Réflujo gastroesofágico


Manifestaciones clínicas

La regurgitación es, por mucho, la manifestación más frecuente del RGE en los lactantes. Un tipo distintivo de regurgitación se activa al principio de la lactancia, casi siempre en la primera semana de vida. La regurgi­tación suele sobrevenir sin esfuerzo y ocurre durante los eructos o cuando se devuelve al lactante a su cuna después de comer. El vómito no contiene sangre ni bi­lis. Este tipo de vómito, conocido como calasia, es be­nigno, se autolimita y rara vez requiere más que el tra­tamiento más sencillo.Sin embargo, en ocasiones el vómito o regurgitación es intenso, incluso en proyectil, por lo que deben considerarse otras causas, como la estenosis pilórica. La mayoría de los lactantes con este tipo de vómito crece en forma normal y no sufre otras complicaciones. El estudio de Carré sobre la evolución natural del reflujo en los lactantes encontró que casi dos tercios ya no tenían síntomas a los dos años de edad sin tratamiento y que casi todos mejoraban antes o al momento de la introducción de alimentos sólidos.El vómito de estas características puede considerarse fisiológico y sus exigencias son mínimas en términos de diagnóstico y tratamiento.

Aun así, una cantidad considerable de lactantes con vómito desarrolla problemas significativos. Algunos no progresan y padecen desnutrición por el vómito. Otros rechazan el alimento y tal vez la deglución sea doloro­sa por la esofagitis.La irritabilidad es otro síntoma y, al igual que el rechazo al alimento, tal vez sea secunda­rio a la esofagitis y se acompaña de incomodidad. Los síntomas respiratorios son muy importantes en lactan­tes con RGE y son diversos, desde tos, sibilancias o estridor por la aspiración hasta los fenómenos respira­torios agudos que ponen en peligro la vida como la apnea y un estado fallido o cercano al síndrome de muerte súbita infantil. Puesto que es evidente que muchas manifestaciones respiratorias en los lactantes se originan en otros sitios, en particular los pulmones, es esencial identificar la relación causal entre las ma­nifestaciones y el RGE antes del tratamiento quirúrgico. Es obvio que la aspiración mayor de contenido gástrico puede ocasionar neumonía, pero este meca­nismo es raro con el RGE. Son más comunes la micro-aspiración o la acidificación de la tráquea y pueden precipitar laringospasmo o broncospasmo. La estimu­lación del ácido gástrico sobre las vías aferentes vagales en la pared esofágica también puede inducir el es­pasmo de la laringe y bronquios. Es probable que la esofagitis intensifique este mecanismo.

Ya se han estudiado los efectos del RGE en los lac­tantes prematuros con problemas respiratorios. Casi todos estos individuos se intubaron durante periodos variables por síndrome de insuficiencia respiratoria o displasia broncopulmonar. En el primer caso, el RGE era la causa del deterioro del estado pulmonar que obli­gó a la intubación. En el segundo, el deterioro del esta­do pulmonar más la falta de progreso y anorexia con­dujeron al diagnóstico de RGE. Todos mejoraron con la corrección del reflujo gastroesofágico.

En los niños, a diferencia de los lactantes, la regurgi­tación es menos frecuente y predominan los síntomas de la esofagitis, como en los adultos. Es frecuente que haya pirosis o dolor retrosternal. El dolor aumenta con los jugos ácidos y se alivia con antiácidos. Es probable que haya dolor durante la deglución. Algunos niños también se quejan de disfagia. La esofagitis puede pro­gresar hasta el estrechamiento con síntomas obstructi­vos graves además del dolor. El estudio a largo plazo de Carré con niños sin tratamiento encontró que cerca del 4% desarrollaba estrechamientos.’ Con un mejor tratamiento, esa cifra es mucho menor ahora.

El esófago de Barrett revela un trastorno por meta­plasia del epitelio escamoso de la parte inferior del esó­fago con sustitución de epitelio columnar. Se cree que la causa es la lesión crónica por reflujo del contenido gástrico al epitelio esofágico. Aunque el esófago de Barrett no suscita síntomas específicos, el problema es grave por las complicaciones potenciales de estrecha­miento, úlcera y adenocarcinoma. Más de la mitad de los niños tiene estrechamientos relacionados.Toda­vía no se define con claridad la respuesta al tratamien­to ni el riesgo de carcinoma en estos niños. Es obvio que su riesgo es alto y es indispensable el tratamiento vigoroso para controlar o erradicar el reflujo, además de la vigilancia a largo plazo.

El niño con síndrome de Sandifer coloca la cabeza, el cuello y a veces la parte superior del tronco en posi­ciones extrañas y contorsionadas. Es frecuente que haya tortícolis sin espasmo de los músculos del cuello. El cuello puede estar extendido o torcido. Los movimientos son más llamativos durante la ingestión de alimentos, pero cesan durante el sueño. Aunque este síndrome es raro, se vincula con el RGE. A causa de la distonía y las posiciones inusuales de la cabeza, cuello y espalda, en algunos niños se establece un diagnóstico erróneo de trastornos neurológicos, incluso psiquiátricos, cuan­do el problema es el RGE y la solución es el tratamien­to adecuado del reflujo.

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Categoría: Pediatría.




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