Salvia, planta terapéutica (I)


La Salvia es originaria del Mediterráneo y en la zona del centro de Europa, sólo es de cultivo. Son características sus  hojas dentadas, opuestas en el tallo, de color gris verdoso y de longitud variable. Sus vistosas flores sonde tonalidades que oscilan entre el azul claro y el violeta y disponen en el extremo de las ramas, en racimos poco densos.
Para enfocarnos en el tema que trasciende sus posibilidades ornamentales, es importante señalar que las hojas de esta  planta son tanto un medicamento de múltiples usos como un excelente condimento. Se la puede obtener por siembra de semillas, pero es mejor por esqueje. Si se planta en primavera un ejemplar, para agosto ya puede hacerse una recolección. Al año siguiente ya no hay que esperar tanto sino que desde la primavera ya es posible recoger brotes y hojas.
Concentrándonos en sus fines medicinales, decimos que  se utiliza la hierba seca y solo las hojas. Se recolectan antes de la floración y se las seca rápidamente, pero con cuidado y en un lugar sombreado. Sustancias activas, Aceite esencial, taninos, principios amargos.
El té de Salvia cura las inflamaciones en las encías, en la boca y en la faringe, resulta sedante, disminuye la sudoración e influye favorablemente sobre el estómago y el intestino. El aceite esencial tiene propiedades desinfectantes y espasmolíticas, y los taninos que contiene refuerzan esta acción en los casos de diarrea.
Preparación del té de salvia: coloca 1 o 2 cucharaditas de hojas en un cuarto de litro de agua, se calienta lentamente hasta que hierva y se cuela. Este té se usa externa e internamente y se aconsejan no más de 2 o 3 tazas diarias.
Imagen: shootgardening

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Categoría: Plantas Medicinales.




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