Un corazón roto realmente duele


El “mal de amores” ha existido a lo largo de toda la historia humana. Desde Romeo y Julieta hasta El Amor en los Tiempos del Cólera, las novelas literarias han retratado historias de amores difíciles de alcanzar o no correspondidos, sobre todo las obras del siglo XIX, época que surgió la corriente del romanticismo. Un ejemplo es el poeta y narrador español Gustavo Adolfo Bécquer, quien con sus trabajos de rimas y leyendas simples alcanzó el prestigio después de su muerte: “Los suspiros son aire, y van al aire. Las lágrimas son agua, y van al mar.
Dime mujer: cuando el amor se olvida
¿sabes tú adónde va?”

Y es que el amor, en todos sus términos, tiene un lenguaje universal que supera todas las barreras de idiomas, culturas y geografía. Un sentimiento común de angustia, distracción, tristeza, vacío, frustración, depresión e irritabilidad se apodera generalmente de las personas que han sufrido la separación o pérdida de un ser querido, ya sea de la pareja o de un familiar.

Pero, ¿es este “dolor” realmente una sensación tangible y física? Muchas veces no se le toma el peso suficiente a este tipo de afecciones, pero ahora eso podría y debería cambiar, ya que una investigación publicada recientemente en la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’ (PNAS 2011; 2011, doi:10.1073/pnas.1102693108) muestra que el rechazo social activa las mismas zonas cerebrales que el dolor físico.

Para comprobarlo, el equipo liderado por Tor Wager, de la Universidad Ann Arbor de Michigan, Estados Unidos, sometieron a 40 voluntarios a un experimento que tenía como única condición para participar, haber sufrido en los últimos seis meses una ruptura amorosa traumática.

El procedimiento consistió en observar los cerebros de los participantes mediante imágenes de resonancia magnética, mientras simultáneamente los investigadores le mostraron fotos de su ex pareja y dieron instrucciones de recordar alguna experiencia común del pasado con el ser amado. Posteriormente, compararon sus reacciones cerebrales en esta situación con la que sentían ante una experiencia física. En este caso fue una pequeña quemadura en el brazo. “Como si se derramase una taza de café caliente, doloroso pero tolerable”, explican los investigadores.

En ambos casos, su cerebro activó la misma región, como si el dolor social y el físico fuesen capaces de despertar la misma área. Específicamente se trataba del córtex secundario somatosensorial, así como la ínsula dorsal posterior, que reaccionaron activándose por igual en ambas situaciones.

Según comentó uno de los autores, Ethan Kross, “estos resultados dan una nueva idea sobre el hecho de que el rechazo social realmente duele. Este estudio confirma que hay algo más de lo que podíamos pensar inicialmente”.

El científico agregó que “descubrimos que sentimientos fuertemente inducidos de rechazo social son capaces de activar las mismas regiones cerebrales que se encienden con el dolor físico, algo que no se había observado hasta ahora con otro tipo de emociones”.

Ante esto, esperan que sus resultados ayuden a comprender cómo la sensación de pérdida social puede desencadenar auténticos síntomas físicos. Así, es de esperar que la sociedad ahora le tome el real peso que tiene el hecho de sufrir por amor.

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Categoría: Psicología y Psiquiatría.




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