Por qué tenemos dolores pélvicos


Si bien la Madre Naturaleza (o Dios Padre, para quienes tienen creencias religiosas) nos bendijo, en la mayoría de casos, con la dicha de ser mamás, nos dio a cambio el dolor generado por algunas afecciones típicas del sexo femenino, precisamente ligadas a nuestro aparato reproductor.
Entonces no es de extrañar que los dolores pélvicos sean la molestia por la que el gran porcentaje de mujeres acudimos al ginecólogo(a). Y aunque en muchos casos no es de preocuparse, lo mejor es estar mejor informadas de sus posibles causas, a fin de que tengamos una noción más clara de nuestro propio problema y las falsas conjeturas no nos lleven a estresarnos más de la cuenta y agravar la situación.
En primer lugar les comentaré que existen dos tipos de dolor en la pelvis. El primero de ellos es el dolor pélvico crónico, que se sitúa en la parte inferior del abdomen y generalmente se debe está asociado a la menstruación, la dismenorrea o a las relaciones sexuales.

Así  mismo, existe el dolor pélvico de tipo agudo o súbito que, como su nombre lo indica, surge de improviso sin tener causa aparente y es con el que más cuidado debemos tener, pues en varios casos desencadena en una intervención quirúrgica.
Según los especialistas, del 90 al 95% de todos los dolores en la pelvis -que también responde al nombre de enfermedad inflamatoria pélvica (EIP)- son causados por las bacterias que originan las enfermedades de transmisión sexual (ETS).
No obstante, dichos microorganismos también pueden albergarse en nuestro organismo debido a la implantación del dispositivo intrauterino (DIU), la ingesta de ciertos anticonceptivos orales (aunque la mayoría tenga el efecto contrario), luego de un aborto, después de una biopsia del endometrio o incluso después de dar a luz. Pero también cabe la posibilidad de presentar el dolor pélvico por un embarazo de tipo ectópico (cuando el feto se alberga en las trompas de falopio).
Entre los síntomas más comunes de esta afección se encuentran la secreción vaginal con color, consistencia u olor anormal, el dolor abdominal (localizado o generalizado) y la fiebre. Y de manera menos frecuente, los escalofríos, el sangrado menstrual irregular o la ausencia de la menstruación, el dolor al tener relaciones sexuales (con o sin sangrado) y al orinar, la fatiga y la falta de apetito acompañada de náuseas y/o vómitos.
En cualquier caso, lo más importante será acudir inmediatamente al especialista para que nos evalúe con los exámenes necesarios y dé un tratamiento a la brevedad. Quizá solo se trate de tensión, pero en temas de salud uno nunca sabe.
Fuentes: RPP, Salud Chicago.com.
Imagen: ElPortaldeChari.com.
Etiquetas : dolores pelvicos, pelvis, salud

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Categoría: Preguntas y Respuestas.




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