Cáncer en la tercera edad


El cáncer es conocido por ser una enfermedad del adulto mayor. Según la Encuesta Nacional de Salud 2009-2010, desde los 45 años es cuando más se diagnostican algunos tipos de cáncer, como de tiroides, próstata, piel, colon y mama. De acuerdo a la Organización Panamericana de la Salud, en Chile el año 2007 más de la mitad de los hombres que murió por una neoplasia maligna tenía entre 60 y 79 años. Lo mismo ocurre a esa edad con las mujeres. En ambos sexos, el segundo tramo con más mortalidad por esta patología es después de los 80 años.

¿Es por la edad? No directamente. Al parecer, la razón es el mayor tiempo de exposición a cancerígenos (rayos ultra violeta, hormonas, humo de cigarro), mayor susceptibilidad de las células a éstos, menor habilidad para reparar el ADN, disminución de la actividad supresora tumoral de los genes encargados y disminución de la vigilancia inmunológica, entre otros factores.

Además, muchas veces los adultos mayores descuidan la detección de algunos cánceres: “Por ejemplo, muchas mujeres dejan de hacerse el Papanicolau después de la menopausia, pero deben continuar anualmente al menos hasta los 65 años. Otras creen que ya no es necesario hacerse mamografías, cuando la recomendación es una al año mientras la expectativa de vida sea superior a cinco años”, asegura el doctor Eric Blake, jefe de la Unidad de Geriatría de la Clínica Alemana.

¿Qué diferencias en el tratamiento del cáncer hay entre personas jóvenes y adultos mayores?
Los mayores pueden tener enfermedades crónicas que hacen más peligroso un tratamiento. Patologías previas cardiacas, renales o pulmonares imponen un riesgo mayor en una cirugía o quimioterapia. Por esto, deben evaluarse más aún los potenciales beneficios versus sus riesgos.

Muchas veces, los adultos mayores prefieren no recibir el tratamiento por la avanzada edad, ¿en qué influye este factor?
Hay que tomar en cuenta la expectativa de vida al diagnosticar, sin considerar el cáncer, y en qué medida éste la disminuye. Asimismo, es necesario considerar la calidad de vida del paciente al ser diagnosticado. Si es muy limitada, con deterioro físico y/o mental marcado, se debe evaluar si será beneficioso tratar el cáncer o no.

Otro argumento para no tratarse es que “prefieren vivir bien aunque sea menos años”.
Esto obliga a plantear qué calidad de vida le espera al enfermo sin o con tratamiento. Hay veces que no se ganará mayor tiempo de vida, pero el tratamiento evitará o reducirá síntomas como dolor, convulsiones, obstrucción de alguna parte del tubo digestivo o urinario, o asfixia. Aunque hay tratamientos como la quimioterapia que pueden provocar molestias, muchas veces éstas son menores que los síntomas que causará el tumor dejado a su espontáneo desarrollo.

También es necesario considerar que no todos los tratamientos son igualmente molestos. A veces se puede proponer uno tal vez de menor efectividad, pero con menos efectos secundarios. Además, muchas veces la decisión no es tratar o no tratar, sino escoger un tratamiento personalizado, según las características del paciente y la patología.

Califica este Artículo
0 / 5 (0 votos)

Categoría: Oncología.




Deja un comentario