Padres de adolescentes sufren con las tareas escolares


Con frecuencia los padres que quieren ayudar a sus hijos adolescentes en las tareas escolares se topan con una dura realidad: no tienen conocimientos suficientes para dar una mano. Y muchos deciden tomar el toro por las astas y vuelven a los libros.
Susan Wheeler Fisk, por ejemplo, se apuntó en una clase de latín por internet junto con su hijo de 18 años para ayudarlo a salir adelante en esa materia. “Esto es algo totalmente nuevo para mí”, expresó. “Es un curso de internet, sin profesor. Mi hijo dijo que no quería un tutor, pero necesitaba meterse más en el tema”.

Fisk se siente complacida de poder ayudar. Ya es bastante duro cuando los chicos patalean ante cualquier indicación del padre. ¿Qué pasa entonces cuando un chico no puede con las tareas escolares y el padre no está al día con el teorema de Pitágoras o las enseñanzas de Sófocles?

Elizabeth Morrison Petegorsky, una psicoterapeuta de Northampton, Massachusetts, dice que leyó “casi todos los libros” clásicos que le asignaron a sus dos hijos. “Cuando llegué a Camus y Sartre me dije basta, hasta aquí llegué! Esto es absurdo”’.

Fisk y Petegorsky tienen tiempo y conocimientos como para ayudar en las tareas a sus hijos. Pero para muchos padres las cosas no son tan sencillas. Algunos no dominan bien el inglés, trabajan mucho o no tienen la experiencia académica necesaria.

“Hay muchos padres que no terminaron la secundaria o que la terminaron pero no se tienen mucha confianza”, expresó Michele Brooks, enlace con padres y estudiantes de las escuelas públicas de Boston.

El sistema educativo de Boston inauguró el año pasado un programa para personas de bajos recursos cuyos hijos tienen problemas en la secundaria.

Es un programa gratuito que ofrece clases tres días por semana sobre matemáticas, ciencias y lectura. También los orienta en terrenos como el del hostigamiento a través de la internet, el de las redes sociales y formas de abordar positivamente las cuestiones disciplinarias y los indicios de participación en pandillas. Brooks dijo que más de 500 padres participaron en esos programas el año pasado.

Shelly Smeade, subdirectora de una escuela de Idaho Falls, en Idaho, dice que tuvo problemas con las matemáticas de niña y que sabía que necesitaba mejorar sus conocimientos cuando su hija mayor cumplió 14 años, por lo que se enroló en clases gratis para padres ofrecidas por el Stevens-Henager College. “Ahora puedo revisar las tareas de mis hijos con confianza y ayudarlos”, señaló.

El programa resultó tan popular que el Departamento de Educación de Idaho le pidió a la universidad que ofreciese cursos en sus 117 distritos.

Los padres, no obstante, no tienen necesariamente que tomar cursos o leer “La Ilíada” para dar una mano, según Brooks. “Pregúntale a tu hijo, ’¿entendiste la tarea?’. ’¿La podrías haber enfocado de otro modo?’. ’¿Puedes explicarle a alguien que no sabe mucho de eso cómo fue que lo resolviste?’.

Ayudar cuesta más cuando los hijos quieren cortar la dependencia de los padres y demostrar que se pueden valer por sí solos. “Tuve un momento duro en matemáticas cuando mi hijo me preguntó ’¿llegaste a completar el cuarto grado?”’, expresó Ellen Purtell, de Chatham, Nueva Jersey, quien tiene dos hijos.
“Creo que estábamos haciendo una división difícil y realmente no me acordaba de las fórmulas y estaba adivinando”. Purtell apeló al método socrático y le dijo a su hijo que le enseñase a ella. Su hijo cursa ahora el 10mo grado (antepenúltimo de la secundaria) y le va muy bien en matemáticas. Ayuda a su hermana de 10 años.

Grace Polakoff, de Harrison, Nueva York, sorprendió un día a su hijo, que cursaba el octavo grado, al preguntarle qué estaba estudiando en matemáticas. “Me respondió como si yo no fuese a entender de lo que hablaba. Le dije, ’probemos’. Me dijo que el teorema de Pitágoras y le respondí ’ah, ¿eso de que A al cuadrado más B al cuadrado es igual a C al cuadrado?’. Deberías haber visto su cara… Impagable”, relató. Ahora que cursa el 10mo grado la madre ya no puede ayudar demasiado.

“Están muy avanzados para mí. Pero una no necesita conocer el material para ayudar. Puede hacer preguntas y asegurarse de que las responde. Tomar nota de las respuestas y asegurarse de que son coherentes”, explicó.

Polakoff se mantiene en contacto por correo electrónico con los profesores, revisa la maleta de su hijo cada tanto para asegurarse de que cumple con sus plazos y “pregunto, amenazo, soborno” para que mantenga el orden, según confesó.

“Este chico estuvo entre los mejores de la escuela en toda la secundaria. Es estudioso. ¿Soy mejor que él en matemáticas o ciencias? No. Pero sí puedo manejar mejor sus estados de ánimo y su tiempo. La enseñanza es responsabilidad del profesor. Mi responsabilidad es apoyar esa enseñanza”.

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Categoría: Consejos para Mamá.




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