Olor a enfermedad


Los sentidos se han desarrollado en los seres vivos como los instrumentos que sirven para tener una relación e interacción con el resto del Universo que los rodea. El propósito fundamental de los órganos de los sentidos es recabar información acerca del medio circundante para poder sobrevivir. El olfato, al igual que el gusto, es un sentido químico, porque es capaz de detectar los compuestos químicos que se encuentran en el ambiente, con la diferencia de que el sentido del olfato funciona a distancias mucho más largas que del gusto.

Probablemente es el más antiguo y el menos comprendido de nuestros cinco sentidos. A través de la evolución, se ha mantenido conectado con las partes del cerebro que se convirtieron en el archivo de la clasificación de nuestras respuestas emocionales, ligando íntimamente los olores de las cosas con nuestras emociones.

Es muy importante, porque a través de él los animales encuentran su alimento, distinguen las sustancias comestibles de las que no lo son, consiguen pareja, detectan a algún predador y ubican su hábitat.

En los perros, por ejemplo, el olfato es el sentido más importante y desarrollado que, en comparación con el olfato humano, posee una amplia ventaja, ya que la mayoría de los canes son dueños de alrededor de unos 200 millones de receptores olfativos en las fosas nasales y algunos casi llegan a los 300 millones; mientras que el hombre tiene tan sólo cinco millones, es decir, que el perro tiene cuarenta veces más células olfativas que el hombre, además atesoran una amplia memoria olfativa.

Estos animales tienen la capacidad de asimilar e identificar olores que los humanos ni siquiera conocemos. Las moléculas aromáticas absorbidas en cada inhalación se destilan y transportan a varias partes del cerebro, gran parte del cual está destinado a recordarlas e interpretarlas. Los perros tienen la habilidad de activar este banco de almacenamiento de aromas durante toda su vida.

El olfato del perro alcanza un área de 150 centímetros cuadrados, lo que en el hombre se circunscribe a un área de tan sólo cinco centímetros cuadrados. Si los perros son capaces de oler la presencia de un ser humano sepultado bajo toneladas de escombros, o detectar droga y explosivos, ¿por qué no pensar en que su desarrollado olfato pueda ser también de utilidad en el campo de la medicina?

Desde que un pequeño experimento publicado en el año 2004 en la revista British Medical Journal (BMJ.2004; Sep., 329: 712-18) demostrara la capacidad de estos animales para oler con precisión la presencia del cáncer de vejiga en muestras de orina, varias fundaciones en todo el mundo se han dedicado a investigar y entrenar a sabuesos con este fin.

El uso del olfato para diagnosticar enfermedades no es algo nuevo. De hecho, en la antigüedad los médicos asociaban un aliento dulce con la diabetes y un mal olor de una herida como signo de infección.

Un reciente estudio llevado a cabo en Japón descubrió que los perros pueden detectar el cáncer con un “alto grado de precisión”, incluso en las etapas más prematuras de la enfermedad.

Al parecer existirían componentes químicos correspondientes a tipos de cáncer específicos que circulan por el cuerpo humano y que un perro puede oler. Esta teoría está respaldada por otras investigaciones que señalan que los perros pueden olfatear cáncer de vejiga, piel, pulmón, mama y ovario.

Los científicos japoneses entrenaron a Marine, un Golden Retriever de ocho años de edad, para que completara 74 pruebas olfativas durante un período de varios meses. Cada experimento incluía cinco muestras de aliento y de heces, de las cuales sólo una era cancerosa.

Las muestras provenían de 48 personas con cáncer de colon confirmado y 258 voluntarios que no tenían la enfermedad, o que la habían tenido en el pasado. Cerca de la mitad de las muestras provenían de pacientes con pólipos intestinales que, aunque benignos, son considerados precursores de cáncer colorrectal.

Según los científicos, Marine logró identificar exitosamente las muestras cancerosas en 33 de las 36 pruebas de aliento y en 37 de las 38 muestras de heces. Las tasas de detección más altas fueron entre las muestras que pertenecían a pacientes en las primeras etapas de la enfermedad, lo que se traduce en una precisión del 95 por ciento, para la prueba de aliento y 98 en la prueba de heces.

Aunque los científicos admiten que recurrir a perros para diagnosticar cáncer probablemente es poco práctico, sugieren que a partir de este hallazgo se podría desarrollar un sensor para poder detectar la enfermedad antes de que haya podido extenderse a otras partes del cuerpo.

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Categoría: Oncología.




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