Avulsiones óseas


: Las apófisis son centros de osificación secundarios que contribuyen al tamaño o al contorno de un hueso. Estos centros reciben la inserción de unidades músculo-tendinosas, las cuales al ejercer una tracción enérgica, pueden provocar la avulsión de los mismos. Este cuadro se presenta a una edad específica para cada apófisis, entre la fecha de aparición del centro de osificación secundario y la fecha de cierre de la fisis.
Los mecanismos involucrados, básicamente, son;
– Una súbita tensión muscular, generada por una enérgica contracción concéntrica o excéntrica en un intento de aceleración o desaceleración de la masa corporal, a través de una apófisis abierta, desencadenando verdaderas apofisiolisis. Este es el mecanismo prevaleciente en el futbolista.
– Un estiramiento pasivo excesivo, superando el umbral de tensión máxima fisiológica que es capaz de tolerar el centro apofisario. Mecanismo observado en la avulsión del isquión, en bailarines jóvenes.
En la etapa previa a la maduración, la placa de crecimiento es el débil nexo con el complejo músculo-tendinoso; como es cartilaginosa, para demostrar la lesión puede requerirse centellograma óseo o tomografía (T.A.C.).
A nivel de la pelvis , algunas veces no se manifiestan o no se fusionan al mismo tiempo los centros homólogos a ambos lados; en casos de traumatismo, estos centros secundarios normales unilaterales no deben confundirse con fragmentos de fractura. Tal es el caso del Os acetabuli marginal superior, el cual puede persistir como un osículo separado, unilateral o bilateral, y es posible confundirlo radiográficamente con una fractura en caso de traumatismo, o con secuestros o calcificaciones peritendinosas en casos de dolor e inflamación locales.
La mayor incidencia se observa en la espina ilíaca antero-inferior, por acción del recto anterior femoral, durante la patada; y en menor proporción en el isquión. En raras ocasiones las lesiones avulsivas de la pelvis se asocian a compromiso neurológico.
Las fracturas avulsiones de la tuberosidad anterior de la tibia pueden presentarse en deportistas con historia previa de enfermedad de Osgood Schlatter, en los que generalmente la lesión primaria muestra, una avulsión, solamente, de la porción anterior de la epífisis o del centro de osificación de la tuberosidad, o ambos; sin compromiso de la fisis (Tipo 1 de Watson-Jones). En contraste, una fractura a través de la fisis de la tuberosidad, frecuentemente comprende separación de la T.A.T. completa incluyendo la fisis desde la metáfisis subyacente; este patrón es el dominante en las disrupciones agudas, altamente incapacitantes; mientras que las relacionadas con la enfermedad de Osgood Schlatter tienden a ser crónicas y con síntomas menos invalidantes.
El tratamiento, generalmente conservador, comprende un programa de rehabilitación en cinco fases que permite reanudar la actividad deportiva en el término de cuatro a seis meses (fase 1: reposo y protección – fase 2 : incremento gradual de la movilidad de la unidad músculo-tendinosa lesionada – fase 3 : programa de resistencia progresiva – fase 4 : integración del uso de la unidad músculo-tendinosa lesionada con otros grupos musculares – fase 5 : reincorporación progresiva a la competencia).
Puede requerirse tratamiento quirúrgico, que implica reducción a cielo abierto y fijación interna de la apófisis, cuando el desplazamiento supera los dos centímetros en las avulsiones pelvianas; o en las fracturas tipo 2-3 de Watson Jones de la T.A.T., en las que el grado de desplazamiento, compromiso intraarticular, o interposición del tendón rotuliano en el foco, no permiten el manejo conservador.

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Categoría: Medicina Deportiva.




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