Ingestión de cáusticos en lactantes


   Las lesiones corrosivas que provocan daño conside­rable al estómago son poco frecuentes en niños, pero pueden encontrarse en caso de ingestión de ácidos o consumo abundante de sustancias alcalinas. La mayo­ría de los niños que sufren una ingestión de cáusticos es menor de cinco años. Los agentes más frecuentes son los productos alcalinos líquidos disponibles en los comercios que contienen hidróxido de sodio o hipo­clorito de sodio, con una concentración máxima de 10%. Las soluciones limpiadoras ácidas contienen con frecuencia ácido sulfúrico, ácido clorhídrico, bisulfato de sodio o ácido fluorhidrico. Los ácidos se relacionan con el 15% de las ingestiones corrosivas pediátricas y ocasionan necrosis por coagulación con formación de escara, la cual inhibe la penetración adicional del ácido. La lesión esofágica grave sólo se produce en 20% de las ingestiones de ácidos y el principal sitio de le­sión es la región prepilórica del estómago.

La valoración de la lesión inicia con el historial clí­nico y la investigación del tipo y cantidad de sustancia ingerida. Las manifestaciones de la ingestión de ácidos incluye babeo, quemaduras o eritema bucal, disfagia, ronquera y dolor abdominal subesternal o epigástrico. Si existen quemaduras bucales, 30 a 50% de los pa­cientes sufre lesiones esofágicas. Sin embargo, la au­sencia de una quemadura bucal no elimina la posibili­dad de lesión esofágica o gástrica. La endoscopia en las primeras 24 horas tras la ingestión es el método más confiable para evaluar la parte superior del tubo diges­tivo y establecer el grado lesivo.

Si se sospecha lesión de la mucosa gástrica después de la ingestión, debe iniciarse el bloqueo farmacológi­co de la producción de ácido intrínseco para minimi­zar el potencial ulcerógeno de la lesión. La presencia de dolor abdominal epigástrico sugiere una lesión mu­cosa significativa en el estómago. Aun así, son bastante raras las lesiones cáusticas que requieren una inter­vención quirúrgica aguda. El desarrollo de signos y síntomas de peritonitis aguda obligan a la exploración urgente. Puesto que tal vez sea difícil determinar la extensión final de la lesión en la situación aguda, el procedimiento quirúrgico inicial debe ser el desbrida­miento y la reparación del estómago necrótico con co­locación de sonda para gastrostomía. La ingestión de grandes cantidades de alcalinos concentrados requiere a veces una esofagogastrectomía combinada con deri­vación proximal y yeyunostomía distal para alimenta­ción. Es más frecuente que las lesiones gástricas por ácido produzcan cicatrización prepilórica, que ocasio­na obstrucción de la salida gástrica. Los niños mayo­res y los adultos toleran bien la restauración de la con­tinuidad intestinal mediante gastroduodenostomía o gastroyeyunostornía después de antrectomía.

La tercera parte se manifiesta en el periodo neonatal y más de la mitad se detecta durante el pri­mer año de edad.Las duplicaciones gástricas distales pueden simular una estenosis pilórica. Una du­plicación puede presentarse como una masa palpable en el epigastrio. Raras veces se refiere un quiste que causa hemorragia digestiva y pancreatitis.

Las duplicaciones gástricas comparten una pared muscular externa común con el estómago nativo, pero pocas veces se comunican con la luz. Las duplicacio­nes tubulares casi siempre se encuentran a lo largo de la curvatura mayor en el antro. En ciertas ocasiones se ha encontrado tejido pancreático ectópico que se co­munica con conductos pancreáticos aberrantes dentro de las duplicaciones gástricas.

Es poco probable que las radiografías abdominales simples y los estudios con medio de contraste proporcio­nen el diagnóstico. El ultrasonido o la tomografía compu­tadorizada reconocen una masa. El diagnóstico se faci­lita con la centelleografía nuclear.

El tratamiento quirúrgico depende del tamaño y lo­calización de la duplicación gástrica. La resección gástri­ca parcial o la enucleación son los procedimientos de elección. Para las lesiones tubulares, o aquellas en las que la resección afectaría el píloro o duodeno, es efec­tivo el desprendimiento del recubrimiento mucoso. En casos de duplicaciones difíciles, se practican los pro­cedimientos de drenaje interno. La excisión de un quiste también requiere a veces la resección de un lóbulo pan­creático aberrante o el drenaje de un seudoquiste.

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Categoría: Pediatría.




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