¡Soy trabajólico!


Según un estudio publicado recientemente en Annals of Internal Medicine Journal, quienes trabajan más de 11 horas aumentan en un 67% el riesgo de padecer enfermedades cardiacas. Un dato no muy alentador considerando que, actualmente, muchas personas trabajan más de 8 horas. Esto es peor aún para los trabajólicos.

El doctor Alejandro Koppmann, jefe del Servicio de Psiquiatría de Clínica Alemana, explica que un trabajólico sería quien trabaja más de 8 horas diarias, según la clásica definición de dividir la jornada en tres (trabajo, descanso y esparcimiento o vida familiar). Sin embargo, las características de la sociedad moderna hacen de la jornada laboral prolongada casi una situación cotidiana, por lo que hoy en día no es posible definir este término en relación al número de horas diarias que se dedica a ello.

Una aproximación más acertada puede ser evaluar el impacto que puede tener el trabajo en la salud o en otros aspectos de la vida.

La idea de bienestar suele asociarse a la mantención de un equilibrio entre las distintas actividades del ser humano, ya sea trabajo, vida recreativa, vida sexual y/o afectiva, ocio, descanso, vida espiritual y actividad física, entre otras cosas. “No existe una receta en relación a qué proporción de cada una debe incluirse. Esa división se relaciona con las características de cada persona y la situación o momento de la vida que cada individuo enfrente, aunque está claro que deben estar presentes todas o la gran mayoría”, enfatiza.

El especialista agrega que si la dedicación al trabajo impacta negativamente en la salud física, emocional o en las relaciones interpersonales se puede decir que el individuo es trabajólico, ya que existe una sobreexigencia laboral autoimpuesta que no está de acuerdo con las capacidades reales, o bien que es fruto de expectativas poco realistas.

Generalmente, son personas con características rígidas y autoexigentes o necesitadas de refuerzo externo. A pesar de que las mujeres son más vulnerables a presentar síntomas adaptativos frente a sobrecarga externa, los hombres son quienes más desarrollan conductas trabajólicas debido a las características de la sociedad, su participación en el trabajo, los roles sociales y las expectativas objetivas y subjetivas que tienen.
Como consecuencia, se pueden presentar síntomas físicos, entre ellos manifestaciones cardiovasculares (hipertensión, palpitaciones, dolor en el pecho); digestivas (trastorno digestivo funcional, meteorismo, diarrea o constipación, dolor abdominal, reflujo); músculo esqueléticas (lumbago, cefalea y dolor cervical); pseudo-neurológicas (vértigo, mareos); sexuales (disminución del apetito sexual, impotencia o eyaculación precoz) y/o emocionales (ansiedad, irritabilidad, alteraciones del sueño y/o síntomas depresivos).

El doctor Koppmann aconseja consultar a un especialista cuando se presentan estos síntomas, ya sea en el individuo o en su entorno. Esto último es más difícil de asumir, ya que afecta al círculo inmediato y la persona suele tener dificultad para ver la relación entre su conducta y esos hechos.

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Psicología y Psiquiatría.




Deja un comentario