El lado oscuro de la creatividad


¿Qué es realmente la creatividad?, ¿de qué se trata? y ¿cómo se manifiesta? Son, sin duda, preguntas que todavía tienen vagas y confusas respuestas, ya que este tema parece abarcar una enorme cantidad de actividades y personas. Ser creativo significa –literalmente- hacer algo que antes no existía y la creatividad es la facultad para hacerlo.

Se trataría de un proceso humano mediante el cual se tiene como resultado un producto novedoso y de utilidad para el individuo o un grupo. Los caminos de la creatividad, con frecuencia, no van en línea recta, sino que hay una serie de desvíos que otros no han seguido, porque como decía Einstein “quienes siguen los caminos que otros han trazado, sólo llegarán a donde otros ya han llegado”.

Desde la antigüedad ha sido motivo de investigación. De hecho, en la mitología griega se describió la íntima relación que existía entre los dioses antiguos, la locura y las personas creadoras, y de una manera más dramática en las luchas dionisíacas entre la violencia, la creación, la locura y la razón.

Durante la Edad Media se consolidó la idea de que la genialidad se asociaba a la patología mental y a la melancolía, que permitía al espíritu sensible manifestarse por medio de expresiones artísticas. Tanto es así que se le bautizó como “melancolía erótica” que llevaba al mundo de las ideas, concepto que perduró en el Renacimiento, cuando ser loco es era ser humano y se hizo un arte de la propia locura.

Erasmo de Rotterdam, en su Elogio a la locura, postuló que “la moira o stultitia es semejante a los dioses por los dones que distribuye. Su poder se extiende a los orígenes de la vida humana, ya que implica el placer como bien supremo, y la más elevada sabiduría se logra por el camino de la locura y no por el afán de conseguir la gloria, porque todas las pasiones humanas se hallan dentro de su reino”.

Él describió dos tipos de locura: “una que despierta guerra, muerte y destrucción y otra, más deseada, que se manifiesta como un alegre extravío de la razón y que lleva la impresión del goce. Será loco el que salga de lo común y de lo habitual, y si es un artista, mientras mayor sea su extravagancia, más aclamado será por el público”, decía.

Ya en el siglo XVII, cuando la creatividad empezó a ser abordada con los métodos de las ciencias naturales, esta máxima expresión de la potencialidad humana, se comenzó a asociar a una anormalidad mental y se llegó a pensar que en la neurofisiología era diferente entre las personas que eran creativas y las que no.

Esta idea se iría abandonando paulatinamente para dar paso a un modelo más coherente del funcionamiento mental humano: la genialidad no es una cualidad extraña, rara o extraordinaria, sino una habilidad biológica y natural.
Muchos son los estudios que, utilizando diferentes métodos de investigación, han encontrado asociaciones entre la actividad creativa y la proclividad a los estados emocionales alterados o mórbidos. La idea más común, en este sentido, es la de que durante las etapas melancólicas los artistas son extremadamente sensibles para percibir nuevas ideas que elaborarán en etapas de mayor energía.

¿Por qué sucede esto? Según las psiquiatras Modupe Akinola y Wendy Berry de la Universidad de Harvard las emociones negativas y el rechazo social “producen una poderosa introspección y pensamiento dirigido al detalle”, que tiene por fin encontrar nuevos mecanismos de solución a los problemas, lo que nos obligaría a ser más creativos.

En su estudio El lado oscuro de la creatividad: la vulnerabilidad biológica y las emociones negativas potencian la creatividad artística, la doctora Akinola recoge esta conclusión, tras realizar un experimento con sus alumnos a quienes les pidió que dieran un corto discurso sobre el trabajo de sus sueños. Separaron a los estudiantes en dos grupos. Una mitad recibió aprobaciones, mientras que la otra críticas. Luego se les entregó materiales para confeccionar un collage y artistas profesionales evaluaron su trabajo: los que recibieron más críticas crearon mejores obras que los que fueron halagados.

Esta tesis es compartida por el psicólogo Joe Forgas de la Universidad de New South Wales, quien también postuló que las emociones negativas vuelven a los seres humanos más imaginativos, pues activan el sistema de alerta.

A su juicio la melancolía y la tristeza “gatillan un estilo de pensamiento más atento y sistemático, lo que ayudaría a mejorar las estrategias para procesar la información en situaciones difíciles. Esto se produce, porque los estados de ánimo son funciones que permiten a las personas tener una señal automática del ambiente para adaptarse a él. Por eso cada estado de ánimo desencadena un estilo de pensamiento acorde con lo que la situación demanda. Y si esta situación es nueva requerirá de atención más cuidadosa y monitoreada.

Por lo que las emociones negativas activan nuestro estado de alerta con el fin que consideremos lo que estábamos ignorando y encontramos nuevas soluciones a los problemas, búsqueda que –finalmente- nos llena de nuevas ideas.

La pregunta que vale la pena formularse es si así como existe una depresión como enfermedad y una como un estado particular del alma, pasará lo mismo con los cuadros ansiosos, es decir, que junto a la angustia patológica ¿existirá también una forma de angustia que sea necesaria para la creatividad?.

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Categoría: Neurología.




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