Vitaminas y minerales en la leche humana madura


Vitaminas
La concentración de vitaminas en la leche humana es la adecuada para el niño, pero puede variar según la ingesta de la madre. Vitaminas liposolubles La absorción de vitaminas liposolubles en el lactante está relacionada con la variabilidad de la concentración de la grasa en la leche materna.

Vitamina A
La concentración de vitamina A es mayor que en la leche de vaca. En el calostro es el doble que en la leche madura. Su predecesor, el betacaroteno, es un potente antioxidante.

Vitamina K
La concentración de vitamina K es mayor en el calostro y en la leche de transición. Después de 2 semanas, en los niños amamantados, se establece la provisión de vitamina K por la flora intestinal.
Cuando no se da el calostro o la leche temprana, el riesgo de enfermedad hemorrágica es mayor, a menos que se provea al niño vitamina K inmediatamente después del nacimiento.
– Vitamina E El contenido de vitamina E en la leche humana cubre las necesidades del niño a menos que la madre cantidades excesivas de grasas poliinsaturadas sin un aumento paralelo de vitamina E.
– Vitamina D Necesaria para la absorción del calcio y del fósforo. El contenido de vitamina D de la leche humana es bajo (0,15 mg/100 ml). En los niños amamantados con pecho exclusivo no se manifiestan deficiencias, probablemente debido a la presencia de vitamina D hidrosoluble en la fase acuosa de la leche en cantidades tan altas como 0,88 mg/100 ml. Esta vitamina D hidrosoluble no se procesa en el tracto gastrointestinal, sino a través de la piel en presencia de luz solar. Se necesita sólo una buena exposición al sol para producir suficiente vitamina D. Se puede decir que sólo tienen riesgo de deficiencia de vitamina D las mujeres y niños que no consumen aceites marinos, cubren totalmente sus cuerpos y no se exponen a la luz del día.
Vitaminas hidrosolubles – Acido fólico Esencial para la síntesis de hemoglobina y de aminoácidos. Interviene en la síntesis de ADN y ARN. La deficiencia produce anemia. La suplementación a la madre con ácido fólico, aumenta los niveles en la leche. Los anticonceptivos orales pueden disminuir el nivel sanguíneo de ácido fólico. La actual fortificación del pan con ácido fólico provee una adecuada cantidad de ácido fólico a la nodriza
– Niacina, Riboflavina (B2), Tiamina (B1), Piridoxina (B6), Cobalamina (B12) Son necesarias para el metabolismo de las proteínas y de la energía. La Tiamina es esencial para la conversión de los carbohidratos dentro del sistema muscular y nervioso. La concentración de vitamina B12 en la leche humana es muy baja, pero su biodisponibilidad aumenta por la presencia de un factor específico de transferencia. La deficiencia de Cobalamina produce anemia y daño en el SNC. Los anticonceptivos orales ingeridos por largo plazo pueden disminuir los niveles de Piridoxina en la leche; a su vez, el exceso de Piridoxina puede reducir la producción de leche en la madre que amamanta.
– Vitamina C Interviene en la formación e integridad de los tejidos, en especial en el tejido conectivo y vascular. Aumenta la absorción del hierro. La concentración de estas vitaminas puede variar en relación a la dieta materna. Los niveles son más altos en las madres bien nutridas. Las deficiencias de estas vitaminas en los niños son raras, aún en casos de madres vegetarianas que tienen mayor riesgo de deficiencia de vitaminas B. Aunque las madres no presenten signos, la insuficiencia de estas vitaminas en la leche puede tener consecuencias adversas para el niño. De ahí que es necesario que la madre las consuma diariamente en su dieta. Las concentraciones de niacina, ácido fólico y ácido ascórbico, son más altas en la leche humana que en la leche de los mamíferos rumiantes.

Minerales Aunque la concentración de la mayoría de los minerales en la leche humana: calcio, hierro, fósforo, magnesio, zinc, potasio y flúor, no es afectada significativamente por la dieta materna, en el caso del calcio su concentración en la leche es mayor cuando la madre tiene reservas de este mineral en sus tejidos. En el caso del flúor no hay evidencia de transferencia de flúor desde el plasma a la leche materna y al parecer es la mama la que Inhibe este pasaje, encontrándose en la leche sólo en niveles traza.
Las concentraciones de minerales en la leche humana son más bajas que en cualquier sustituto y están mejor adaptados a los requerimientos nutricionales y capacidades metabólicas del lactante.

Calcio, Fósforo
La relación calcio-fósforo en la leche humana es de 2:1. La leche de vaca tiene una mayor proporción de fósforo, lo que explica la hipocalcemia neonatal, común en los lactantes alimentados artificialmente. La disponibilidad en la leche de vaca disminuye también por la formación de jabones de calcio insolubles en el intestino, los cuales pueden llegar a causar obstrucción intestinal.
– Hierro La alta biodisponibilidad del hierro de la leche humana es el resultado de una serie de interacciones complejas entre los componentes de la leche y el organismo del niño: la mayor acidez del tracto gastrointestinal, la presencia de niveles apropiados de zinc y cobre, el factor de transferencia de lactoferrina, que impide que el hierro esté disponible para las bacterias intestinales liberándolo sólo cuando los receptores específicos se unen a la transferrina, son factores importantes para aumentar la absorción del hierro. El hierro de la leche humana se absorbe en un 49%, el de la leche de vaca un 10% y el de las fórmulas enriquecidas con hierro sólo el 4%.
En los niños amamantados exclusivamente con leche materna en los primeros 6-8 meses de vida, la anemia por deficiencia de hierro es poco frecuente. Los niños amamantados por madres bien nutridas tienen suficiente hierro en sus depósitos hepáticos como para cubrir sus necesidades durante buena parte del primer año de vida. Estudios recientes han demostrado que la introducción temprana de otros alimentos en la dieta del niño amamantado altera esta absorción. También se ha demostrado que el hierro suplementario dado al lactante puede causar problemas al saturar la lactoferrina. Al disminuir su efecto bacteriostático promueve el crecimiento de gérmenes patógenos que pueden dañar y causar un sangrado en el intestino (detectado microscópicamente), suficiente como para producir una anemia por falta de hierro. Por otra parte, la adición de hierro no hemínico puede reducir la absorción de cobre y zinc.
La suplementación con hierro tiene indicación específica en caso de prematurez, bajo peso de nacimiento, sangramiento neonatal o tratamiento con eritroferesis de la poliglobulia, a partir de los 2 meses. El niño de término, sin antecedentes debe recibir hierro suplementario desde los 4 meses.
– Zinc El zinc es esencial para la estructura y funcionamiento de las enzimas y para el crecimiento e inmunidad celular. Las cantidades de zinc en la leche humana son pequeñas pero suficientes para cubrir las necesidades del niño sin alterar la absorción del hierro y del cobre. El zinc es excretado complejamente unido a una proteína. Si bien el zinc se encuentra en la leche de vaca y también en la de soya, el de la leche humana es mucho más biodisponible.
Existe un trastorno monogénico en el cual la madre tiene niveles normales de zinc pero no es capaz de excretarlo a la leche materna. Estos niños presentan lesiones dérmicas periorificiales en la zona genital y facial, resistentes al tratamiento local; posteriormente se observa menor crecimiento, diarrea e irritabilidad. El cuadro cede en dos o tres días de tratamiento con suplemento de zinc oral al niño.
La leche materna es terapéutica en casos de acrodermatitis enteropática, patología congénita con malabsorción de zinc. En estos niños el zinc de la leche materna se absorbe bien, pero no el medicamentoso o de otras fuentes dietarias, por lo que la enfermedad se manifiesta con el destete.
Elementos traza En general la concentración de estos elementos en la leche humana es adecuada, de manera que el niño alimentado al pecho presenta pocos riesgos de deficiencia o exceso de ellos.
– Cobre, Selenio
Estos elementos tienen niveles más elevados en la leche humana que en la de vaca. Se ha encontrado que los niveles de cobre son más altos en la leche de la mañana manteniéndose bastante estables, aún si la madre lo ingiere suplementariamente. También se ha evidenciado que las madres mayores y las multíparas producen leche con niveles más altos de cobre.
El selenio es un nutriente esencial para el ser humano, ya que forma parte del glutatión peroxidasa, enzima que metaboliza los peróxidos lipídicos. Los niveles de selenio de la leche humana varían ligeramente en las áreas donde los suelos son deficientes en selenio.
– Cromo, Manganeso, Aluminio La concentración de cromo es más alta en los órganos del recién nacido y declina rápidamente en los primeros años de vida. Posteriormente en el adulto la concentración de cromo es bastante estable y en la teche humana es similar a la del plasma y de la orina. El manganeso se encuentra en un 81% en el suero de la leche, un 11% en la caseína y un 8% en la porción grasa de la leche.
– Plomo y Cadmio
La ingesta dietética de plomo es mucho menor en los niños amamantados, aún cuando el agua potable consumida por la madre exceda el estándar de la OMS de 0,1 mg/100ml.
– Yodo
Puede encontrarse en pequeñas cantidades en la leche. El uso tópico de yoduros (Ej.: curaciones de la piel o mucosas de la madre) puede afectar la función tiroidea de los niños amamantados, ya que yodo se absorbe por la piel y mucosas y se concentra en la leche.
El tabaquismo reduce la excreción de yodo en la leche materna ya que los tiocianatos inhiben la bomba sodio-yodo. La reducción del yodo es directamente proporcional a la magnitud del tabaquismo, expresado en concentración de cotinina en la madre. Existe preocupación ya que éste puede ser uno de los factores que determinan las dificultades de aprendizaje en los hijos de madres con consumo de tabaco en el embarazo y/o la lactancia.
– Sodio y Potasio
Los niveles de potasio son mucho más altos que los de sodio, similares a las proporciones de los fluidos intracelulares. Los iones Na, K y Cl pueden pasar en ambas direcciones a través de la membrana de la célula láctea secretora: hacia el lumen alveolar y hacía el plasma, de manera que permanecen en equilibrio plasma-lumen alveolar.
Los niveles de sodio en la leche de vaca son 3.6 veces superior a los de la leche humana. La deshidratación hípernatrémica ha sido asociada al consumo de leche de vaca. Los niveles de electrolitos varían en el día y a medida que progresa la lactancia. Estos cambios no tienen relación con la ingesta de la madre. La restricción de sodio en la dieta de la madre no produce disminución de los niveles en la leche materna. El sodio de la leche materna aumenta cada vez que se abren las uniones estrechas del epitelio glandular como en la inflamación de la mastitis, en un nuevo embarazo, durante el destete. El aumento de sodio en la mastitis generalmente revierte en 5 días, excepcionalmente persiste si se produce un fenómeno inflamatorio crónico. Algunos niños, muy perceptivos de lo salado, rechazan el pecho durante la mastitis pero lo vuelven a aceptar posteriormente.

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Nutrición y Dietética.




Deja un comentario