actualmente, estoy haciendo un magister en educación médica, en el cual he aprendido muchísimo con el doctor Eduardo Fasce y la verdad es que una de las cosas que más me marcó fue esta diferencia entre lo que es un aprendizaje superficial y lo que es un aprendizaje profundo. Hasta ahora hemos tenido mucho del primer tipo, por eso nos propusimos buscar otras fórmulas. El otro objetivo era obtener realmente un cambio en las evaluaciones obtenidas entre nuestros estudiantes, de manera de generar una instancia de aprendizaje con mayor entusiasmo, que realmente se disfrutara y que, además, fuera entretenido.

– ¿Cómo ha sido recibida por sus alumnos esta nueva forma de enseñanza, que es bastante más atractiva y lúdica?
– Junto con la doctora Liliana Ortiz, generamos un cuestionario para evaluar, justamente, estas olimpiadas. Se lo entregamos a nuestros estudiantes, quienes la respondieron en su totalidad. Hicimos alrededor de 17 preguntas para evaluar la satisfacción del usuario y la verdad es que el 90 por ciento de ellos destacó que esta iniciativa era una estrategia innovadora y motivante. Un 80 por ciento señaló haber aprendido mucho y que este método había tenido un impacto significativo en su aprendizaje. En general, la evaluación de los alumnos fue muy positiva. Hubo también cosas negativas, que más bien son propias del método. Muchos alumnos consideraron que era un procedimiento estresante, porque cuando los estudiantes salían adelante a enfrentarse a otro con más de 100 compañeros escuchando, se sentían estresados, pero yo creo que el estudiante de medicina tiene que aprender a manejar el estrés… y es mejor que aprendan más temprano que tarde.

– ¿Cuál es el balance que usted hace del primer encuentro realizado?
– Cualitativamente hablando, mi balance es positivo. Creo que causó un gran impacto. En estos momentos estamos analizando datos y notas respecto a los años anteriores. Aún cuando el análisis no va a ser muy fuerte, porque hay que recordar que en nuestra Facultad, durante el año 2010, se produjeron muchos cambios: no se hicieron más clases teóricas expositivas, porque pensamos que el rendimiento de eso es muy bajo; y tuvimos un terremoto encima, que retrasó en un mes el inicio de las clases. Además, instauramos el que los estudiantes aprendieran a través de talleres, foros, discusiones, análisis de casos clínicos o discusión directa con los docentes. Conformamos una plataforma, donde “subimos” 200 clases de medicina, lo que permitía que el alumno estudiara de forma autónoma. Ese fue un gran cambio. Por lo que hacen difícil establecer una buena comparación con los resultados académicos de años anteriores. De manera que, tal vez, lo que se va a tener que tomar en consideración, para un balance final de esta iniciativa, es la opinión de los estudiantes.

– ¿Qué resultados son los que espera alcanzar con este nuevo método de enseñanza?
– Ya vimos que, en algunas asignaturas, hubo un cambio significativo en cuanto a notas. Estamos discutiendo todavía, si lo vamos a aplicar o no este año, corrigiendo los errores que cometimos en el primer evento. Es probable que sí lo hagamos, lo tengo que discutir con más gente, porque uno replica algo cuando es realmente efectivo. Si consideramos la impresión de los estudiantes, sin duda habría que hacerlo de nuevo. Ellos están motivadísimos para hacerlo y de llevarse a cabo lo haríamos durante el segundo semestre, apenas sepamos la fecha ustedes serán los primeros en saberlo.

– Esta estrategia pedagógica, sin duda, busca fomentar el intercambio académico entre los alumnos de la Facultad de Medicina UdeC. Ha pensado invitar a otras escuelas de medicina a participar de estos encuentros.
– Esa es una pregunta interesante, porque alguien en algún momento me lo planteó, incluso me dijeron por qué no competimos con los alumnos de la Universidad de Chile o la Universidad Católica de la Santísima Concepción. Es una idea que anda dando vuelta. Habría que discutirla con más gente para llegar a un consenso, porque en este tipo de proyectos hay muchas personas involucradas. Si bien uno lo genera y dirige, se necesita la colaboración de mucha gente. Yo creo que a fines de marzo vamos a finiquitar si esto lo repetimos en el tercer nivel o lo hacemos con otra Facultad de Medicina. Esta propuesta genera un ambiente de competencia sana, porque uno compite por el conocimiento, por quién ha estudiado más y se ha esforzado más, no tiene otro objetivo que ese. Es una competencia con otro alumno y, sobre todo, con uno mismo. Este proyecto ha sido tan innovador que ahora la doctora Liliana Ortiz va a un congreso mundial de educación médica en Viena y va a exponer sobre este trabajo.

– Por último doctor, a su juicio, ¿Cuál es la relevancia de esta modalidad para futuros planes de estudio dentro de la carrera en la UdeC?
– Este es un modelo de enseñanza-aprendizaje que puede perfectamente replicarse en otras facultades que quieran competir por el conocimiento. Cuando uno hace este tipo de cosas, tiene que saber que se debe mantener un equilibrio, que fue uno de los problemas al que nos enfrentamos cuando organizamos nuestra primera olimpiada, por falta de experiencia. Cuando tú interrogas a un equipo tienes que ser muy equilibrado en lo que vas a hacer también con el otro grupo, no puede haber un desbalance. Este proyecto no fue creado como para introducirlo dentro de la malla, sino que para ser realizado ocasionalmente, de manera de dar un componente más lúdico al aprendizaje de los estudiantes. Pero de esto se pueden sacar enseñanzas, a lo mejor con cosas pequeñas, pero siempre en un afán de competencia sana entre los alumnos, intentando que ellos mismos busquen un mejor conocimiento. Por supuesto, la idea es ir desarrollando otras instancias de aprendizaje, todo está en la creatividad e imaginación de las personas.

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Categoría: Actualidad Médica.




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