La Miocardiopatía del Bebedor de Cerveza: ¿Puede la Cerveza Envenenarnos?


Somos muchos los amantes de la cerveza, ya varios entre quienes hayan leído algún artículo del autor y buena parte de los que tienen el displacer de conocer al autor sabrán de su afición a la cerveza.  Quienes somos amantes de aquellas rubias, morenas y negras de gran sabor y cuerpo, tenemos la opción de elegir desde la más común de las “pilsner” hasta una cerveza de notable calidad e importada desde un país con gran tradición cervecera como Alemania o Bélgica, por ejemplo.
Pero este artículo no pretende explayarse demasiado sobre las cervezas en sí, pues su autor, más que un gran sabio acerca del origen y proceso de fabricación de las cervezas, es un gran bebedor que nada sabe de cebada, levadura, lúpulo ni de fermentación; de todas formas podemos dejar para un futuro próximo algún artículo tipo “How Stuff Works” acerca de la Cerveza (previa investigación e instrucción – ojalá en terreno – del autor).
La pregunta que nos congrega en esta ocasión es más bien la siguiente: ¿Podría esa exquisita morena de cuerpo exorbitante, sabrosos sedimentos e increíblemente apetecible aroma acabar con nuestra existencia tal cual una “femme fatale”?
Entre agosto de 1965 y abril de 1966 se encontró un nuevo síndrome en Quebec, Canadá.  Este síndrome afectaba a importantes bebedores de cerveza (es decir que bebían grandes cantidades, no que hayan sido personas VIP) y tenía características hemodinámicas, clínicas y patológicas particulares; la voz de alarma se encendió y se buscaron casos similares por toda Canadá.  Se logró obtener datos similares de 50 casos en Omaha, Nebraska, en Estados Unidos, y 17 casos más en Bélgica.
Primero se pensó que esta miocardiopatía (patología que afecta el miocardio, músculo cardiaco o sencillamente lo que todos entendemos por “corazón”, dejando de lado su sistema excitoconductor y otras estructuras) podía ser de origen viral, lo que se descartó después de cuidadosas investigaciones destinadas a identificar un posible virus.  Además, los hallazgos en los pacientes de Quebec no eran consistentes con el consabido daño cardíaco que provoca el alto consumo de alcohol, sino que eran más graves, agudos e incluso letales; la causa debía ser algo hasta ese momento pasado por alto.  También fue relevante el hecho de que muchos se mejoraron después de la enfermedad aguda, sin muestras de daño importante en el sistema cardiovascular, lo que no se asemejaba a un daño crónico con el alcohol como factor causal.
Los investigadores de la Miocardiopatía de los Bebedores de Cerveza de Quebec, como se le conoció y aún se le llama, encontraron similitudes entre este caso y uno ocurrido hace más de medio siglo en aquel entonces.  Hablamos de similitudes con el caso de “Envenenamiento  con Cerveza” en Manchester, ocurrido en Inglaterra en el año 1900 y ocasionado por la alta concentración de arsénico que contenían algunas cervezas producto de su presencia en la glucosa que se usó en las cervecerías durante el proceso de fermentación de la mezcla.  En aquel caso que afectó a más de 2000 ingleses y que se caracterizaba por edema y falla cardíaca, ausencia de síntomas en algunos grande bebedores de cerveza que también habían estado expuestos a altas concentraciones de arsénico, cantidades de arsénico “insuficientes” para causar un envenenamiento agudo y otras más, se concluyó que aparentemente el alcohol acentuaba la toxicidad del arsénico.
Las similitudes de ambos casos, llevaron a los investigadores a buscar qué contenía la cerveza consumida por los ciudadanos de Quebec que habían enfermado.  Encontraron que todos los pacientes que sobrevivieron y aquellos a quienes se les preguntó consumían la marca “XXX”, marca de gran sabor y prestigio hasta el día de hoy.  Se encontró que dicha cerveza contenía unas 10 veces más Sulfato de Cobalto que su homónima de Montreal.  Dicho químico se estaba añadiendo a algunas cervezas desde julio de 1965 para estabilizar la espuma de la cerveza.  Tanto en Quebec como Omaha, el síndrome apareció un mes después de que se añadió sulfato de cobalto a la cerveza y no hubo casos nuevos posterior a un mes después de la suspensión de este procedimiento. En Bélgica, la relación con el sulfato de cobalto y el síndrome fue similar.
Se concluyó que, debido a que ciertas medicaciones y otras fuentes de cobalto tenían una cantidad mucho mayor de este metal – varios gramos –  y no provocaban efectos adversos notables, posiblemente el alcohol y otros factores relacionados al alcoholismo exacerbaban notablemente la toxicidad del cobalto.  De todas formas, la toxicidad cardíaca del cobalto es bien conocida, provocando degeneración miocárdica con edema intersticial y derrame pericárdico, lo último fue una característica clínica vista en los pacientes de Quebec; esto hizo pensar que el cobalto fue un factor determinante en la Cardiopatía de los Bebedores de Cerveza de Quebec, tal cual lo fue el arsénico en el Envenenamiento por Cerveza de Manchester en 1900.  De haber sabido prontamente la causa de la enfermedad, podrían haberse salvado algunas vidas mediante las terapias apropiadas usadas en esa época.
Evidentemente esto no nos debe hacer temer de la cerveza, pero sí nos sirve como antecedente histórico a la hora de pensar en todos los productos modernos que pueden tener trazas de materiales, compuestos o elementos tóxicos para la salud; claro ejemplo de ello son altas concentraciones de pesticidas dañinos que se han encontrado en frutas y verduras en Chile -para su comercio interno dentro del país, lo de exportación cumple con todos los estándares internacionales-, los metales pesados encontrados en el agua que consumen algunas comunidades y, a nivel internacional, la intoxicación crónica con arsénico que aún está presente en medio oriente, donde las líneas que abastecen de agua pasan por el subsuelo de sectores montañosos ricos en arsénico.
Saludos a todos, y sigamos bebiendo buena cerveza.
Referencias:
Yves Morin and Philippe Daniel, “Quebec Beer-Drinkers’ Cardiomyopathy: Etiological Considerations”, Canad. Med. Ass. J. Oct 7, 1967. Vol. 97.
The New York Times, “The Beer Poisoning Scare”. December 2, 1900.

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Categoría: Cardiología.




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