Diagnóstico de la enterocolitis necrosante


Cuando se considera al recién nacido con sospecha o certeza de ECN, deben satisfacerse tres objetivos diag­nósticos. Primero, el diagnóstico debe determinarse pronto en los recién nacidos con riesgo. Segundo, los neonatos con ECN deben tener un plan diagnóstico que establezca la necesidad y momento de una interven­ción quirúrgica. Tercero, los sujetos con ECN tratada, con operación o sin ella, deben vigilarse en caso que aparezcan las complicaciones de la enfermedad.

Los recién nacidos con riesgo de ECN son habitual­mente prematuros y habrán iniciado la alimentación enteral poco tiempo antes. Las manifestaciones clíni­cas iniciales son distensión abdominal, heces con prue­ba positiva para sangre, grandes volúmenes de aspira­dos gástricos y apnea. Si hay sospecha de ECN deben obtenerse radiografías abdominales con vistas antero­posterior y en decúbito. Es importante un plano en decúbito izquierdo para reconocer pequeñas cantidades de aire libre sobre el hígado. Los hallazgos radio­gráficos sugestivos son la dilatación intestinal, gas en la vena porta y neumatosis intestinal. Esta última representa hidrógeno intramural que se libera por la fermentación bacteriana. Se cree que el gas en la vena porta proviene de la absorción del gas intramu­ral hacia la circulación portal. Aunque la presencia de gas intramural se considera patognomónica de la ECN, no siempre está presente y, en las circunstancias clíni­cas adecuadas, debe iniciarse el tratamiento a pesar de su ausencia.

No existe un dato de laboratorio diagnóstico de la ECN. El conjunto de resultados del laboratorio propor­ciona al médico una impresión de la gravedad del pa­decimiento. La cuenta de leucocitos puede ser alta, normal o baja. Los valores bajos señalan sepsis, resul­tado de ECN complicada. La trombocitopenia y la aci­dosis continua también se consideran indicativos de ECN complicada.

Una vez que se establece el diagnóstico de enteroco­litis necrosante y se inicia el tratamiento médico, se obtienen radiografías de vigilancia cada seis horas. Los signos radiológicos de infarto intestinal incluyen neu­moperitoneo, líquido libre en la cavidad peritoneal, persistencia de asas dilatadas y disminución del gas intestinal con asas asimétricas.

Los hallazgos físicos indicativos de infarto intestinal incluyen celulitis de la pared abdominal, sensibilidad abdominal y tinción escrotal con meconio. Algunas veces, un paciente con ECN no muestra evidencia de perforación y, empero, no hay mejoría clínica. La ultra­sonografía y el lavado peritoneal ayudan al médico en esta situación. La ultrasonografía permite detectar las perforaciones contenidas y el líquido intraperitoneal. La aspiración con aguja para obtener líquido perito­neal también es un auxiliar diagnóstico. La obtención de líquido café y amarillo pardo con microorganismos en la tinción de Gram es muy sugestiva de gangrena intestinal.

Después del tratamiento médico o quirúrgico exito­so, el siguiente objetivo diagnóstico es detectar las com­plicaciones. La complicación más frecuente es el estre­chamiento intestinal. Esto sucede sobre todo en el co­lon, tres semanas a meses después del trata­miento. Todos los recién nacidos con ECN deben so­meterse a enema con bario antes de cerrar el estoma o abandonar el hospital. Otras complicaciones inclu­yen sepsis por hongos, estenosis del estoma, fístulas entéricas, síndrome de intestino corto, absceso hepáti­co, infección de la herida y dehiscencia de la herida.

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Categoría: Pediatría.




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