Requerimientos nutricionales de una mujer embarazada


En la mujer, la gestación implica diversos cambios y adaptaciones fisiológicas, que permiten el óptimo desarrollo del feto. Por ello, los aportes nutricionales de la mujer gestante deben cubrir, además de sus necesidades propias, las correspondientes al feto en desarrollo y la derivada de la síntesis de nuevos tejidos. Especial atención merecen algunos nutrientes que por sus características, por los bajos aportes de la dieta habitual, o por las necesidades aumentadas durante el proceso reproductivo, pueden ser críticos para la futura madre y su hija(o).

Proteínas

Se ha estimado que el requerimiento adicional para una mujer que aumenta 12.5 Kg durante el embarazo y da a luz un niño de 3.3 Kg. de peso, es de 3.3 g/proteína/día en promedio durante todo el embarazo. Este incremento debe corregirse según el tipo de proteína consumido y de la eficacia con que se convierte en proteína tisular. A diferencia de la energía, los excedentes de proteína en la dieta no son acumulables.

Requerimientos nutricionales de una mujer embarazada Nutrición y Dietética

Las mujeres de sociedades desarrolladas consumen con frecuencia dietas que contienen más proteínas que las necesarias; en estos casos no se necesita hacer cambios significativos en la dieta para compensar los mayores requerimientos del embarazo.

En las mujeres con desnutrición crónica es necesario aumentar la ingesta de proteínas agregando aunque sea pequeñas cantidades de proteínas de alto valor biológico, (proteína de origen animal) para evitar el mayor deterioro de la madre y la desnutrición fetal.

Vitaminas y minerales

Estos nutrientes en general se encuentran en cantidades adecuadas en una dieta balanceada, de manera que un aumento general de la ingesta para compensar los mayores requerimientos de energía cubre la cuota adicional de vitaminas y minerales.

Cuando la dieta normal es deficitaria en algunos minerales y vitaminas, la situación puede ser crítica en el embarazo: p.ej. las poblaciones con deficiencias en yodo sufren diversas consecuencias (bocio, bajo peso al nacer, reducción de las funciones mentales y letargia); cuando esta deficiencia es muy marcada pueden producirse trastornos neurológicos y mentales irreversibles en el niño.

También tienen consecuencias para la madre y el feto las deficiencias de vitamina A y tiamina.

Hierro

Las necesidades de hierro durante la gestación están aumentadas, por la expansión del volumen eritrocitario, la transferencia de hierro al feto, y su depósito en nuevos tejidos y placenta. Se requieren alrededor de 1000 mg durante los 9 meses (FAO/OMS 1988); aunque este requerimiento es mayor en el 2° y 3° trimestre , período en el cual no pueden satisfacerse sólo con el hierro de una dieta normal, aunque éste sea altamente biodisponible, la suplementación con hierro debe iniciarse lo más precozmente posible.

La anemia durante el embarazo (hemoglobina menor de 11 g /dl) tiene un efecto desfavorable sobre la gestación: mayor incidencia de abortos, partos prematuros, bajo peso de nacimiento, mayor mortalidad perinatal. Hay una relación directa entre la concentración de hemoglobina y peso de nacimiento.

La administración de hierro, sea como profilaxis (suplementación), o como tratamiento de Anemia, debe efectuarse precozmente y mantenerse hasta los 3 meses postparto, para así, recuperar el hierro de los depósitos en la mujer, y permitirle enfrentar una gestación posterior sin anemia, con sus depósitos repletos. La dosis recomendada varía según los depósitos orgánicos de la mujer: 120 a 140 mg. /día para mujeres carentes de depósitos, y 30 a 60 mg. /día para las que tienen depósitos.

El ideal es lograr que todas las gestantes lleguen al parto con cifras de hemoglobina superiores a 12 g. /100ml. Las mujeres que inician su embarazo con concentraciones normales de hemoglobina sólo necesitarán cubrir los requerimientos aumentados del embarazo, los cuales son de 5-6 mg/día en el segundo y tercer trimestre.

Cuando la mujer empieza su gestación con anemia es necesario dar dosis terapéuticas de una sal de hierro de buena absorción. Es recomendable aumentar la ingesta de hierro de las fuentes dietéticas, ya que es el hierro medicinal el que causa la reducción de los niveles séricos de zinc.

Los factores que ayudan a la absorción del hierro no hemínico están en las carnes rojas, aves, pescados y en varios ácidos orgánicos, particularmente el ácido ascórbico. Algunas sustancias como los lifenoles (taninos y fitatos), ciertas formas de proteínas y algunas formas de fibra dietética alteran la absorción del hierro no-hemínico (FAO/OMS 1988).

Calcio

El embarazo representa un costo total de 30 g. de calcio. Se recomienda una ingesta diaria de 1 a 2 g de calcio. La principal fuente dietética de calcio es la leche de vaca y sus derivados; un litro de leche aporta 1.2 g, lo que satisface las necesidades del embarazo y la lactancia.

Durante el embarazo se producen variaciones tanto en el consumo como en el metabolismo del calcio; en el tercer trimestre aumentan considerablemente los requerimientos debido al proceso de mineralización del esqueleto fetal.

Una baja ingesta de calcio se ha asociado a hipertensión inducida por el embarazo, complicación frecuente, de alto riesgo materno y perinatal, y de parto prematuro. Para prevenir estas complicaciones, actualmente se da gran Importancia a la suplementación con calcio.

La leche es considerada un alimento esencial para la gestante. Cuando la madre no tolera la leche pura, entera, puede ingerirla en forma de yogurt, leche descremada o cultivada; si no tolera los productos lácteos en ninguna forma (intolerancia a la lactosa), debe buscar el aporte de calcio en otras fuentes dietéticas: pescados, mariscos, verduras verdes (brócoli, nabos, espinacas, acelgas, etc.) y en un suplemento indicado por el médico.

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Categoría: Nutrición y Dietética.




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